28/7/14

Las grasas son importantes en la dieta infantil: aprende a evitar su consumo inadecuado

Reconozco que el tema de las grasas en alimentación es un poco complejo, y sería muy fácil confundir conceptos. Por eso, a la vez que os presento este Decálogo sobre las grasas en la alimentación de niños y adolescentes, intentaré aclarar un poco cuáles son las grasas que podemos encontrar en los alimentos (por si me dejo algo, en el punto 2.- del documento mencionado hay una explicación a la que os remito).

Las grasas son alimentos que actúan como combustible, y pueden encuadrarse dentro de los grupos de alimentos energéticos y plásticos (a la vez). No todas ellas son útiles, y además algunas son perjudiciales. Empecemos por las grasas insaturadas: monoinsaturadas (en el aceite de oliva, frutos secos, huevo…) y poliinsaturadas - u Omega 6 / 3 - (legumbres, pescados, leche…); son protectoras de las arterias, por lo que podríamos considerarlas grasas útiles.

Encontramos también diferentes alimentos con grasas saturadas (mantequilla, queso, helados, carnes grasas, cremas) que conllevan el riesgo de acumulación de colesterol en las arterias. De todas las grasas, parece que las grasas trans, tienen peor fama, porque contienen muchos ácidos transgrasos, siendo peligrosas para la salud del corazón y las arterias. Entre ellas encontramos alimentos procesados, mantequillas, alimentos fritos, …

Dicho esto, me queda adelantar algunos puntos del Decálogo mencionado (lo tenéis aquí completo), y animaros a implantar una alimentación saludable y equilibrada en vuestros hogares, por el bien de todos.

Las grasas son un componente importante en la dieta humana, pues proporcionan energía, pero también son clave en varias funciones biológicas, incluidos el crecimiento y el desarrollo. Los lípidos son el principio inmediato más energético (9 kcal/g), por lo que su consumo es fundamental a lo largo de toda la edad pediátrica, especialmente en los periodos de rápido crecimiento: los 2-3 primeros años de vida y la adolescencia. Más del 90% de las grasas de la dieta son triglicéridos.

Los lípidos son importantes tanto por su aporte calórico como por su función en la prevención de las enfermedades crónicas más prevalentes.

Es preferible utilizar aceites vegetales, especialmente de oliva. Y en caso de consumir grasas untables escoger margarinas ya que son ricas en grasas poliinsaturadas y actualmente no son fuente de grasas trans, o las grasas de origen animal.

Según datos de consumo en nuestro medio, la ingesta de grasa total en la población pediátrica española es adecuada cuantitativamente hasta los 3 años, y es algo superior a lo recomendado en escolares y adolescentes. Sin embargo, existen grupos de población que consumen claramente por encima de estas recomendaciones, proporcionando un alto aporte calórico y aumentando el riesgo de obesidad.

El exceso de consumo, o la ingesta desequilibrada de grasas, puede ser perjudicial para la salud. Para adecuar la cantidad de grasa de la dieta se deben hacer las siguientes recomendaciones prácticas:

1.- Eliminar la grasa visible de las carnes.

2.- Consumir pollo sin piel.

3.- Disminuir el consumo de embutidos, utilizando siempre los más magros.

4.- Valorar recomendar el uso de leche semidesnatada a partir de los 2 años
.
5.- Para aumentar la calidad de la grasa de la dieta las recomendaciones prácticas son: aumentar el consumo de pescado a 3-4 veces a la semana si es blanco, y al menos a 2 veces a la semana si es azul; utilizar aceites vegetales, especialmente de oliva; en caso de consumir grasas untables, escoger margarinas, ya que son ricas en grasas poliinsaturadas y actualmente no son fuente de grasas trans o grasas de origen animal; utilizar formas culinarias sencillas: hervido, plancha y horno.

Los fritos, aunque contribuyen aumentar el contenido calórico de los alimentos, pueden utilizarse si es con aceite de oliva con una fritura a alta temperatura y de poco tiempo

En el último punto del Decálogo, nos cuentan desde la Asociación Española de Pediatría que las grasas (o lípidos) son parte importante de la alimentación, como fuente calórica y por tener efectos preventivos de enfermedades crónicas. Es verdad que los pediatras en las revisiones de rutinas, deben ofrecer las pautas para evitar el exceso de algunos alimentos y promover la alimentación saludable, pero en definitiva, somos los padres los que debemos disponer de una información veraz, para poner en práctica cuando cocinemos o preparemos alimentos para los niños.

Por eso, no dudéis en consultar al médico si necesitáis información sobre alimentación infantil, pero tampoco lo hagáis cuando tengáis que eliminar o reducir determinados alimentos de la dieta de vuestros hijos. Habíamos hablado sobre el exceso de proteínas, y acerca de los problemas que puede ocasionar el consumo desproporcionado de azúcar, en principio asimilar toda esta información puede parecer difícil, pero sólo lo será hasta que los hábitos estén instaurados, mientras tanto, mucha persistencia y dedicación.

Fuente: http://www.pequesymas.com
Leer más: http://www.pequesymas.com/nutricion/las-grasas-son-importantes-en-la-dieta-infantil-aprende-a-evitar-su-consumo-inadecuado 

27/7/14

¿Nos comprometemos en evitar los riesgos asociados al medio acuático?

Este post va de prevención de ahogamientos por inmersión, y va también de reflexiones entorno a la seguridad en los entornos de baño. Abordaré de pasada temas que hemos apuntado otros años, e introduciré novedades que quizás nos puedan servir para situar nuestro papel como adultos en la evitación de accidentes en menores.

Como sabéis, los ahogamientos son la tercera causa de muerte por traumatismo no intencional en el mundo (en algunos países y en el grupo de edad entre uno y 14 años son la segunda causa); y suponen un siete por ciento de las muertes relacionadas con traumatismos. 

El riesgo es mayor en niños (menores de cinco y chicos a partir de los 9/10 años), así como en personas que tienen fácil acceso al agua.

Hasta aquí nada que no sepamos, si además revisamos documentación como este Decálogo de Seguridad Infantil en Piscinas, o los consejos para prevenir ahogamientos o lesiones en el medio acuático, podríamos decir que ya lo sabemos todo… ¿o no? Efectivamente, no es que quede mucho más por saber, es que es necesario aumentar la conciencia, tener claros los límites a imponer a los menores, y asumir nuestro papel educativo. Por ejemplo, hace unos días una niña de 12 años tuvo que ser ingresada en la UCI de un Hospital de Girona, porque durante la visita con el colegio a un parque acuático, participó en un ‘juego’ consistente en aguantar bajo el agua el máximo tiempo posible.

