EL COMPORTAMIENTO DE LOS NIÑOS
Carlitos (nombre ficticio) es un
niño de 11 años de edad, cariñoso, muy conversador e inteligente. Le encanta
montar en bicicleta, comer en “fast foods”, correr patines y jugar con sus
amiguitos. Siempre ha sido así. Sin embargo, de repente se le observaba triste,
solo y sin deseos de jugar ni comer.
Su comportamiento había cambiado
tanto que peleaba a cada rato, se ausentaba de las clases y hasta las notas en
la escuela bajó. Un día, mientras Carlitos se encontraba solo, agachado en un
rincón luego de almorzar en el comedor de la escuela, su maestra de ciencias
intentó hablar con él para saber qué le pasaba. Inicialmente, su actitud fue
hostil y de rechazo, pero tras su insistencia, éste comenzó a llorar
desconsoladamente e intentó entre lágrimas explicar su dolor.
De hecho, entre sollozos expresó
que no quería vivir más y que nadie lo quería. Sorprendida ante lo ocurrido, la
maestra lo abrazó hasta que el niño se calmó. Un poco más tranquilo, Carlitos
se desahogó, le habló sobre sus preocupaciones y expresó todo lo que sentía
dentro de su corazón.
No sabemos en su a ciencia cierta
lo que realmente aquejaba a Carlitos, pero sí que tenía un problema que lo
agobiaba y entristecía. Sin embargo, afortunadamente su maestra de ciencias
supo escucharlo a tiempo y brindarle algunos consejos que le hicieran valorar
la vida y sentir mejor, evitando así cualquier acto que fuera en detrimento de
su salud física y emocional.
Historias como la de Carlitos
ocurren a diario en nuestra Isla. Los niños, al igual que cualquier persona
adulta, experimentan tristeza, decepción y soledad, sobre todo a medida que van
creciendo, ya que confrontan situaciones difíciles, tales como peleas con los
amigos, mejorar notas escolares, negación de permisos, situaciones con los padres
o hermanos y otras típicas de su edad.
Los niños no poseen aún las
destrezas necesarias para manejar ciertas situaciones y se desesperan;
asumiendo en ocasiones comportamientos agresivos, depresión y en el peor de los
escenarios, conductas suicidas. En la infancia los factores de riesgo debemos
detectarlos, principalmente, en el medio familiar en el que vive el menor. El
clima emocional en el cual convive es sumamente importante.
Un hogar roto, con discusiones y
peleas frecuentes entre los padres, el maltrato físico al niño o el psicológico
en forma de rechazo manifiesto y humillaciones, pueden ser un caldo de cultivo
para la realización de un acto suicida. Muchas veces, la violencia en el hogar,
el divorcio de los padres, problemas de uso de sustancias de mamá o papá,
encarcelamiento, problemas económicos, discusiones, peleas y la falta de
cuidado afectan al menor durante su crianza.
De igual forma, los problemas
escolares, sea por dificultades de aprendizaje o disciplinarios, llamadas de
atención de carácter humillante por parte de padres, madres, tutores, maestros
o cualquier figura significativa, sea en público o en privado. De hecho, cada
una de éstas, en conjunto o separadas, podría contribuir a aumentar el riesgo
de suicidio.
Por eso, es bien importante que
los padres, tutores, familiares y personal escolar a estén muy atentos al
comportamiento de los niños, de manera que se identifique a tiempo cualquier
señal de peligro que eventualmente pueda redundar en un acto de suicidio por
parte del menor. Es vital identificar a tiempo en el menor señales básicas de
peligro tales como cambios en hábitos de comer o dormir, notas deficientes y
poco interés en el trabajo escolar.
También, incapacidad para
concentrarse, cambios súbitos en el estado de ánimo y baja autoestima, repartir
objetos muy queridos y obsesión con la muerte, pérdida o ausencia de amigos o
seres significativos, miedo a la separación, así como cambios en la
personalidad.
No permitamos que situaciones
como la de Carlitos terminen en una tragedia familiar. Recordemos que hay niños
que por falta de conocimiento e inmadurez creen que la muerte es una
continuidad de la vida o que es un estado parecido al sueño, del cual pueden despertar
en algún momento.
Por tanto, si el padre, la madre,
el tutor o el personal escolar nota cambios abruptos en el menor debe buscar
ayuda inmediata para manejar la situación y evitar conductas suicidas. En
ASSMCA contamos con el Área de Servicios de Tratamiento para Niños y
Adolescentes donde pueden encontrar dicha ayuda.
FUENTE: El
Nuevo Día
