20/4/14

Evita pasar hambre durante el embarazo


Ni por exceso de ganancia de peso, ni por olvido, ni por capricho: la embarazada ha de evitar pasar hambre porque esto puede afectar al desarrollo de la gestación y a la salud del feto. Incluso, pasar hambre durante el embarazo se ha relacionado con problemas de salud en la vida adulta del futuro hijo.

Aunque no es saludable ganar excesivo peso, no es necesario pasar hambre para controlar ese aumento de kilos durante el embarazo y mantenerse en un peso ideal, pues llevando una dieta sana y equilibrada, además de practicando ejercicio, controlaremos este punto.

Es normal tener más apetito durante el embarazo que en otras etapas de la vida, nuestro cuerpo necesita más aporte energético porque se está gestando una vida en nuestro interior. Por eso, ante el hambre irresistible durante el embarazo, escoge tentempiés saludables.

Haz cinco comidas ligeras al dia (o tres comidas más fuertes y dos tentempiés saludables que mitiguen el hambre), come mucha fruta y verdura que te ayudarán a mantener el peso, a aportar vitaminas y otros nutrientes necesarios, así como fibra para estar mejor.

Come alimentos de todos los grupos pero en raciones justas, ni excesivas ni escasas. Bebe mucha agua y zumos naturales que ayudarán a estar hidratada. El caso es no pasar hambre durante el embarazo para no correr riesgos, desde mareos o bajadas de tensión a partos prematuros.

Y es que los ayunos durante la fase final del embarazo (debidos a motivos religiosos o a otros motivos) se han relacionado con un aumento de los partos prematuros en algunos estudios, aunque en otros se descarta esta influencia. Lo que sí está claro es que los bebés nacen con un peso corporal menor que los de las madres que no ayunan.

Otro tema es la hambruna que las madres pasan por necesidad, o bien en épocas de crisis o bien en países en desarrollo. Esta hambruna en el primer trimestre del embarazo, que puede afectar al desarrollo cerebral del feto, se ha relacionado con un aumento del riesgo de las adicciones y de trastornos como esquizofrenia en los hijos.

Sea como sea, ya que no se nos ocurriría hacer pasar hambre a nuestros bebés o niños, no deberíamos hacerlo tampoco durante la gestación: evita pasar hambre durante el embarazo y será una etapa más saludable, para ti y para el bebé.

Fuente: http://www.bebesymas.com
Leer más: http://www.bebesymas.com/nutricion-embarazo/evita-pasar-hambre-durante-el-embarazo 

19/4/14

Las cosas que dijimos que nunca haríamos cuando tuviéramos hijos


Cuando uno se encuentra rodeado de criaturas en todo momento, llega el día en que nos olvidamos que en algún momento de nuestras vidas éramos sólo dos, incluso es posible que haciendo un esfuerzo podamos recordar que un día fuimos sólo uno.

En esa época más o menos feliz de nuestra vida pre-hijos nos dio tiempo, sobre todo en esa fase en la que el reloj biológico comienza a hacer tic-tac, en que al fijarnos en la forma de actuar de otros padres nos hemos dicho para nuestros adentros o comentado con nuestra pareja eso de “yo nunca haré eso”. Esta es una breve recopilación de algunas de esas cosas que dijimos que nunca haríamos cuando tuviéramos hijos.

Nuestros hijos no se van a comportar así en público
Cuántas veces habremos estado en algún restaurante, terraza o piscina en la que hay varios adultos con uno o más niños que no paran de correr de un sitio para otro, que saltan por todos lados sin el mayor control. Cuántas veces habremos pensado eso de, “mis hijos no se van a comportar así” y cuántas veces hemos ido nosotros a algún restaurante en que la comida se ha demorado más de la cuenta y nuestros hijos se han empezado a comportar como lo que son realmente, niños.