Como consecuencia sufrió un paro cardiorrespiratorio, y si no llega a ser por sus compañeros que vieron que no salía, quizás el socorrista no la hubiera sacado ‘a tiempo del agua’
No he puesto entre interrogantes la palabra ‘juego’ porque yo también he jugado a eso de niña, eso sí, en mi grupo de amigos jamás existió competición, ni se alentaba a permanecer más que los demás bajo el agua… a la más mínima incomodidad salías del agua y no pasaba nada, ni nadie te incordiaba por haber resistido menos. Parece que hoy en día, en esto de los comportamientos arriesgados hay un componente marcadísimo de presión grupal, que hace creer a niños con poca capacidad de imponer su propia decisión (por edad) que deben seguir ‘a pie juntillas’ las ideas de los demás; y no digo que ocurriera así, yo no estaba presente.

Sin embargo estoy convencida de que de lo que pasó en Girona no tiene la culpa nadie (ni la niña, ni sus amigos, ni los profesores, ni los padres, ni los socorristas…), eso sí, vale más que hablemos con nuestros hijos sobre lo que son comportamientos arriesgados, y sobre lo que los amigos ‘tienen derecho’ a exigirnos; más vale también que les hagamos entender que una relación de amistad se debe basar en la libertad, porque si no es así estamos hablando de otro tipo de relación. Es decir no tiene la culpa nadie pero o cambiamos nuestra percepción del riesgo y nuestro modelo de relación, o no podemos hacer prevención.

Llega el verano, llegan los ahogamientos
La niña afortunadamente sobrevivió, pero unos días antes ya habíamos asistido por las noticias al ahogamiento de un niño más pequeño que falleció, un drama familiar que debería ser un drama social. Un solo caso nos debe hacer reaccionar, un solo caso que no debería haber ocurrido, un solo caso que cambia para siempre la vida de hermanos, padres, tíos, abuelos, amigos, vecinos, compañeros…

Hay otras ideas relacionadas con el agua, que desde mi punto de vista son erróneas, repito desde mi punto de vista:

En las piscinas está prohibido el acceso de menores de 14 años sin acompañamiento adulto; pero en algunas piscinas se establece formalmente un sistema de autorización escrita de los padres para que niños más pequeños puedan acceder; de esta forma si sucede algún imprevisto, el establecimiento y Ayuntamiento quedan exentos de responsabilidad.

Quizás no seáis de mi opinión, pero no entiendo para qué se establece la norma si después nos la saltamos, además un socorrista no es un cuidador de niños que aún no son adolescentes, ni tiene por qué estar dándoles consejos que deberían provenir de los padres.

Además no tiene la misma fuerza física para ‘salir airoso’ de una ahogadilla un niño de 10 años que uno de 14 o de 15, además creo que la piscina no es un lugar al que puedan ir solos. Sabéis que soy partidaria de que los niños adquieran autonomía y se les permita realizar ciertos desplazamientos a solas, ¡pero ir solos a la piscina no!, con nosotros o el padre del amigo, con el tío, con nuestra amiga…

Que nuestro hijo haya ido a un curso de natación, no quiere decir que sepa defenderse en el agua, ni que nosotros podamos dedicarnos a enviar mensajes en lugar de mirarle (esto está basado en un caso real que presencié, es más, a la niña en cuestión tuvo que ir a rescatarla el socorrista de la playa).

Las normas de seguridad están para respetarlas: ¿verdad que no es necesario bañarnos con bandera roja? ¿es que no hay más días en el verano?; por otra parte si el cartel de la piscina dice que no se corre por el borde será por algo, no es que hayan querido llenar espacio en el papel, es que en una piscina pública hay mucha gente y más riesgo de resbalones, colisiones…

El agua no es el medio natural del ser humano, podemos movernos en ella ‘como pez en el agua’, pero no somos peces, que no se nos olvide, porque los mamíferos tienen pulmones que necesitan oxígeno para realizar la función respiratoria. O sea al agua hay que tenerle respeto, miedo no, porque transmitir este sentimiento a los niños no es conveniente y no les permite progresar, pero respeto basado en el sentido común sí.

¿Nos bañamos de noche?, hombre pues si es una piscina particular y estamos todos (niños y adultos) y en el exterior hay buena iluminación, y los niños tienen claro que siempre que se quieran bañar deben avisar (mejor aún es que el resiento esté vallado y cerrado cuando no se utiliza), no digo que no, puesto que puede ser divertido. No alentaría esta práctica en la playa o una piscina pública (con las comunitarias tengo algunas dudas).

Fiestas en la piscina: a veces para inaugurar o cerrar la temporada se hacen fiestas, sería aconsejable que igual que los padres debemos tener cuidado con ello, los organizadores recogieran todos los juguetes y elementos de flotación que se han utilizado para los juegos; y ¡por favor! ¡no organicéis fiestas con castillos hinchables dentro del agua! (de verdad que lo he visto) ¿es que nadie ha pensado que debajo del suelo pueden llegar buceando niños que después no sepan salir?

En general subestimamos el problema que suponen los ahogamientos por inmersión
Prevenir incidentes, sesiones y ahogamientos

En playas, ríos, pantanos, piscinas, se pueden seguir estas pautas indicadas por la Federación de Consumidores Independientes, en su última campaña de concienciación. He considerado importante incluir solo aquellas que no repetían las anteriores recomendaciones.
Seguir las indicaciones de los propios socorristas y las señalizaciones de la playa, como las banderas, pueden evitar también accidentes fatales. La verde significa apto para el baño, amarillo precaución y el rojo prohibición.

Nadar en paralelo a la costa y no hacia el fondo cuando estemos en la playa, no entrar de forma brusca al agua para prevenir cortes de digestión y mantener la calma ante situaciones de alerta son otras de las recomendaciones que trasladarán a los bañistas.

Los menores deben avisar a los padres o cuidadores cuando se vayan a meter en el agua y siempre que se pueda bañarse acompañados. Si los niños no saben nadar deben usar chaleco salvavidas si se meten en el agua o van a estar jugando cerca de ella, chaleco que es obligatorio en el caso de practicar algún deporte acuático.

