8/11/14

Una mujer confiesa ser adicta al embarazo

Creo que debe haber poca gente en el mundo que no cuente con algún tipo de adicción o vicio (algunos pueden ser sanos, claro), y a veces sorprenden aquellos minoritarios, por extraños o porque poca gente los tiene.

Es el caso de Tara Sawyer, una mujer británica de 37 años, que ha confesado que es adicta al embarazo y que no puede dejar de dar a luz a bebés. Es tal su adicción que ha asegurado que seguirá quedándose embarazada hasta que se "le caiga el útero".

Se siente vacía
Hasta la fecha ha dado a luz a siete niños, fruto de cinco embarazos. Según cuenta, cuando ha dado a luz, cuando ya no lleva una vida dentro, se siente vacía, deprimida, sin energía. 

Entonces siente que necesita tener de nuevo un bebé dentro, volver a gestarlo y parirlo. No es una cuestión de querer tener más hijos, sino simplemente de crear y dar vida, ya que no los está teniendo como hijos propios.

En los últimos dos años, Tara ha gestado y parido a tres niños para dos parejas homosexuales. La experiencia le ha gustado tanto que quiere seguir haciéndolo.

Muchos consideran que es una manera de hacer negocio como vientre de alquiler, dado que las leyes locales indican que debería recibir hasta 15.000 libras por los gastos derivados. Ella, sin embargo, asegura que no cobra, que no lo hace por dinero. Para ella es suficiente con poder estar embarazada.

En palabras de la misma Tara Sawyer:
Esto es muy adictivo [...] Es una gran emoción desde el momento en que la prueba de embarazo sale positiva. Es un sentimiento grandioso el poder entregarle un niño a alguien que lo desea desesperadamente, y yo me siento en mejor forma estando embarazada.

Sara tiene cuatro hijos, una niña de 14 años, un niño de 12 y dos gemelos de 4 años. Tras dar a luz a los gemelos, empezó a planear el siguiente embarazo, pues sintió la necesidad de estar embarazada de nuevo.

Ahí es donde todo comenzó, porque se quedó de nuevo embarazada de su marido, pero fue la primera niña que entregó. Según dice, era su hija, pero por ella no tenía el sentimiento de madre: "no sentí que estuviera renunciando a un bebé mío, sentí que lo estaba devolviendo a donde pertenecía".

Tras ello siguió echando de menos estar embarazada y optó por alquilar su vientre y permitir así a otras parejas formar una familia. Al parecer, es así como ella llegó a manos de sus padres adoptivos.

Su marido, Matt, le apoya en su decisión, aunque tenía dudas de si iba a ser capaz de entregar a los bebés una vez los diera a luz. Lo curioso es que, una vez los da a sus padres, empieza a sentirse triste, no por los bebés, sino por no estar ya embarazada.

Fuente: http://www.bebesymas.com
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