Trucos para compartir la cama con un bebé
Cuando un bebé entra en casa, los padres primerizos
somos tan ingenuos que pensamos en todo, menos en esto. Si dedicas unos
minutos a echar un vistazo a esta viñeta, seguro que sonreirás. La cama
de la pareja se convierte en una cuna para bebés, y lo que antes era un
santuario para el descanso y el placer, con la llegada el bebé, este
tesoro familiar cambia de dueño. El sueño reparador ya no es lo que era y el placer brilla por su ausencia.
Humor nocturno: ideas para compartir la cama con un bebé

¡Quiero dormir! Es el grito de guerra con el que muchos padres reivindican su sitio en la cama.
Nos acostumbramos a dormir en el palo de un gallinero, como se decía
antes, cuando nos conformamos con una esquinita en el lateral de la cama
donde sólo te puedes poner de lado porque boca arriba nos
extralimitamos de nuestro territorio, pero eso no es todo. Por si fuera
poco, además una rodilla se te clava en el costado, un pie te atraviesa
los riñones o una mano te cubre la cara, y todos los preguntamos qué
hechizo nos habrá hecho la madre naturaleza para soportar estoicamente y
con tanta paciencia esta lista interminable de "cosillas" que, un día
tras otro, no nos dejan dormir con nuestra pareja.
Si no crees que los bebés puedan poner a prueba la paciencia
de los padres, observa la primera viñeta, con ella ya he soltado la
primera carcajada. Desde luego, es una trampa para el padre que el bebé
duerma en su cama porque, en ocasiones, puede terminar irremediablemente
desplazado al sofá dando lugar a la segunda viñeta, la casita del
perro. Pero si no te has resignado a perder tu lugar de privilegio en la
cama, no te preocupes, porque tu bebé te tiene preparado un coctel de
movimientos, que cuando te levantes sabrás que has estado toda la noche
en una batidora.
No obstante, si prefieres sensaciones más fuertes, prueba
la cama del infierno y te despertarás como si acabarás de bajar de la
montaña rusa más alta del mundo. Tendrás los riñones tan destrozados
que, si has conseguido mantenerte en horizontal sin caerte de la cama,
te temblarán hasta las piernas.
Es posible que al día siguiente, después haber soportado
la noche anterior, prefieras llegar a un acuerdo con tu pareja para
cambiar posiciones, en busca de una mejora, de un bienestar al final del
tunel del terror que es la noche en vuestro dormitorio. A los pies de
la cama, no tendrás al bebé ni cerca ni al lado. Definitivamente, el rey
bebé se habrá convertido en el amo y señor del reino independiente de
tu habitación.
Entonces será cuando añores las posturas del principio y
pensarás que ha sido peor el remedio que la enfermedad. Buscarás volver a
aquella postura en la que, por lo menos, disponías de tu centímetro
cuadrado en el lateral de la cama y aunque te doliera tremendamente el
hombro, que aplastabas durante toda la noche, cuando cogias la postura,
dormías. Sin embargo, no contabas con los sobresaltos de las manitas de
jazz que, sin saber cómo y ni por dónde, aparecen, tocan tu espalda como
si fuera un piano y te hacen dar un brinco en la cama que amenaza la
buena salud de tu sensible y delicado corazón.
Y es que primero es una mano, luego una pierna y al final
tienes el cuerpo entero de tu hijo, de tu bebé del alma, literalmente
encima, tanto que te corta hasta la respiración
cuando se coloca sobre ti a modo de bufanda. Pero, si crees que ya
habías pasado por todo lo peor, sigue leyendo que aún te queda la prueba
de fuego final. ¿Qué hace tu bebé cuando está despierto? ¿Te abre un
ojo para saber cómo es? ¿Te mete el dedo en la nariz? ¿Investiga a ver
qué hay en el interior de tu boca?
Si tú también has pasado por alguna de estas situaciones, cuéntanoslo a través de nuestra página oficial en Facebook.
A veces, las frases que decimos cuando estamos mediodormidos, los
sobresaltos, los sustos, las caídas de la cama... son recuerdos
buenísimos que merece la pena de recordar con una sonrisa.
Fuente:GuiaInfantil.com