En el caso de piscinas privadas, la mejor medida de seguridad es el cercado perimetral de la piscina, con una altura de 1,2 metros de altura, como forma de aislarla de la vivienda.
Bañarse de noche o después de haber bebido alcohol es otra inconsciencia ya que la ingesta de alcohol disminuye la capacidad de reacción ante el peligro y si ocurriera algo nadie podría verte.  

Los bañistas no deben lanzarse al agua en zonas desconocidas, con poca profundidad, desde una altura elevada o donde pueda haber obstáculos como piedras.

Así, antes de sumergirse es necesario comprobar la profundidad del agua y evitar bucear o saltar en aguas turbias donde pueden no ser visibles otros nadadores y objetos. En caso de querer zambullirse en el agua debe primero introducirse lentamente de pie varias veces comprobando que la profundidad sea de al menos 1,5 metros

Riesgos: no sólo ahogamientos
Son riesgos cuya evitación corresponde a los responsables de la instalación, pero está bien saberlo por conocer las condiciones que podemos exigir, el documento completo lo podéis encontrar en el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo.

Riesgo de caída al mismo nivel y a distinto nivel, debido a la circulación con suelos mojados (zonas húmedas) y la frecuente presencia y utilización de rampas y escaleras. Para eliminarlo o reducirlo, las superficies deben ser antideslizantes, evitarse la formación de charcos e instalar barandillas en caso de desniveles, rampas o escaleras.

Riesgo de golpes: para evitarlo son recomendables las acciones siguientes: el color de alrededor de la piscina debe resaltar con el del vaso, el fondo de la piscina debe tener señales de color que lo hagan fácilmente visible en caso de zambullida. De cara a los usuarios, se debe establecer un reglamento interno de utilización, evitando, por ejemplo zambullidas no seguras que pueden causar colisiones entre bañistas; es recomendable establecer calles rápidas y lentas así como prohibir juegos con balones u otro material que pueda impactar.

Riesgo de atrapamiento: está relacionado con la circulación de agua y las aberturas o impulsores existentes.

Para evitarlo, se deberán instalar sistemas de protección y rejillas con diámetro de luz no superior los 8 mm, mientras que la presión de succión en la superficie de desagüe no deberá sobrepasar las 3 m.c.a

Riesgo eléctrico. Electrocuciones: el material eléctrico debe estar seleccionado en función de las características del local y la instalación eléctrica debe cumplir con el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión (RD 842/2002) en su conjunto y, especialmente, en aquellas instrucciones que se refieran a las características específicas del ambiente de las piscinas.

Riesgo por agentes biológicos: la contaminación biológica en una piscina está directamente relacionada con tres parámetros; el nivel de cloro libre en el agua, las condiciones de uso de la piscina, el estado de salud y el nivel higiénico de los usuarios.

El control de la contaminación debe basarse en los dos primeros parámetros.

Ahora es un buen momento para recuperar todas estas reflexiones que propongo en la primera parte del post, y para obrar en consecuencia, porque el verano deja de ser divertido si nuestros hijos están expuestos a accidentes evitables.

Fuente: http://www.pequesymas.com
Leer más: http://www.pequesymas.com/accidentes/nos-comprometemos-en-evitar-los-riesgos-asociados-al-medio-acuatico 

26/7/14

Facilita a tus hijos la práctica deportiva


Sabemos que el ejercicio es fundamental para una vida más saludable, sobre todo para los más pequeños. Pero ¿nos esforzamos lo suficiente por que nuestros hijos practiquen actividad física habitual? A veces parece más complicado de lo que es, por eso os damos algunos consejos para conseguir que vuestros niños estén en forma.

Lo que tenemos que hacer es facilitarles la práctica deportiva, porque desde que son pequeños se amoldan a nuevas experiencias y lo que para ellos son juegos (y hemos de hacérselo ver así).

Las oportunidades y medios que les demos a nuestros niños para que sean activos no necesitan grandes desembolsos económicos, tan solo ganas de pasarlo bien mediante hábitos saludables y si es junto a ellos, en familia, mejor que mejor. ¿O es que no nos viene bien a nosotros ponernos en forma?

Por lo tanto que les facilitemos esas oportunidades depende de nuestro interés, aunque tanto el resto de la familia, como los cuidadores o el entorno escolar deberían ser conscientes de la importancia que este tema tiene para nosotros, y de esta manera contribuir también a facilitar la práctica de actividad física de otras maneras complementarias.

Empezamos por la necesaria motivación, ya que difícilmente obtendremos beneficios o algún resultado positivo de un niño desmotivado frente a la actividad física. Al niño tiene que apetecerle hacer ejercicio, practicar un juego activo o un deporte.

Además, hemos de transmitirles un mensaje claro, que evidentemente tenemos que creernos nosotros antes: la actividad física y la dieta sana como parte de nuestro estilo de vida son muy valiosos y que contribuyen a que vivamos una vida plena. Por pequeños que sean, cuando empiezan a adquirir el lenguaje están preparados para que les hablemos sobre el tema, a su nivel.

Los regalos con los que sorprendemos a nuestros hijos en cada etapa pueden estar encaminados al ejercicio, a que practiquen juegos activos o deportes (por ejemplo, estas navidades pasadas os dimos algunas ideas de juguetes para moverse. Con unos patines, una pelota, un balón, una bicicleta, una comba... estamos fomentando el juego activo. Si el niño tiene a su disposición todos estos juguetes y no solo, por poner un ejemplo, videojuegos y muñecos, será más fácil que se aficione a moverse, a estar activo, a dejar el sofá para poner a trabajar el cuerpo al tiempo que se divierten.

Niños deportistas y sanos
Cuando les ayudemos a distribuir su tiempo (siempre con cierta laxitud, ya tendrán tiempo de horarios rígidos cuando sean adultos), no olvidemos incluir en el horario tiempo para la actividad física, junto a otros momentos importantes (comidas, deberes en su caso, colegio, lectura...). Estos juegos activos casan muy bien con el tiempo de descanso, de ocio.

Al hilo de lo que acabamos de comentar, hay que poner atención y no convertir los momentos de ocio, que han de ser relajados y divertidos para el niño, en extraescolares obligatorias. Es decir, si al niño la actividad extraescolar (de judo, futbito, natación, patinaje...) le parece un juego divertido y la asume con ganas, estupendo. Pero no pretendamos que nuestro hijo se beneficie de las ventajas del deporte con una extraescolar para la que no está preparado o a la que se siente obligado a ir. Las actividades extraescolares hay que tomarlas en su justa medida, porque si bien es cierto que cuando desciende el número de niños que las practican aumentan los casos de sobrepeso en la población infantil, en exceso o mal escogidas pueden provocar estrés, desmotivación... y en definitiva el efecto contrario al que sería deseable.

