20/9/14

¿Cómo usar el cabestrillo portabebés de manera segura?


Los portabebés de tela se han utilizado desde hace siglos en distintas culturas para llevar al bebé cerca de nuestro cuerpo, para sentirse más unido a ellos. Pero existen ciertas recomendaciones de seguridad para utilizar el cabestrillo portabebés y que no haya riesgos para el bebé.

En los últimos años ha habido accidentes mortales relacionados con el mal uso de este tipo de portabebés, pocos, pero los suficientes para que intentemos hacerlo de la mejor manera. Es sencillo y evitamos las situaciones de riesgo.

Existen muchos tipos de portabebés, pero recordemos que estos cabestrillos se refieren principalmente a los portabebés tipo bandolera, que son de tela y no tienen cierres, sino que el portador debe anudarlos en cada uso.

En todos los casos cuando se utilicen portabebés se debe ser muy cuidadoso, sobre todo si hablamos de niños menores de 4 meses, gemelos, prematuros, niños de bajo peso al nacimiento o niños con infecciones de vías respiratorias. Ellos son los más vulnerables y existen más posibilidades de accidentes.

El principal accidente asociado con portabebés es la sofocación a los lactantes en los primeros meses, es decir, los bebés no pueden respirar correctamente y se puede llegar a la asfixia. Esto puede suceder por compresión en la nariz y la boca del lactante contra el cuerpo del adulto.

También es posible que, debido a la debilidad de los músculos del cuello en los primeros meses, si la cabeza del lactante se gira hacia delante puede provocar que la barbilla descienda hasta tocar el pecho, quedando restringida la vía aérea y limitando el aporte de oxígeno. Lo mismo sucede si se tapa con la tela la cara del bebé, cuando este puede volver a respirar su propio aire.

Entonces, ¿cómo usar el cabestrillo portabebés de manera segura? El Comité de Seguridad y Prevención de Lesiones no intencionadas en la Infancia de la Asociación española de Pediatría establece unos consejos de uso de los cabestrillos portabebés y evitar bloquear la respiración del bebé:

La cara del niño debe permanecer siempre visible.

Vigilar con frecuencia su postura.

Vigilar que el niño respira libremente.

Evitar que la cara se apoye contra el cuerpo del adulto.

No utilizar este sistema de transporte en un vehículo (en coche debemos utilizar el sistema de retención adecuado).

Utilizar siempre sistemas portabebés apropiados para el peso y la edad del bebé.

Se debe comprobar diariamente la tela, las costuras, la presencia de pliegues y los broches o cremalleras del artilugio.

No se debe utilizar el cabestrillo si se van a practicar determinadas actividades que acarreen riesgo de caídas (subir laderas, montar a caballo, montar en bicicleta, patinar, etc.)

Evitar zonas deslizantes que puedan ocasionar caídas.

En el caso de los portabebés de espalda, comprobar que el niño no puede coger cosas peligrosas.

No cocinar con el niño puesto en el portabebés, por el riesgo de quemaduras.

En definitiva, lo que hemos de procurar es que las vías aéreas del bebé estén siempre despejadas y no portearlos si vamos a cocinar o practicar alguna actividad de riesgo. 

Además, os recordamos que en el caso de las mochilas ergonómicas, no hay que llevar al bebé mirando hacia fuera según recomiendan los pediatras.

Esperamos que estos consejos para llevar a vuestro bebé en el cabestrillo de forma segura os sean de utilidad, os resulte cómodo y juntos disfrutéis de este porteo tan agradable.

Fuente: http://www.bebesymas.com
Leer más: http://www.bebesymas.com/consejos/como-usar-el-cabestrillo-portabebes-de-manera-segura 

19/9/14

¿Cómo saber cuándo tiene hambre el bebé?: si llora es que llegas tarde


Hace unos años no había demasiado problema a la hora de alimentar a los bebés porque existía una regla que, más o menos, servía para todos los niños: darles de comer cada tres horas.

Esta regla ya no sirve. No sigue vigente. No tiene sentido. Se les daba cada tres horas porque la mayoría tomaban leche artificial y coincide que la digestión de un biberón de leche de fórmula tiende a durar ese tiempo y no pedían antes. La leche materna, en cambio, se digiere en una hora y media (90 minutos) y lo normal en un bebé amamantado es que haga más tomas que los niños de biberón.

Como el tiempo en los niños de leche materna no hay que tenerlo en cuenta, porque cuando maman no siempre se llenan (con el biberón los padres controlan el tiempo y la cantidad que toman, pero con el pecho no), se dice que hay que darles de comer a demanda, cuando pidan. El problema es que, si no miramos el reloj y tenemos que esperar a que tenga hambre, ¿como podemos saber cuándo tienen hambre? Porque cuando lloran estamos llegando tarde.