No pienso darles comida basura
Está muy bien eso, de hecho, la llegada del primer hijo suele ser uno de los motivos por los cuales nos empezamos a preocupar por nuestra alimentación y la de ellos. El problema llega cuando se hacen un poco mayores y tenemos que alternar tardes de parque, baños, juegos, peleas, ordenar por decimoquinta vez el salón y cuando te das cuenta dan las nueve en el reloj, llevas tres días sin tiempo para ir a la compra y todo lo que tienes en la nevera que pueda ser digerido por un estómago humano viene en cajas de cartón, y eso con suerte.
Nunca dejaré que mi casa esté así de desordenada

Te contaré un secreto, los niños y el desorden son seres simbióticos. Los niños necesitan eso que nosotros llamamos desorden y ellos despliegue del catálogo de juguetes en zona peatonal y el desorden necesita de los niños porque es con ellos cuando llega a su máximo desarrollo (aunque hay científicos que ponen en duda esta afirmación en preferencia a la adolescencia). Hazte a la idea, si tu casa permanece ordenada más de 24 horas seguidas es porque tus hijos se han quedado a dormir en casa de los abuelos. 

Míralo por el lado bueno, si un día entramos en guerra estás más que entrenado para caminar sobre campos minados.

No pienso llegar a última hora a los sitios
La puntualidad, esa cualidad que tan poco abunda en los seres humanos. Recuerdo que yo era de los que llegaba diez minutos antes a los sitios. Ahora si llego en punto es porque alguien mintió en la hora.

Y es que tu empiezas a prepararte y aparece el mayor diciendo que tiene hambre y quiere un bocadillo, es el segundo que se come y la sexta vez que le preguntas si quiere algo más de comer, pero es justo cuando abres el grifo de la ducha cuando le entra el hambre. Preparas un bocadillo y como ya eres un poco perro viejo, le preparas otro al pequeño por eso del culo veo, culo quiero. Te metes en la ducha y no te ha dado tiempo a coger el bote de gel cuando aparecen dos cabecillas entre la mampara. “Es que nos queremos duchar contigo” Y la ducha de 5 minutos pasa a 25. 

Comenzáis a vestiros y eso parece el backstage de un desfile de modelos, todo el mundo corriendo de un lado a otro en bolas o en paños menores, probándose ahora una camisa, luego un pantalón, papá este no me entra, ahora me pongo el jersey del revés, mamá pepito me ha cogido mis calcetines y se los está comiendo

-¡Devuélvele los calcetines a tu hermano! 
-!No, míos¡ 
-Uf, no llegamos. Coge otros del cajón.
-¡Yo quiero esos! 
-Pues esos están empapados. 
-Pues yo no quiero otros 

Media hora más tarde, tres berrinches y un par de calcetines mojados, vais 10 minutos tarde y os acabáis de montar en el coche. 

-Papá, me hago piiiis.
Tendremos suerte si llegamos al postre.

Nada de tele
Otro buen propósito y sé de gente que lo ha conseguido y todos siguen vivos y cuerdos. Pero es que la tele es muy peligrosa. Un buen día enciendes la tele y como por arte de magia se hace el silencio, tu hijo está absorto mirando la pantalla. Entonces decides darte una ducha, por primera vez en meses, de más de cuatro minutos, lujazo. Luego vas cogiendo confianza y la usas para poder limpiar la casa, preparar la comida, mantener una conversación coherente con algún adulto y cuando te das cuenta les tienes delante de la tele toda la tarde. Menudo peligro.

Con los hijos no se negocia
Les puedo decir que nuestras cenas no tienen nada que envidiar a las transacciones comerciales del Gran Bazar. Cómete el pollo o no hay postre. Tres trozos no, por lo menos la mitad. Vale, seis trozos y dos cucharadas de guisantes. He dicho que dos. Y así van pasando los días.

Si tengo que hacer eso me muero de vergüenza
Este sigue siendo el punto que más me está costando. Soy muy vergonzoso y sólo pensar en ponerme a cantar soy una taza, una tetera en medio del parque hace que me caigan ríos de sudor frío por la espalda. Aún así, hay cosas que aún muerto de vergüenza, he llegado a hacer por mis hijos y las que me quedan por hacer.