En nuestro tiempo de ocio, llevemos a los niños a lugares seguros para que corran, salten, jueguen con la pelota... El parque, las afueras, el campo son algunos de los lugares en los que los juegos activos son posibles. En verano, con las vacaciones, aprovecha para hacer ejercicio en familia.

Interésate por las condiciones de uso de los polideportivos, sus horarios, precios... o de las instalaciones escolares fuera del horario de actividades organizadas, por si es posible hacer uso de ellas. Reivindica, junto a los vecinos de tu localidad, unos precios asumibles o la gratuidad del uso de esas instalaciones.

Hay que informarse en el ayuntamiento de las posibilidades que existen cerca de nuestro domicilio para practicar actividades físicas, recreativas y deportivas, y compartir esta información con los niños por si existe alguna en la que tenga especial interés. Facilítale, en ese caso, la inscripción y asistencia regular.

Pequeños gestos también ayudan a que los peques estén más sanos: id andando al colegio, al parque o a la biblioteca, a hacer la compra... Subid las escaleras en lugar de coger el ascensor.

A veces es complicado sacar de nuestra agenda diaria más horas para llevar y traer a los niños a hacer sus deportes. Pero, ¿has pensado si dedicas tú mismo tiempo al ejercicio? Tal vez convenga pensar que el tiempo en el que nosotros corremos, nadamos o vamos al gimnasio es un tiempo muy valioso para compartir con los niños y el ejercicio o los juegos podemos hacerlos juntos. En otras ocasiones es más complicado, por ejemplo si necesitamos nadar sí o sí y nuestro hijo es pequeño; pero el caso es pensar que nuestro ejercicio no está reñido con el de los niños. Desde que son bebés podemos hacer ejercicio juntos y cuando crecen las posibilidades de que nos acompañen (o nosotros les acompañemos a ellos) se amplían. Si en tu caso resulta que no dedicas nada de tiempo a hacer ejercicio, es algo que hay que cambiar. Difícilmente nuestros hijos entenderán la importancia de la actividad física si no ven nuestro ejemplo (además, nuestro cuerpo también lo agradecerá, el sedentarismo no es bueno para nadie).

Viste a los niños con ropas cómodas que les permitan jugar libremente, si que tengan miedo a las manchas (forman parte del aprendizaje, como dice el anuncio) y tened un par o dos de zapatillas deportivas. Es importante que los pequeños se sientan cómodos (al tiempo que seguros) cuando practican algún deporte o juego activo. Si al pequeño le gusta practicar algún deporte que necesite equipamiento, infórmate de las facilidades para comprar el traje o material necesario y si existen dificultades para conseguirlo todo con el presupuesto familiar, pide a los familiares o amigos que esos sean los regalos cuando llega el cumpleaños, navidad...

En definitiva, podemos hacer muchas cosas para facilitarles a nuestros hijos la práctica física y deportiva y de este modo conseguir que estén más sanos. El desarrollo físico avanza a pasos agigantados a tan tiernas edades, pero recuerda que el desarrollo mental sigue los mismos avances y el ejercicio también les ayuda a estar "sanos por dentro", a ser más felices.

Fuente: http://www.bebesymas.com
Leer más: http://www.bebesymas.com/consejos/facilita-a-tus-hijos-la-practica-deportiva 

25/7/14

El tiempo de calidad y la cantidad de tiempo


Hace ya tiempo que no oigo por boca de psicólogos, pediatras, pedagogos y otros profesionales la teoría que dice que para criar a un hijo, con treinta minutos al día es suficiente, si el tiempo que pasamos con él es de calidad. No de boca de ellos, pero sí lo sigo oyendo de boca de personas de a pie, padres y madres, convencidos (quizás auto-convencidos) de que lo normal o lógico es eso, pasar media hora con nuestro hijo, muy intensa a nivel de relación, esperando que con eso hayamos hecho todo el trabajo.

Esos treinta minutos, o el tiempo que sea, es lo que se conoce como “tiempo de calidad”, que al parecer es mejor que “la cantidad de tiempo”, con que se refieren a pasar horas y horas con el niño estando por otras cosas, como comprar, cocinar, limpiar, recoger, etc. Ahora bien, ¿de verdad la “cantidad de tiempo” es peor que el “tiempo de calidad”? Dicho de otro modo: ¿no será mejor estar muchas horas aunque no estemos al cien por cien con nuestro hijo, que pasar media hora muy intensa con él?

Ni sí, ni no, ni todo lo contrario
La respuesta es un depende. Y es un depende porque ante todo quiero huir de los dos extremos, porque hay matices en unos y otros que pueden no hacer del todo mala ninguna de las situaciones, o hacerla mala, malísima.

Para empezar, decir que con 30 minutos tenemos a un hijo criado es absurdo, tanto, que yo lo elevo a insulto a la inteligencia. Sé que lo han dicho muchos “expertos”, que probablemente seguirán pensando que es así. Sé que muchos padres se lo han creído y se acuestan cada noche tranquilos sabiendo que han pasado media hora con sus hijos. Yo no me lo creí, como muchos otros padres, porque media hora al día es muy poco tiempo para hacer cualquier cosa. Imaginad una relación de pareja en que solo os podáis ver 30 minutos diarios. Imaginad estudiar una carrera con 30 minutos diarios. Imaginad iniciar un nuevo proyecto, el más importante de vuestras vidas, con 30 minutos diarios. Imaginad que tenéis un trabajo al que vais 30 minutos diarios.

No, no se puede pretender educar a un niño con treinta minutos al día, que es una de las cosas más difíciles que hay, porque los niños no solo aprenden de lo que escuchan, sino que aprenden también, y sobre todo, por lo que ven. Sentarnos con ellos 30 minutos y contarles cuentos, o jugar, o hacer puzzles, o escuchar lo que nos tienen que decir o explicarles lo que les tenemos que contar es nada comparado con lo que los niños en realidad necesitan, que es empaparse de nuestras vidas.

¿Pero, por qué treinta minutos?
Ahora bien, huyendo un poco de la absurda teoría de los treinta minutos, si me dijerais que hablamos de una hora un día, dos horas otro, cinco horas otro día, diez los fines de semana, media hora otro día, etc., pues ya no digo nada. Si todo ese tiempo es más o menos intenso, estando con ellos y por ellos, alternando con algo de “cantidad de tiempo” cuando hay más horas, seguro que podríamos criar a un niño perfectamente.