Si llora es que llegas tarde
Con el llanto los bebés nos dicen que están sufriendo, que hay algo que no va nada bien. Imaginad esos momentos en que tenéis un hambre voraz y no conseguís comida por ninguna parte, ni sabéis cuándo podréis comer. Lo digo porque eso es lo que ellos sienten.

Nosotros cuando tenemos un poco de hambre no nos quejamos demasiado. Sabemos que falta poco para comer o cogemos cualquier cosa para "matar el gusanillo" y aguantar hasta el momento de la comida. Ellos, sin embargo, empiezan a quejarse cuando tienen un poco de hambre y, si no les damos de comer, se quejan cada vez más, hasta que llega un momento en el que lloran y lloran de desespero, porque no saben si podrán comer y el hambre les molesta muchísimo.

Ese "empezar a quejarse", que equivale a cuando nosotros pedimos la comida en el restaurante, se da cuando abre la boca, hace algún sonido o mueve la cabeza como buscando la comida. Si pasa el rato y la comida no llega, empieza a moverse más, a hacer más sonidos con la boca en forma de quejidos (como cuando va a echar a llorar, pero todavía no arranca) y a llevarse la mano a la boca. Equivaldría al momento en el que, sentado en la mesa del restaurante, no dejas de mirar al camarero por si el plato que lleva es el tuyo.

Si tampoco en ese momento se le da de mamar, el bebé empieza entonces a llorar, a agitarse y a ponerse rojo del desespero. Es el punto en el que te quejas al camarero del servicio porque ha pasado un buen rato y no han traído nada de comida. Es decir, cuando ya es tarde.

Tarde, y es cuando muchas madres van
Es ya tarde y resulta que son muchas las madres que no dan el pecho a sus hijos hasta que llora. Tarde, porque el bebe está nervioso, pone las manos entre su boca y el pecho, como tratando de cogerlo para llevárselo a la boca, pero sin conseguirlo por no ser lo suficientemente hábil, hasta el punto que las manos, en vez de ayudar, molestan.

Tarde porque está tan enfadado que de tanto llorar le cuesta cogerse bien al pecho. Tarde porque cuando por fin mama resulta que con el llanto ha tragado no sé cuánto aire y está inquieto toda la toma hasta que por fin puede echar un eructo. Tarde porque tiene tanta hambre que se coge enseguida, no abre la boca lo suficiente, se agarra al pezón, en vez de a la areola, hace daño y produce grietas.

Vamos a verlo de un modo más gráfico
Corre por internet un documento del gobierno de Queensland, en Australia, donde muestran cuáles son los signos de hambre que debemos tener en cuenta en los bebés. Son los que ya hemos comentado, pero viéndolo en la siguiente imagen lo veréis más claro:




Como veis, cuando el bebé llega al tercer punto hay que tratar de poner remedio antes de darle de comer. Es decir, hay que calmarle para evitar todos los posibles problemas que he comentado. Para ello hay que cogerle en brazos, hablarle, mecerle, hacer piel con piel y, cuando notamos que está un poco más tranquilo, darle de comer.

Por eso no hay que mirar el reloj. Por eso no hay que controlar tres horas, ni hora y media, ni dos horas, ni nada. El bebé pide comida cuando tiene hambre, y cuando pide, tiene que recibirla. No tiene más misterio. Se le llama alimentación a demanda y, curiosamente, funciona mejor que cuando somos nosotros, los padres, los que tratamos de controlar las tomas.

¿Y si no toma pecho, sino biberón?
Puede suceder que un bebé tome biberón, y no pecho, y que entonces parezca tener más sentido lo de darle de comer cada tres horas. Sin duda, tiene más lógica que hacerlo si toma pecho, pero no deja de ser un error. En más de una ocasión me he encontrado con padres que me explican que el bebé empieza a pedir comida a las dos horas de haber tomado el biberón anterior y que lo tienen esperando entre media hora y una hora hasta que toca el siguiente.

Lo mecen, le dan el chupete, lo intentan engañar con otras cosas y hacen lo que pueden para llegar a las tres horas. Un sufrimiento absurdo e innecesario para el bebé y para los padres, que se quedan tremendamente aliviados cuando les digo que no, que no lo hagan así, que el biberón también se da a demanda. ¿También? Claro, ¿no habíamos quedado en que al bebé hay que darle cuando tiene hambre y no cuando creemos que tiene hambre?

Fuente: http://www.bebesymas.com
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18/9/14

¿Sabías que la tecnología de los pañales actuales proviene de la NASA?


Cuando nosotros éramos pequeños los pañales desechables ya existían, pero muchos de nuestros padres no los utilizaban porque el precio era elevado. Yo y mis hermanos, de hecho, usábamos una especie de compresa absorbente con un plástico que se anudaba a los lados.

Poco a poco los pañales desechables fueron bajando de precio y su uso se fue extendiendo y masificando, a la vez que su tecnología iba mejorando. La curiosidad del asunto, y lo que hoy vamos a comentar es: ¿sabías que esa mejora, que los componentes de los pañales actuales, provienen de la NASA?

