Despertar su curiosidad natural mediante el juego conlleva muchos beneficios para los pequeños
Jugar es uno de los mejores recursos para mantener a los niños pequeños activos u ocupados pero no sólo eso, sino que mientras están jugando, estimulamos su inteligencia de una manera divertida.
A través de los juegos incitamos al niño a descubrir el mundo, a interrelacionar y despertamos su interés. Esta curiosidad natural que surge en el pequeño hace que se vayan desarrollando diferentes habilidades: desarrollo psicomotriz, espacial, imaginación…
Por eso los especialistas recomiendan tener a los niños activos desde que son bien pequeños. Y es que uno de los periodos de más actividad es el que va entre los 18 meses y los 3 años de edad, ya que es en este periodo cuando empiezan a hablar y a moverse de un lado a otro.
Los mejores juegos para cada edad
Entre los nueve meses y el año y medio, es el momento ideal para que empiece a aprender conceptos relacionados con el espacio, y a coordinar sus manitas y sus ojos, por ejemplo, para coger cosas. Cuando esté en el parque puedes colgarle de las barras juguetes, cascabeles, lazos… a los que pueda llegar estirando los brazos o poniéndose de pie.
Entre el año y medio y los dos años es muy recomendable que tenga algún juguete con ruedas que pueda empujar y le sirva de «apoyo». Esto le ayudará mucho a mejorar la coordinación cuando está empezando a andar. Los juguetes que consisten en un tablero (de madera o cualquier otro material) con agujeros en los que se encajan piezas de distinta forma son también una buena idea.
Entre los dos y tres años es un momento perfecto para ayudarles a explotar al máximo su creatividad: que no le falten juguetes y puzles sencillos de construcción (siempre teniendo cuidado con los tamaños, nada que se pueda tragar o que pueda resultar peligroso), y poco a poco los padres podéis comenzar a pintar con el pequeño e ir enseñándole cómo se sujetan las pinturas, a hacer dibujos y formas sencillas…
Fuente: ABC.Es