Pero claro, ya nos estaríamos yendo un poco de la teoría de los 30 minutos, que los “expertos” imagino que idearon para convencerse a sí mismos de que lo que hicieron con sus hijos estuvo bien, viéndoles pequeños ratitos cada día y cediendo su educación y sus vidas a terceras personas y que no dejan de repetir para que los padres de ahora, que tienen la necesidad de trabajar los dos para vivir, no se quejen demasiado por no poder pasar más tiempo con sus hijos.

La cantidad de tiempo
En contraposición al “tiempo de calidad” se sitúa la “cantidad de tiempo”, tener al niño en casa sin ir a la guardería y que el niño haga en gran parte nuestra vida: ir a comprar, estar con él mientras hacemos la comida, recogemos la casa, si hablamos por teléfono, si estamos viendo la tele, si… todo esto se considera tiempo de “no calidad”, porque no estamos específicamente por ellos.

Sin embargo, los niños tienen que compartir también este tiempo con nosotros porque es mentira que sea tiempo de no calidad. Mentira porque mientras hacemos, ellos miran. Vamos a comprar y observan qué hacemos, cómo lo hacemos, las palabras que decimos, cómo saludamos y nos responden, cómo damos las gracias y nos las dan a nosotros, cómo pagamos y nos dan el cambio. Están en casa y nos ven poner la ropa dentro de la lavadora, recogerla, doblarla. Nos ven hacer la comida, manejar los cacharros, ponerlo todo en platos, decir “¡A comer!”, fregar los platos o meterlos en el lavaplatos. Nos ven…

Y todo eso para ellos es aprendizaje. Si no ya me diréis (o que me digan los de “con 30 minutos es suficiente”), cómo puede ser que mi hijo de 2 años (y la mayoría de niños de dos años) oiga nuestro “¡A comer!” y vaya a sus hermanos a decirles lo mismo, cómo puede ser que hable por teléfono con todo el mundo y con nadie, cómo puede ser que diga gracias sin que le hayamos dicho eso de “¿Qué se dice? Grraaaaciiiaaaasss”, cómo puede ser que se quite el pañal y lo tire a la basura, sin que le hayamos explicado que se tira ahí, cómo puede ser que meta la ropa en el cubo de la ropa sin que le hayamos leído el cuento “La tortuguita que no sabía que la ropa va al cubo de la ropa” y tantas otras cosas que hace simplemente porque nos ve hacerlas.

Es más, incluso cuando no le estamos ofreciendo nada que hacer, eso es tiempo de calidad, porque en esos momentos en que un niño no sabe qué hacer su mente se pone en marcha para empezar a imaginar o decidir qué hacer a continuación. En un mundo en el que se pasan el día haciendo lo que les decimos que tienen que hacer, todo con un horario, que los niños tengan tiempo para el juego libre es un lujo que deberíamos valorar más.

Pero, ¿y si la madre o el padre pasa olímpicamente del niño?
Claro, podemos irnos al extremo: la madre o el padre que están con sus hijos todo el día pero que se los llevan a todas partes porque no hay más remedio, pasando olímpicamente de los niños, sin dirigirles apenas la palabra. Estamos todos de acuerdo en que no es lo ideal, ¿verdad? Pero como digo, huyo de este extremo porque parto de la base de que los padres tienen interés por educar a sus hijos.

¿Cuál es, entonces, el ideal?
Yo lo tengo clarísimo, la “cantidad de tiempo” con parte de “tiempo de calidad”. Es decir, pasar con el niño cuanto más rato mejor, sin necesidad de estar constantemente haciendo actividades para él. Un rato sí, claro, que a los niños les encanta jugar con nosotros (y a nosotros con ellos), contando cuentos, haciendo puzzles y jugando a lo que le guste, pero el resto, el resto debe ser la vida cotidiana, el día a día, hablar con él, explicarle dónde vamos, contarle lo que vamos a hacer, y así ir pasando los minutos y las horas con él. No veo mejor manera de enseñarle a vivir, ni de que aprenda a vivir.

Y son buenos incluso los momentos en que nuestros hijos están en una habitación, haciendo lo que sea, y nosotros en otra habitación, haciendo lo que sea. Mucha gente dice “qué absurdo, el niño está solo”, pero es mentira. Es mentira porque aunque en ese momento están solos, saben que están acompañados, y que no te necesite ahora mismo no quiere decir que dentro de media hora no quiera estar contigo. Además, a mí me gusta más estar solo, pero acompañado, que estar solo, en una casa vacía. Parece lo mismo, pero no lo es. Y para los niños tampoco.

Fuente: http://www.bebesymas.com
Leer más: http://www.bebesymas.com/ser-padres/el-tiempo-de-calidad-y-la-cantidad-de-tiempo 

24/7/14

¿En quien confían los niños cuándo van solos por la calle?


Cuando los niños crecen (en especial a partir de los 9), empiezan a reclamar su espacio fuera de las paredes de su casa y de su escuela, podemos negar esa evidencia porque vivimos en un barrio donde nadie conoce a nadie, o nos acabamos de mudar de ciudad, o somos miedosos, o no pensamos que nuestro hijo sea capaz de realizar pequeños trayectos a solas o con sus amigos, o…

El miedo es comprensible, además cada uno tiene derecho a tener los propios, sin que nadie los juzgue, pero tampoco sería bueno que condicionara el desarrollo social de nuestros hijos. El miedo es un emoción primaria que nos permite reaccionar ante peligros ‘reales’, si pasa a formar parte de nuestros pensamientos diarios, ya no nos sirve como protección, porque puede anular o enlentecer las reacciones.

¿Quién no ha dicho a sus hijos que no acepte regalos de desconocidos? ¿quién no avisado a los niños que recuerde que su madre o su padre están pendientes de él, y que si envían a alguien a recogerle, este alguien será un vecino o la madre de un compañero? ¿Quién habla de esto abiertamente? tenemos miedo hasta de que las palabras salgan de casa, pero es bueno compartir con otros padres nuestros temores, y nuestras experiencias, porque según la edad del niño (y a algunos de nosotros de niños también nos pasó) puede haber en el grupo alguien al que se le ha acercado ‘un desconocido’.