Todo empezó en los años 80
En la década de los 80 la NASA empezó a investigar cómo controlar las lógicas necesidades de los astronautas en aquellos momentos en que no podían hacer uso de los sistemas destinados a ello, es decir, en el despegue, en el aterrizaje y en los momentos en que salen al espacio. La solución que encontraron fueron unos pañales tipo pantalón de ciclista que incluía un material llamado poliacrilato de sodio.

Este material es un polvo blanco que tiene la capacidad de absorber unas 300 veces su peso en agua. Al entrar en contacto con agua, o en el caso de los pañales, con orina, la absorbe generando una especia de gelatina. Como la capa que contiene el polvo está en medio de otras capas, la gelatina queda aislada de la piel del bebé y la humedad ahora es mucho menor que años atrás, cuando los pañales eran combinaciones de celulosa y algodón.

Si queréis ver en directo el funcionamiento de este polímero os recomiendo este vídeo de YouTube (u otros, ya que hay muchos ejemplos, basta con que hagáis una búsqueda con las palabras poliacrilato de sodio)

Pero la NASA no pensó en la contaminación
Los pañales son superabsorbentes. Los culitos de nuestros hijos están más secos que nunca, pero no es oro todo lo que reluce. Los pañales actuales, con los componentes que se utilizan ahora, tardan en degradarse siglos. Esto es un problema para nuestras generaciones futuras, que tendrán que lidiar con toneladas de material en los vertederos (dicen que el 4% de lo que ahí llega son pañales).

Posibles soluciones llevan años escuchándose, ya que hay empresas que están viendo en tal cantidad de pañales una posibilidad de futuro. Hablo de la posibilidad de descomponer los pañales en todas sus partes y hacer uso de ellas para diferentes finalidades.

Mientras llega ese momento, como alternativas, tenemos los pañales de tela o los pañales desechables biodegradables, que tardan 100 veces menos en degradarse que los otros, es decir, unos 4 o 5 años.

¿Qué secreto nos deparará la NASA?
No sabemos si la NASA estará investigando para mejorar todavía más su tecnología, pero seguro que si lo hace los pañales de bebé mejorarán también.

En los últimos años hemos pasado a ver pañales de bebé con componentes superabsorbentes mucho más delgados y menos molestos para los bebés. Algunos tan delgados que quedan demasiado "tiesos", propiciando fugas de pipí. Vamos, que en la búsqueda del confort están perdiendo eficacia, porque de nada sirve que sean cómodos si luego se mojan los pantalones.

En cualquier caso es curioso, muy curioso, que nuestros hijos estén haciendo uso de tecnología de la NASA, ¿no?

Fuente: http://www.bebesymas.com
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17/9/14

Fibromialgia y SFC en niños: la importancia del diagnóstico y de permitir la expresión emocional

Ambas forman parte de un grupo de enfermedades que tienen una denominación común (Enfermedades de Sensibilización Central), y además de las manifestaciones físicas que las acompañan, tienen consecuencias psicológicas y emocionales marcadas.

En ambos casos conseguir un diagnóstico certero puede ser complicado, puesto que la sintomatología se confunde con otras enfermedades, además de que al tratarse de dolencias emergentes, su estudio está rodeado de bastantes dificultades. Por otra parte, como comentábamos en este post, suele darse un enfoque tendencioso hacia ‘lo psicológico’ de su origen, llegando algunos profesionales a negarlas, o dificultar su reconocimiento.

Hablemos sobre la Fibromialgia
Los niños que la padecen alertan sobre dolor muscular generalizado, que suele ser de tipo ‘sordo’, aunque según leemos en Kids Health, en ocasiones llega a ser punzante o pulsátil. En el cuerpo de las personas enfermas se localizan más frecuentemente una serie de puntos dolorosos, cuya intensidad aumenta al ser presionados (cabe recordar aquí que el dolor nunca se asociará con un estado saludable, aunque para llegar a él medie la presión).

La fibromialgia es crónica, si bien la sintomatología asociada puede no manifestarse de forma continuada. Fatiga, problemas para dormir, problemas de memoria, ansiedad, dolores de cabeza… también forman parte del sufrimiento de niños o adultos con fibromialgia.

Aun a riesgo de reiterar, la parte más compleja cuando un niño o adolescente se ve afectado por fibromialgia, es dar con un profesional de la salud que sepa reconocer los síntomas, o que sepa cómo encarar las pruebas diagnósticas y el posterior tratamiento. Si es más complicado en la edad pediátrica es porque es importante saber controlar los síntomas, y ello resulta más fácil con la madurez

¿Qué hay de los tratamientos?
Si un pediatra sabe a qué se enfrenta, indicará la necesidad de llevar una alimentación saludable, realizar regularmente actividad física y dormir las horas suficientes. La fibromialgia cursa con dolor y rigidez, y en ese sentido los analgésicos ayudan en el alivio del dolor, pero aunque se trate de aquellos para los que no es necesaria receta, se debe consultar previamente al médico.