Anda que no tendrá otro sitio donde ponerse a hacer pis
Nunca me ha importado donde y cuando hace pis un niño, pero si lo he oído comentar a gente. Y es que cuando tu hijo está en esos días en que le acabas de quitar el pañal, incluso unos cuantos meses después, si tu hijo dice “papá me hago pis” sabes que tienes segundos para encontrar dónde y que un niño en esas edades no entiende eso de ¿no puedes aguantarte hasta encontrar una zona habilitada para tal menester?

El niño en su habitación desde el primer día
Otra afirmación muy típica en algunos sectores o bajo ciertos métodos de crianza. Y hay que decir que dormir con tu hijo en la misma habitación puede tener muchos inconvenientes y el descanso se hace difícil hasta que te acostumbras. Porque a todo se acostumbra uno, de eso no hay duda. 

Lo que suele suceder es que al principio el bebé necesita atenciones cada cuatro horas como máximo y claro, eso de ir hasta la habitación del bebé, sacarle de la cuna, sacar la teta o calentar el biberón, mantenerse despierto y volverlo a dejar todo en su sitio para volver a repetirlo tres horas más tarde, termina por ser de lo más tedioso, así que muchas veces la cuna pasa a compartir espacio con el lecho conyugal.

Nunca diré “porque lo digo yo”
Estamos de acuerdo, no es ninguna victoria, pero hay veces que no hay más remedio que zanjar una discusión que amenaza con alargarse durante el resto de la tarde entre no, no puedes ver la tele y el si, si que puedo. No siempre estamos al 100%, no todos los días tenemos la paciencia y la mano izquierda que nuestros hijos necesitan. Podríamos tomarlo como un mal menor, una válvula de escape que mantiene la presión justa evitando el estallido y que todo termine en algo mucho peor, y que sólo un padre sabe lo cabezones que pueden llegar a ser los niños.

Fuente: http://www.bebesymas.com
Leer más: http://www.bebesymas.com/ser-padres/las-cosas-que-dijimos-que-nunca-hariamos-cuando-tuvieramos-hijos 

18/4/14

El pelo del recién nacido


Aunque nos intentamos imaginar el aspecto de nuestro bebé con un pelo parecido al de los papás, cuando nace no se asemejará demasiado. De hecho el cabello con el que nace el bebé poco tiene que ver con el que tendrá más adelante él mismo o ella misma.

Tu bebé recién nacido puede ser completamente calvo o tener una mata espesa de pelo, aunque la mayoría se sitúa en un punto intermedio, con un suave y fino cabello que cubre parcialmente la cabeza del bebé al nacer.

De todas formas, es muy posible que no sepamos bien cómo tiene el pelo al nacer ya que la vérnix caseosa, esa sustancia sebácea que recubre el bebé recién nacido y que se suele quitar precipitadamente, altera el aspecto de la piel y pelo del niño, junto a restos de sangre que pueden quedar en la cabecita.

Respecto al color del pelo del bebé estará determinado por los genes heredados del padre y de la madre, pero al nacer puede que tengamos dudas de hacia dónde “irá” ese pelo.

Esto es así porque si el bebé “cambia” el pelo lo hará con las células responsables del color del pelo (melanocitos) más maduras: por eso también puede cambiar el color de los ojos del bebé. Como el pelo prenatal con el que nace se suele caer en los primeros meses de vida, el pelo nuevo puede variar de color y de textura.

Es posible que no notes demasiado la caída de pelo y aunque veas que en la cunita el bebé deja finos pelos cada día, no llega a quedarse calvo. Esto es porque al mismo tiempo ya le están saliendo nuevos cabellos.

No le tengas miedo al primer corte de pelo (fuera mitos sin ninguna base científica), aunque este puede esperar si es invierno y hace frío o si ves que los cabellos se le caen. Pero es perfectamente posible cortarle el pelo al bebé sin que esto le produzca ningún daño, no es perjudicial para el niño (ni tampoco trae beneficios especiales).