Me gustaría que la autoprotección llegara a formar parte de la vida cotidiana de los niños, no por pensar que cada persona con la que se tropiecen en la calle pueda ser mala, sino porque si asumimos una filosofía de prevención, nos podemos ahorrar muchos problemas de todo tipo. Nuestros hijos tienen una percepción del riesgo bastante baja, porque son niños, su pensamiento es muy concreto, y sus objetivos están centrados en saciar necesidades básicas (para ellos: comer, jugar, …).

El principio básico de la prevención es siempre el mismo. Un ejemplo: yo nunca he tenido un accidente de coche, pero no puedo pensar ‘hoy no me ato el cinturón, total’ (vale ya sé que es obligatorio, pero imaginando que no), porque entonces si que asumo un riesgo innecesario e incontrolable

¿Quiénes son los desconocidos?
En una sociedad tan cambiante y tan diversa, es complejo atinar cuando trasladamos los consejos a los niños, pero yo diría que una persona que no es nuestro familiar, o padre / madre de un amigo o compañero, alguien que no es vecino o con el que los padres tienen amistad, es desconocido; no es que no sea de fiar, es que no forma parte de ‘nuestra tribu’. 

Es decir que el tendero de la esquina, el padre de un niño del cole con el que no tenemos relación, etc. no forman parte de nuestra pequeña tribu, aunque vivan en la misma comunidad, y deberían asegurarse de que los padres están de acuerdo si desean ofrecer amistosamente una fruta (por ejemplo) a los peques.

¿Por qué digo esto? pues es que hace unos días, un grupo de niños de entre nueve y 11 años del vecindario encontraron por la calle mientras volvían a casa (en el pueblo y a plena luz del día - aún son pequeños para otras salidas -) un adulto que les daba dulces, algunos aceptaron, otros no. Para unos era un desconocido, aunque les sonaba su cara, para otros, acostumbrados a saludar y recibir caramelos de los vecinos, la situación no entrañaba ningún riesgo (sé que esto último es llamativo, pero en ocasiones pasa). No ocurrió nada, no se sabe tampoco qué quería exactamente esa persona, la mayoría de niños habían sido prevenidos por los padres desde pequeños, pero…

Un dato importante es que sólo un niño del grupo lo contó en casa (más abajo hablo un poco sobre la confianza), aunque otra niña lo había dejado caer, parece que sin demasiados detalles.

Claro, la situación daba pie a que las ‘alarmas saltaran’, la verdad; no ya pensando en la intención de esa persona (que también) sino teniendo claro que si no se conoce a los niños, resulta inapropiado acercarse a ellos por ningún motivo. Y reflexionando sobre esto último, se ha hablado con un miembro de la Policía Local del municipio, y se está a la espera de poder comunicar con esa persona, indicándole que por favor, no vuelva a hacer algo así.

¿Cómo hablamos con los niños?
Es bueno que desde que son pequeños, se acostumbren a no aceptar sin el permiso de los padres, y que tengan claro en qué personas confían los mayores. Pero no solo eso, los padres no deberíamos aceptar que esas otras personas con las que no mantenemos una relación estrecha den caramelos, galletas o juguetes a nuestros hijos, más que nada para no originar confusiones.

Intentaremos, como con otros temas de interés, introducir estas cuestiones en conversaciones familiares, con espontaneidad y siendo lo más claros posibles. Atenderemos preguntas de los niños, y - en general - es recomendable estar abiertos a lo que nos cuentan, sin juzgar, y escuchando de verdad. Así cuando necesiten contarnos alguna cosa, sabrán que cuentan con nosotros, que no vamos a reaccionar mal, y no tendrán dudas o miedos.

El ‘pero…’ de más arriba, me sirve para comentar que es necesario ser persistente con los mensajes para que nuestros hijos los interioricen, y entiendan nuestra motivación, hasta que son adolescentes pueden ser aún inocentes, o puede que no tengan habilidades para rechazar; la cuestión es que una sola advertencia no es suficiente.

Las formas de hablar para que llegue la información van desde la charla, hasta los ejemplos, pasando por los juegos (por ejemplo: con niños pequeños en el parque podemos decir ‘vamos a buscar el juguete pero sólo preguntaremos a conocidos’), las dramatizaciones, o el aprovechamiento de las noticias de actualidad.

Volviendo a nuestro papel como padres, y a como nos relacionamos con ellos no es necesario aceptar nada de los demás para ser bien educados, cuando respondemos: ‘gracias, es muy amable, pero no quiero que le de una golosina a mi hijo’, estamos ejerciendo un derecho y dejando que los niños aprendan de nuestra reacción, pero no por ello hacemos sentir mal a la otra parte.

Pero aún hay más
Sería una contradicción decir a los niños ‘no aceptes regalos de desconocidos’ y después ‘obligar’ a contestar o a recibir besos de una amiga nuestra de la infancia que para ellos es desconocida. Así que la obligación es de prevenir, incluso cuando la otra persona sea simpática o se muestre amable, o les diga que conoce a los padres.

Los niños tienen instinto, pero los padres además tenemos experiencia vital, intentemos no ir en contra de ambos, por el bien de nuestros hijos (que son más importantes que la impresión que reciba nuestra amiga)

Lenore Skenazy, calculó hace un tiempo que un niño tenía que pasar 750 años para ser secuestrado en una ciudad como Nueva York, pero ¿de qué nos sirve tener ese dato si no enseñamos a nuestros hijos a ir con cuidado ? Pensar en el secuestro da mucho miedo, la verdad, pero sin llegar a ese extremo, una persona con malas intenciones nos puede hacer daño de otras maneras.

¿Estamos tranquilos cuando los niños van solos?
Solos quiere decir con sus amigos, y a dónde dependerá de muchos factores: edad, entorno, madurez, … puede ser a la calle de abajo, puede ser a la tienda de chucherías. Cuando somos padres las prioridades cambian, y tranquilos, lo que se dice tranquilos no vamos a estar por mucho tiempo (dadme la razón los que tenéis niños de un año y medio que suben y bajan escaleras, y los que esperáis la vuelta de vuestro adolescente de 16 por la noche).

Yo diría que mientras son muy jovencitos (antes de los 14 / 15 / 16) es mejor que vayan en grupo. Además es conveniente que avisen de dónde van exactamente, y que nosotros sepamos en qué dirección vive ‘fulanito’ y el teléfono de los otros padres.