Si a los adultos les va bien, a los niños también: hay disciplinas como el yoga y el taichí que alivian el estrés producido por el dolor constante; también son útiles los masajes y los ejercicios de respiración.

SFC: un síndrome incapacitante
En 2011, Pediatrics publicó un estudio de un equipo médico coordinado por el doctor Nijhof (médico en el Hospital Infantil Wilhelmina en Utrecht / Países Bajos). En él estimaba una prevalencia de 111 adolescentes por cada 100.000, con una incidencia anual de 12 por 100.000 niños. Realizaba una aproximación en base a la que uno de cada 900 adolescentes es susceptible de desarrollar SFC. Por lo tanto, aunque se habla de una mejor recuperación de los menores en comparación a los adultos, no deja de ser preocupante.

Tiene componente físicos y psicológicos o emocionales, lo cual derivará entre otras cosas, en pérdida de interés en sus actividades habituales, y dificultades en las relaciones sociales. Como la fibromialgia, afecta a más chicas que chicos.

Los Centros de control y prevención de enfermedades en Estados Unidos, establecen dos criterios médicos para facilitar el diagnóstico:

Fatiga inexplicable de seis meses (o más) de duración, sin causa evidente. A los afectados les es muy difícil levantarse y realizar acciones sencillas como vestirse, no digamos ya ir al Instituto, o realizar actividades que requieran más concentración como tocar un instrumento. El SFC no mejora reposando o durmiendo.

Si aparecen además cuatro o más de los siguientes síntomas combinados con el anterior criterio, consulta con el pediatra: 

Problemas de concentración y memoria a corto plazo
Dolor de garganta
Ganglios linfáticos inflamados y dolorosos al tacto
Dolor muscular
Dolor articular en ausencia de inflamación o enrojecimiento
Dolor de cabeza más fuerte o distinto del habitual
Sueño reparador (es decir, no sentirse descansado ni siquiera después de dormir)
Cansancio o agotamiento que dura más de 24 horas después de hacer ejercicio físico

Un buen diagnóstico y la aplicación de las terapias adecuadas serán necesarios para conseguir una mejor calidad de vida. Pero recordad siempre que son aspectos a determinar por el pediatra, aunque para ello tengáis que consultar varias opiniones. Esta entrada es informativa, y su principal objetivo es llamar la atención sobre unas enfermedades que hace 20 años provocaban la ironía del entorno, y hoy siguen acompañadas de incomprensión y dificultades.

¿Una o varias causas?
Se cree que son enfermedades multicausales, y hemos oído hablar sobre la respuesta corporal a ciertos acontecimientos como infecciones o lesiones. Puede también que haya factores genéticos involucrados, y ciertas afecciones relacionadas con el sistema inmunitario (como las alergias) también computan como posibles causas. Se ha investigado hasta sobre la hipotensión que padecen algunas personas son Síndrome de Fatiga Crónica…

Pero a mí me gustaría recordad que Robert Cabré, que lleva varios años estudiando el tema, insiste en considerar como causa la exposición a contaminantes, que además ha sido investigada de forma exhaustiva. Al mismo tiempo nos invita a abandonar la causalidad relacionada con traumas infantiles, que en opinión de este profesional resulta ser un concepto de lo más arcaico.

Tanto en el caso de la fibromialgia, como en el síndrome de fatiga crónica, es muy importante la atención a la expresión de las emociones, y facilitar que el menor entre en contacto con otros con el mismo problema, sin que por ello deba abandonar las actividades habituales que pueda realizar. Para cumplir esta función existen asociaciones de ámbito local o nacional a las que poder consultar.

Fuente: http://www.pequesymas.com
Leer más: http://www.pequesymas.com/enfermedades-cronicas/fibromialgia-y-sfc-en-ninos-la-importancia-del-diagnostico-y-de-permitir-la-expresion-emocional 

16/9/14

El lado oscuro de la lactancia


Cuando hablamos de lactancia, nos llegan a la mente imágenes de madres y bebés en perfecta armonía y la paz que rebosa esa imagen te embriaga. Tu quieres algo así, quieres esa conexión mágica con tu bebé, quieres esa felicidad, quieres ser ella.

Esto es lo que nos llevan vendiendo desde hace años. Que esos momentos con tu hijo son mágicos, y realmente lo son, si todo va bien claro. Pero, ¿qué pasa si no salen las cosa como creemos? ¿Qué hay en el lado oscuro de la lactancia?

Han pasado ya nueve meses de gestación que han finalizado en un parto (más o menos largo) y por fin estás con tu bebé en brazos, puedes verle, sentirle, olerle. Una nueva vida ha comenzado, ya eres madre y un cúmulo de hormonas y sentimientos desbordados recorren tu cuerpo.

Ahora tienes una nueva responsabilidad, la de seguir alimentando a tu bebé y eso haces, lo pones al pecho, es un acto natural, el sabe cómo hacerlo y tu instinto debería guiarte, has imaginado cientos de veces este momento.