Los niños no deberían:
Aceptar ningún tipo de regalo (comestible o no) de personas que no formen parte de su entorno más cercano o el de sus padres. El entorno lo podemos definir previamente: familiares, tales vecinos, tales amigos de mamás o papá, los padres de tus amigas, etc. El que queráis: pero definido.

Sentirse obligados a aceptar bajo presión . Las respuestas posibles son: ignorar, cambiar de acera, decir ‘gracias pero no’, ¿qué más se os ocurre? No solo hablo de bienes materiales, sino muestras de afecto.

Creer que un niño puede ayudar a un adulto, ‘¿podéis venir? es que necesito ayuda para….”. La respuestas posibles son parecidas a las de arriba. Ellos deben interiorizar que NO pueden (tampoco deben) ayudar a un adulto, porque necesitan aprender a protegerse a ellos mismos.

Subirse en el coche de nadie sin que los padres lo sepamos; la parte final de la frase me parece importante, porque si una amiga mía se encuentra por ejemplo, a mi hijo mayor y sus amigos en un día de lluvia a diez minutos de casa, me llama antes para preguntarme si puede traerles en coche. Pero en definitiva, si la persona es de ese entorno que hablamos, los niños le dirían ¿vas a llamar a mis padres para decirles que me llevas?, antes de decidir nada; y si no es de ese entorno, la reacción, además de ignorar, es alejarse lo que se pueda.

Ir a casa de un amigo sin decirlo (aunque sea el mejor amigo); menos aún entrar en casa de una persona sin vínculo con la familia.

Como veis son normas de seguridad que nos permiten prevenir consecuencias inesperadas; al fin y al cabo los adultos también hacemos algo parecido; ¿si hacéis un viaje de trabajo no decís a vuestra pareja dónde estaréis?

El compromiso de la comunidad
De todos es responsabilidad que los niños estén protegidos; de nada sirven los consejos de los padres si después vemos un niño en una situación apurada y no actuamos. Además si hemos vivido una situación confusa con nuestros propios hijos, es bueno comunicarlo a los otros padres para que sean precavidos.

Las dudas se resuelven hablando, y la intranquilidad comunicando. Por eso también podéis impulsar una charla de la Policia Local en el colegio para que les aclaren estos temas a los niños, por ejemplo, o acudir con vuestro hijo a la comisaría para que escuche de voz de un profesional cuáles son las medidas más eficaces de autoproteción.

Cualquier aportación será bienvenida, creo que es el típico tema que se construye a partir de las experiencias e informaciones de todos.

Fuente: http://www.pequesymas.com
Leer más: http://www.pequesymas.com/desarrollo-social/en-quien-confian-los-ninos-cuando-van-solos-por-la-calle 

23/7/14

Cómo entretener a los niños durante el viaje

Tras meses o días de preparativos arrancamos por fin hacia nuestros destinos de merecido descanso, ya sólo queda una prueba más que pasar y quizás sea de las más difíciles. ¿Cómo entretener a los niños durante el viaje? Sin morir en el intento, podríamos añadir.

Aquí empieza una complicada sesión de circo, con sus payasos, sus contorsionistas y sus números de tigres y leones. Cualquier cosa para mantenerlos entretenidos, por su bien y sobre todo por el bien de nuestro estado mental. 

No soy un experto en sonido, pero seguro que no me equivoco en afirmar que escuchar un recital de gritos, llantos y quejas 

de uno o más niños dentro de un coche es probablemente una de las formas más fáciles de reducir drasticamente la vida útil de los tímpanos, así como, la densidad de neuronas por centímetro cúbico de cerebro adulto. Y sí, especificamos cerebro adulto porque estoy seguro que cuando eres niño tienes un sistema de defensa que te protege contra tus propios decibelios, algo así como el veneno de las arañas, que a ellas no les afecta. Pues lo mismo sucede con los gritos de tus hijos, sólo afectan a aquellos tímpanos que han perdido este sistema de protección, que parece debe perderse en algún momento entre los veintitantos y los treinta y pocos (te das cuenta cuando un día vas a un concierto y tardas en volver a oír a los que te rodean tres días).

Como parece ser que a los fabricantes de coches no se les ha ocurrido la feliz idea de insonorizar la parte trasera de los vehículos y las cuerdas vocales de un menor de edad están a prueba de bombas, ni fabricadas en kevlar aguantarían tanta vibración, y va a hacerse necesario el uso de diferentes métodos de distracción o disuasión (o lo que haga falta) para evitar que les dejemos en algún área de servicio presa de un ataque de enajenación mental.

Cuando uno viaja con un único niño en el coche y se encuentra con este problema siempre puede intentar calmarle y redirigirle, con mayor o menor fortuna, hacia unas actividades más acordes con la fauna y flora de nuestras trompas de eustaquio. Pero cuando existe un número indeterminado de criaturas la cosa se complica de manera exponencial a cada criatura incluida en el grupo y es que en estos casos hasta el perro, que no ladra ni aunque lo pises, se apunta.

Por ejemplo, mis hijos. Es empezar el mayor a preguntar que “cuándo llegamos” y el pequeño, que hasta ahora había estado muy entretenido con la disección a nivel molecular de un trozo de materia orgánica, llamémosle galleta, que se ha encontrado en alguno de los pliegues de la silla y que por la pinta podría estar ahí desde la época del estreno del primer episodio de los picapiedra, pasa a considerarlo motivo suficiente para dar por concluida su investigación y sumarse a la voz de su colega con la suya propia, sólo que dos tonos más alta, preguntando lo mismo.

Si decides contestar con la verdad, es decir, “no hace ni media hora que hemos salido. Aún queda bastante” puedes prepararte para recibir un “joooo” en estéreo acompañado de un “me aburooo” que ni con Dolby surround de esos sonaría más claro. Luego pasamos a un “¿pero cuánto es bastante?” Que ya te vale majo, llevas más de cuatro años como padre y aún no te has dado cuenta que los niños son como los alemanes y lo entienden todo de forma literal y un “bastante” no es una medida exacta o precisa de nada. Claro que decirles que faltan aún tres horas y media va a servir de poco, al menos en los primeros años. Aquí debemos usar el SMII (Sistema de Medida Internacional Infantil), es decir, algo así como “pues queda aún cinco capítulos de la Abeja Maya”.

Viaja con Dora
Si tus hijos son fans de la evolución de ese niño que nosotros veíamos de pequeños y que a su tierna edad se nos pasó la serie, y nuestra infancia, buscando a su madre y con un mono colgando (que por cierto no me acuerdo si al final la encontró). Como habrán adivinado hablo de Dora la exploradora y su amigo el mono ese pariente del gato con botas. Bueno, pues si este es nuestro caso podemos convertir nuestro viaje en un capítulo más de la serie e ir comentándoles a nuestros hijos los diferentes pasos que vamos a tener que realizar antes de llegar a nuestro destino.

Recurrir a los clásicos
Canciones, veo veo, contar cosas, son socorridos y suelen entretenerles bastante tiempo. Aquí tenéis unos cuantos ejemplos de juegos para el viaje con niños.

Las tablets, móviles y dvd portátil
Esto plantea ciertos inconvenientes, el primero es que con más de un niño vas a necesitar uno para cada uno si no quieres jugar a “rebelión a bordo”, si sólo tienes uno y hay algún adulto que viaje detrás con él es algo factible pues puede estar pendiente de lo que haga el niño, pero si no es así, allá vosotros, pero yo a los míos no les dejo el móvil si no estoy cerca de ellos, que cada vez que lo cogen me paso media tarde volviendo a configurarlo, por no decir la cantidad de juegos que me han comprado hasta que conseguí bloquear el sistema de pago.

Meditación Zen.
Dicen que se puede llegar a un estado en que te puedes aislar del mundo exterior y permanecer en una paz interior, pero claro también dicen que hay dietas que en un més te dejan el cuerpo de la modelo de la portada.

Si eres de esos padres que tienen un hijo de esos que cae noqueado en cuanto lo montas en la silla y no se despierta hasta que llegáis a destino, mi hermana era de esa especie, será mejor que no lo digas muy alto para no despertar las iras de tus vecinos.

¿Y vosotros? ¿Tenéis algún truco para entretener a los niños durante el viaje?

Fuente: http://www.bebesymas.com
Leer más: http://www.bebesymas.com/nuestras-experiencias/como-entretener-a-los-ninos-durante-el-viaje 

22/7/14

¿Poner crema solar al bebé si tiene menos de seis meses?

Lo primero es lo primero, imaginación y sentido común. La crema solar es un invento reciente, así que de alguna manera teníamos que vivir cuando no había cremas. Es más, nosotros vamos a la playa o a la montaña con nuestros bebés de vez en cuando, pero en la playa y en la montaña hay personas que viven ahí y que tienen hijos también que viven ahí todo el año. 

Como no creo que anden poniéndose crema a todas horas, estaría bien saber qué hacen para evitar quemarse.

Como ahora mismo no tengo a nadie que viva ahí para preguntar, optaré por aplicar la lógica. 

Si el sol quema, porque nuestra piel no está acostumbrada a él, pues tratemos de evitarlo. La piel de los bebés es sensible, cierto, pero no llevamos al niño desnudo todo el día, así que podemos ponerle ropa fresca, de colores claros que no absorben el calor, holgada si estamos con temperaturas relativamente altas y algún gorrito o visera que le dé sombra a la cara.

Con eso, solo con eso, ya hemos minimizado un montón de posibles quemaduras en varias zonas del cuerpo, aunque obviamente siguen quedando zonas al descubierto como brazos y piernas. Entonces debemos ser nosotros los que huyamos un poco del sol. No pasa nada si le da ahí un rato. Salimos a la calle, damos un paseíto o vamos a comprar y volvemos a casa, por ejemplo. Ahora bien, si el paseo es de una hora por el paseo marítimo, donde no hay ni una sombra, vamos a tener al niño una hora entera expuesto al sol, y entonces sí se nos va a quemar. Apliquemos, pues, la lógica.

Paseos cortos, por zonas de sol y sombra, y saliendo a horas donde el sol no incide de manera vertical, que son las que van desde las 12 del mediodía hasta las 16 de la tarde. Si me apuras, alargamos la franja a 11 y 17, ya que hablamos de bebés menores de 6 meses y en verano el sol puede hacer estragos si nos confiamos.

Ahora me diréis eso de “sí, pero me voy un rato a la playa y ahí no hay sombra que valga”. 

Pues nada, os vais un ratito a la playa pronto por la mañana o tarde por la tarde, ponéis la sombrilla para que el bebé esté debajo, y al rato os volvéis para casa. La sombrilla protege de los rayos que vienen de arriba, pero la arena y el agua tienen la capacidad de hacer rebotar los rayos del sol y en las horas de sol fuerte puede ser peligroso quedarnos mucho rato. No es igual de peligroso que el sol directo, pero también debemos tenerlo en cuenta.

Entonces, ¿sólo podemos hacer esto?
No, y no es “sólo”, que es mucho. Estamos tapando al niño, buscando sombras y estamos sacándolo a la calle cuando el sol no quema tanto. Solo con eso vamos a evitar muchos problemas.

¿Crema solar antes de los seis meses?
Vale, además de lo que hemos comentado, la otra posibilidad es la de poner crema. ¿Se puede o no se puede? Pues no y sí. Si la crema es de filtro químico, que son las habituales que compramos para nosotros, no son recomendables, porque hablamos de elementos químicos que la piel del bebé absorberá pudiendo producir alergias e irritaciones.

En cambio, si la crema es de filtro físico, estamos hablando de unos componentes diferentes, que no se absorben y que, por lo tanto, producen muchas menos reacciones en la piel. Estas sí pueden ponerse a los bebés menores de seis meses si lo consideramos necesario.

En cualquier caso, si sólo tuviéramos una de factor químico, la Academia Americana de Pediatría recomienda evitarla o poner muy poca y en zonas muy concretas (los brazos y piernas, por ejemplo, que es donde más les suele dar el sol). Pero entonces yo dejo una duda: ¿y la vitamina D?

Los bebés necesitan que su piel contacte con la luz del día para sintetizar vitamina D (y nosotros, claro). En caso de aplicar cremas con factor 8 o superior, o cremas de filtro físico, la cantidad de luz solar que nuestra piel va a captar es mínima, y por lo tanto vamos a sintetizar muy poca vitamina D.

Así que ante esta disyuntiva, yo diría que mejor evitar cremas si es posible, tenga el bebé menos de seis meses o más, al menos durante 20 minutos al día (como nos dijo la Madre Tigre) y luego hacer las cosas con sentido común. Si vamos a ir a la playa, crema. Si no vamos a ir, y solo vamos a pasear por zonas de sol y sombra, pues ropa y vamos vigilando.

Fuente: http://www.bebesymas.com
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