Pero pasan los días y algo no va bien, algo no está saliendo como se su pone que debería salir, ¿qué sucede? ¿Por qué a ti no te funciona? ¿Por qué tu no eres feliz si se supone que deberías serlo?

La idealización de un acto natural
Tenemos claro que hemos llegado hasta aquí gracias a la lactancia materna, somos mamíferos y estamos programados desde el nacimiento para hacer simplemente eso, mamar. Es un acto natural grabado a fuego en nuestros genes y como tal, lo normal, como cualquier proceso natural, es que todo vaya bien. Pero no siempre tiene por qué ir bien, como todo proceso que sucede en la naturaleza no es perfecto y puede fallar. Y si, esta vez te ha tocado a ti.

Sin embargo, en vez de ser conscientes que pueden presentarse problemas, hemos idealizado la lactancia hasta llevarlo a límites peligrosos. Hemos interiorizado que la lactancia debe ser un momento de felicidad. No voy a negar que haya una conexión especial entre madre e hijo y que para muchas madres sean momentos de pura felicidad. Pero lo que es maravilloso para muchas no tiene por qué serlo para otras.

Se supone que tu leche es capaz de alimentar por si sola y sin suplementos externos a tu hijo.
Se supone que la naturaleza es sabia y que tanto tú como tu hijo "sabéis" cómo se tiene que hacer.

Se supone que en respuesta a la succión del bebé se liberan un conjunto de hormonas que producen una sensación de bienestar y felicidad.

Se supone que como madre debes ser capaz de hacer posible todo lo anterior, que debes sacrificarte por tu bebé.

Se supone...

Qué pasa cuando todo lo que debería ir bien, sale mal
¿Qué sucede cuando tu hijo no coge el peso suficiente? ¿Qué sucede cuando tus pezones se agrietan y dar de mamar se convierte en un calvario? ¿Qué sucede cuando las horas se hacen días y las noches eternas? ¿Cuándo en vez de sentir amor en esos momentos sientes obligación? ¿Qué pasa cuando tu hijo sólo quiere estar al pecho? ¿Qué pasa cuando simplemente no hay ningún problema con la lactancia pero tú no eres feliz?
no siempre todo sale bien

Todo lo anterior puede dar al traste con la lactancia y hacer que se abandone, puede convertirla en un verdadero infierno, y por mucho que intenten convencernos, ninguna mujer debería pasar por semejante calvario.

Muchas veces, cuando el problema sólo confiere a la madre, como grietas, mastitis, falta de sueño o depresión, tendemos a hacerlo pasar como un proceso más asociado a lactancia. Quizás la falta de sueño si lo sea y poco podamos hacer al respecto salvo volvernos aves nocturnas, pero las otras causas si son tratables y en muchos casos tienen solución. El problema es que en muchos casos se desconocen los medios para tratar esos problemas o simplemente no están a nuestro alcance.

Las consultoras certificadas en lactancia materna o grupos de lactancia pueden ayudar con la mayoría de problemas físicos asociados a la lactancia, grietas, dolores de espalda, en los pechos, así como resolver muchas de las dudas que nos preocupan. Muchos de los dolores derivados de la lactancia son por malas posturas a la hora de dar de mamar o por un mal "enganche" al pezón que un asesor de lactancia puede corregir.

Los pediatras y los psicólogos pueden también ayudar a las madres con problemas. Hemos visto como una depresión postparto puede afectar en la relación de una madre con su hijo. Porque una parte importante para el desarrollo del bebé es la leche materna, pero otra muy importante es el estado emocional de su madre, que en muchos de estos casos es la gran olvidada.

El sentimiento de culpa
Es tal la presión ejercida por la sociedad actual sobre las madres, que el hecho de tener que verse obligadas a abandonar la lactancia materna o de no haber sido capaces de implantarla con éxito genera un sentimiento de culpa muy difícil de superar en algunos casos.

Algunas mujeres sienten como un fracaso como madre el no haber conseguido una lactancia materna satisfactoria.

Las críticas por parte de ciertos sectores de la sociedad, que ven el abandono de la lactancia como una falta se sacrificio por parte de la madre, sin conocer siquiera la historia que hay detrás de cada fracaso, carga de más dolor algo que ya de por si no es nada grato para ninguna mujer.

Los mitos sobre la lactancia materna
No se puede amamantar a gemelos, o con grietas y frenillo, si el niño se duerme con la teta nunca volverá a dormirse sin ella (hay miles de asociaciones para tratar las adicciones a la teta), durante los primeros días tu leche no es suficiente, no tengo suficiente leche, las tomas deben estar espaciadas por al menos X horas, tras una cesárea la leche tarda más en subir
Y también tenemos mitos creados por los "fans" de la lactancia materna: Los bebés amamantados no enferman, la leche materna es buena,lo mejor que le puedes dar a tu bebé, pero no es un líquido milagroso (aunque a veces lo parezca) y lo que ofrece es una "cierta protección extra" pero no una inmunidad total.

Los bebés amamantados no necesitan vacunarse. Pues lo siento, lo necesitan como cualquier otro.

Mientras dura la lactancia la madre no puede quedarse embarazada. Esto es sólo una verdad a medias y mejor no tentar a la suerte.

Y si no le doy lactancia materna a mi hijo. Soy una mala madre

Vamos a dejar una cosa clara, la leche materna es lo mejor que le podemos dar a nuestro hijo, es algo que se ha demostrado y que no se pone en duda, pero la leche artificial no es que sea mala, no es el demonio ni le va a salir una oreja más a tu hijo si le alimentas así, simplemente no es igual de buena pero tu hijo va a poder ser un niño sano con ella.

Parece que ahora esté de moda para unos la lactancia materna y para los otros la lactancia artificial. Vamos a ver, esto no son unos vaqueros o una camisa de cuadros que cambie de un año para otro. Estamos hablando de la alimentación y desarrollo de nuestros hijos, dejemos la moda para lo que está. Moda sería si por ejemplo ahora hubiera que tatuarse un pecho o se usaran biberones con leds.

Dejemos de judgar a la primera de cambio sin conocer qué historia hay detrás. Ser padres ya es suficientemente complicado, pero ser madre los primeros meses lo es mucho más aún. Intentemos ayudar en vez de criticar.

Según mi punto de vista, el proceso debería ser el siguiente:
Intento dar lo mejor a mi hijo y empiezo con la lactancia materna. Si hay algún problema intento solucionarlo, si no se puede pasamos al plan B, sin traumas y sin sentirnos peores madres, lo hemos intentado y no ha podido ser. Ahora lo importante es que nosotros y nuestro hijo seamos felices. Pero deberíamos evitar pasar directamente al paso B.

Creo que se debería tener más en cuenta el estado emocional de la madre, sobre todo los primeros meses y dotar a los centros de salud de personal especializado para ello.

También ayudaría el normalizar un acto natural como es dar el pecho y evitar que esto sea tema de discusión de tertulias.

Fuente: http://www.bebesymas.com
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15/9/14

Mi niño se ha tragado un chicle: ¿Y ahora qué?


Nunca ha probado un chicle, pero te lo pide porque te ha visto mascar y mascar y él también quiere. "Ten cuidado, no te lo tragues... cuando no quieras más, me lo dices", le explicas. Se lo mete en la boca, empieza a masticarlo, empieza a notar cómo le llega el sabor y, como tú haces, lo va masticando y pasando de un lado a otro de la boca.

Pasan los minutos, te das cuenta de que ha entendido enseguida cómo funciona el tema. Lo único que hay que hacer es esperar a que diga que no quiere más para cogerlo de su boca. 

Sin embargo, de repente te das cuenta de que no mueve la boca. No dejas de mirarle esperando que haga una mordida más. Pero ésta no llega. Corres a mirar su boca, se la abres y te das cuenta de que el chicle ya no está. Miras alrededor, buscas en el suelo, pero no aparece por ninguna parte. "¿Te lo has tragado? ¡Dime!". Asiente con la cabeza. Tu piel pierde color de repente, has oído cosas terribles, sobre todo cuando eras pequeño, de niños que se comían chicles y les pasaban cosas. No sabes qué cosas, pero algo les pasaba. Entonces te dices a ti mismo: "Mi niño se ha tragado un chicle: ¿y ahora qué?"

Empiezas a pensar qué hacer, si provocarle el vómito, si coger al niño en volandas y correr a urgencias, si llamar a tu pareja para explicárselo, sabiendo que se va a enfadar un montón porque parece que todo lo malo que le pasa al niño le pasa cuando está contigo.

Piensa, rápido. "¿Qué hace el cuerpo con las cosas que no absorbe? Las elimina y punto. Pero no, no puede ser, porque he oído que un chicle puede permanecer años en el cuerpo. ¡Eso debe ser muy peligroso!".

Un chicle se va tal como vino, no se queda
He dicho "piensa". El cuerpo, cuando recibe cosas que no absorbe, las elimina. El estómago no es capaz de disolver o descomponer un chicle. Pero tampoco creas que se preocupa mucho por ello. Si ha entrado y no hay posibilidad de destruirlo o aprovecharlo lo expulsa. Mediante el tránsito intestinal se va transportando hacia al exterior para ser eliminado en la siguiente deposición. Vamos, que entra por la boca y sale por la caca.

¿Y no se queda el chicle pegado a las paredes?
Este debe ser el mayor temor de todos, que el chicle se quede pegado a las paredes del estómago, en el intestino o en algún sitio del cuerpo donde no debería estar. Pero no, esto no sucede. No se queda pegado.

Sí hay un riesgo, sí hay que tener cuidado, si un niño traga una gran cantidad de chicles (si cree que son caramelos), pues hay más probabilidades de que se produzca un tapón o bloqueo en alguna zona. Incluso puede suceder, y es aún más peligroso, si junto al chicle traga otras cosas que tampoco se digieren, como alguna moneda o similar.

¿Entonces no son peligrosos?
Por norma general no, pero tampoco es que sea algo que uno tenga que ir tragándose todos los días, porque ni está creado para ese fin, ni el cuerpo sabe qué hacer con ello y tiene que andar siempre eliminándolo. Digamos que un niño no debería comer chicle hasta que sea capaz de utilizarlo bien, es decir, escupiéndolo cuando se ha aburrido de él. Hasta entonces, si nos dan un susto como el comentado arriba, tranquilos. Por si acaso, por lo comentado, intentad que no lleguen a ellos e intentad, sobre todo, que no cojan uno de esos envases en los que vienen decenas de chicles, pues si empiezan a comerlos uno tras otro, el riesgo de bloqueo es evidente.

Fuente: http://www.bebesymas.com
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14/9/14

"No me digas lo que no puedo hacer, dime lo que sí puedo hacer"


Antes de tener hijos tenía muchas dudas sobre el que sería mi papel de padre porque no sabía si sería capaz de educarles bien, de ser firme en mis decisiones y de saber decirles que "No" siempre que hiciera falta. Acostumbrado a ver a padres y madres con el "No" siempre en la boca y a niños que parecían insensibles a esos "No", no podía imaginar esas situaciones en las que haría falta algo más para conseguir el cambio de actitud de un niño, porque claro, si no te hace caso al "No", ¿qué es lo siguiente, castigarles? ¿Y si se recochinean de tu castigo, qué es lo siguiente?

Una vez ya fui padre, a medida que mi hijo iba creciendo, observé que los "No" no suelen gustar a los niños, porque enfrentas su decisión de hacer algo que para ellos tiene un interés especial (su curiosidad les hace querer hacer o tocar cosas sin pensar en las posibles consecuencias), pero me di cuenta de que después del "No" no tiene por qué venir otro "No" más enérgico, ni un castigo, ni un cachete, sino que lo que puede y suele funcionar es un "Sí". 

Ahora lo explico, porque me parece clave en la educación de los hijos y es la mar de sencillo. Si nuestros hijos hablaran y pudieran decirnos cómo salir victoriosos de la espiral de negatividad que antes os explicaba nos dirían: "Mamá, papá, no me digáis lo que no puedo hacer, decidme lo que sí puedo hacer".

La espiral del "No, el "NO" y lo que sigue
Tu hijo está haciendo algo que no te gusta, algo que es peligroso o algo que en según qué lugares le dejarías hacer, pero en según qué otros, no. Porque si vives en el campo o estás de vacaciones, gritar, chillar, cantar y saltar es algo normal y parte del juego de la libertad, pero si estás en comunidad y son las diez de la noche, o si estás en un hospital o un lugar donde se requiere silencio, pues no se puede hacer.

Le dices que "No", que no haga eso y le explicas la consecuencia si lo sigue haciendo: "te puedes hacer daño", "estás molestando a la gente", "otro día no podremos venir", "no puedes tocarlo porque no es nuestro", etc. Puede suceder que te haga caso pero, si hablamos de niños pequeños, que aún no entienden del todo lo que les explicamos ni tienen la capacidad de pensar más allá y razonar las consecuencias de cada uno de sus actos, lo más probable es que no nos hagan caso y sigan en sus trece, haciendo lo mismo que estaban haciendo.

Entonces es cuando ya viene el "NO", ese tan tajante que ya te pones serio, frunces el ceño y busca que la acción se detenga porque no hay lugar a la negociación. ¿Funciona? A veces sí, a veces no. Seguro que como padres os habéis visto en más de una vez en esa tesitura, con el "No", con el "NO" siguiente y dándoos cuenta de que no estáis consiguiendo demasiado. Seguro que habéis visto a otros padres y madres igual, cansados de decir "No" y "NO", sin lograr demasiado. Suspirando pensando en el momento en que crezcan y entiendan bien sus palabras y motivaciones, pero inmersos en la espiral de negatividad en que después de un "No" y un "NO" debe venir algo más.

A veces lo único que hay son un "No" tras otro. Y ves al niño haciendo lo que le place y al padre detrás, como si fuera un guardaespaldas, vigilando, no al niño, sino a lo que rodea al niño, para que no rompa nada, no toque nada que no deba tocar y no haga nada de lo que haya luego que arrepentirse. En ese momento no hablamos de un padre educador, sino de un vigilante reductor de daños que sigue el ritmo que marca su hijo.

¿Siguiendo el ritmo que marca el niño?
Sí, así es, y suena tan mal como tiene que sonar. Me explico. No pasa nada si les seguimos el juego cuando lo que hacen es inofensivo. Los niños pueden marcar muchas veces las reglas y no hay mayor problema en ello. Ceder nosotros es una buena manera de enseñarles que ellos también tienen que ceder en alguna ocasión. Pero hablo de un modo de vivir en el que los sucesos no son conflictivos para ellos ni para nosotros. Hablo de juegos, del día a día, de elecciones por parte de ellos que no revisten ningún peligro ni problema.

Ahora bien, ¿qué pasa si hablamos de otra cosa? Porque si el niño está haciendo algo que no nos gusta, si seguimos el ritmo que nos marca pero nos sentimos mal haciéndolo, si vemos que están molestando a alguien pero no somos capaces de parar la situación, entonces tenemos un problema. No estamos siendo buenos educadores y estamos perdiendo la autoridad.

Pasa entonces lo que está pasando en muchas casas, que los niños llevan el timón porque sus padres no son capaces de manejar el barco, que se cae en la permisividad y que los niños no tienen muy claro qué pueden y deben hacer, hasta dónde pueden llegar y hasta dónde no y que los padres viven en el conflicto de no querer o no saber cómo manejar la situación, inmersos en esos "No" que no llevan a ninguna parte.

El "No" que no sirve
Y es que el "No", si se usa mucho, se desgasta. Se desgasta porque unos días dices "No", luego "NO" y sigues hasta que detiene la acción, pero otros días, según que esté haciendo, dices "No" y ahí se queda, el niño sigue pero tú ya decides pasar porque "mira, tú, no me hace caso, que haga lo que quiera". O no sirve porque el niño tiene claro lo que quiere y por más "No" que le digas, él sigue en sus trece de hacer aquello que le apetece.

Cambiar el "NO" por un "Sí"
Una de piratas con nuestros hijos

Si hay algo que nos diferencia de nuestros hijos pequeños es nuestra experiencia y nuestra inteligencia. Por ahí anda también nuestra creatividad, bastante mermada y oxidada porque en la infancia acabaron rápidamente con ella, pero por ahí anda aún y, si sabemos cómo tirar de ella, nos puede ser muy útil.

Es absurdo entrar en la espiral de negatividad de los niños y esperar continuamente a ver qué es lo próximo que se les ocurre para ir detrás a decirles que "No, esto tampoco... y no, tampoco... y esto tampoco". Porque al final parece que no pueden hacer nada porque todo lo que se les ocurre, lo divertido, no lo pueden hacer en ese momento. Pues si te ves cayendo en esa trampa, ¿por qué no haces uso de tu experiencia, tu inteligencia y tu creatividad? No le digas lo que no puede hacer, dile lo que sí puede hacer. Dale una alternativa. Elige tú lo siguiente a hacer. Ofrécele un juego. Inventa algo. Retrocede unas décadas y ponte a su nivel para imaginar qué puede divertirle.

En más de una ocasión me he visto con mis hijos y otros niños, viendo como empiezan a hacer cosas que no deberían hacer (lo del hospital, cuando vas a ver a algún enfermo es muy típico, porque se aburren y empiezan a inventar juegos y liarla en la habitación y pasillos), y al ver a los otros padres caer en el "No" continuo, sin solucionar nada, en modo "vigilante reductor de daños", he tenido que intervenir, poner cara de "lo que vamos a hacer ahora es increíble" e inventar algún juego para decirles lo que ahí sí pueden hacer: "no podemos correr por los pasillos, pero sí podemos jugar a ser espías". Y empezar así con un juego en el que cada niño debe vigilar unas puertas determinadas, mientras avanzamos sin que los demás sepan que somos espías.

Y también me he visto siendo un Jedi camuflado, junto con mis jóvenes aprendices, disimulando después de ver a Darth Vader unos metros más allá (sin que Darth Vader sepa que lo es, claro), pensando cuál es la siguiente estrategia a llevar a cabo para acabar con el Imperio.

Y he sido también un pirata, un pirata ladrón camuflado entre el gentío tratando de explicar con poca suerte, mientras guardo rápidamente a mi loro imaginario, por qué yo y los que me acompañan somos los que vienen a arreglar algo, o los médicos, o unos científicos inventores y que lo último que venimos a hacer es robar.

Y cuando han sido más pequeños simplemente he ofrecido una alternativa, un juego menos elaborado, un "desviar la atención", un "vamos a ver qué hay allí" o un "te cambio tu cuchillo afilado y puntiagudo por esto otro, mucho más chulo". Porque arrancar de las manos algo a alguien es terrible para él, un robo en toda regla de algo que le gusta, pero no es tan malo si lo que haces es un trueque y resulta que con el cambio sale ganando (o como mínimo sale despistado).

Así que, como veis, he sido muchos personajes y ellos también lo han sido. Y así los niños han dejado de hacer eso que tanto molestaba a los demás, que era peligroso o que a mí no me gustaba que hicieran o tocaran. Así, tan fácil, diciéndoles lo que sí pueden hacer sin entrar en esa absurda espiral de decir continuamente lo que un niño no puede hacer.

Fuente: http://www.bebesymas.com
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