Junto al cabello, podemos hablar de otra pilosidad que cubre al bebé, el lanugo, un vello corporal que surge en el feto a partir de las 13 semanas de gestación y que se pierde alrededor de la semana 40 (por eso es más frecuente en niños que nacen prematuros y menos en bebés postmaduros).

El fino lanugo suele cubrir hombros, espalda, frente y sienes de los bebés a término y a menudo se desprende después de una semana de vida.

En definitiva, tenemos que esperar al nacimiento del bebé para ver cómo será su pelo, pero muy probablemente este cambiará en los próximos meses. Después ya dependerá de nosotros el peinado que queramos hacerle y unos años más tarde ya será decisión de ellos…

Fuente: http://www.bebesymas.com
Leer más: http://www.bebesymas.com/recien-nacido/el-pelo-del-recien-nacido 

17/4/14

El cordón umbilical en el recién nacido: todo lo que hay que saber


El cordón umbilical en el recién nacido es algo así como lo último que queda de la unión física interna que había entre el bebé y su madre. Permanece durante unos cuantos días, secándose, hasta que se cae y aunque no hay que hacer mucho para que eso suceda, sí hay que tener en cuenta algunas recomendaciones.

Las dudas más frecuentes son: ¿cuándo curarlo? ¿Cómo hacerlo? ¿Puedo bañar al bebé o es mejor esperar? ¿Qué hacer en caso de que tenga mal aspecto? ¿Qué hacer cuando ya se ha caído? Así que a continuación vamos a hablar de todo ello.

Cuándo cortarlo
Antes de entrar en detalle en nuestra función como padres y madres cuidadores de nuestro bebé y su cordón os comento brevemente un punto muy interesante e importante acerca del momento en que se recomienda cortar el cordón tras nacer.

Habréis visto en las películas que una vez nace el bebé lo primero que se hace es pinzar el cordón, si puede ser con los cordones de un zapato para que la cosa quede más emocionante, e inmediatamente cortarlo, como para salvar la vida del bebé y la madre.
Todos pensábamos que eso era lo lógico y necesario, hasta que hace unos años se empezó a cuestionar esta práctica y numerosos estudios empezaron a demostrar que no, que lo recomendable es esperar un poco.

Ya en Bebés y más hablamos de ello comentando algunos de esos estudios, y la OMS sugiere también que lo recomendable es esperar entre 30 y 120 segundos tras el nacimiento, con el fin de que el bebé tenga menor necesidad de transfusión de sangre (y menores probabilidades de sufrir anemia) y menor riesgo de hemorragia intraventricular.

Ahora bien, el pinzamiento tardío de cordón sólo se puede hacer en caso de que no se vaya a donar la sangre del cordón umbilical, ya que si se va a hacer la donación de esas células sanguíneas el pinzamiento debe ser inmediato.

El cuidado del cordón del recién nacido
Una vez nace, se done o no se done, se corte antes o después, la porción de cordón que está unida al bebé permanece ahí, saliendo de su ombligo, fresquita al principio, hasta que, unos días después, seca y momificada, cae. Lo habitual es que caiga en el transcurso de la primera semana, pero a veces llega a tardar de dos a tres semanas.

Cordón umbilical bebé
La recomendación habitual es la de curarlo con alcohol de 70 grados empapado en una gasa que debe envolver el cordón. Según el hospital, al alcohol se le añade antiséptico, siendo de elección la clorhexidina (la povidona yodada no debe utilizarse en bebés y la mercromina colorea el cordón, dificultando su valoración).

Esto se hace dos o tres veces al día, dejando el pañal doblado para que no lo presione ni sostenga fijo, ya que si siempre está en la misma posición la parte inferior del cordón quedará más fresca que el resto y tardará más en secarse.

¿Y si no lo curamos?
En una revisión de estudios realizada por la OMS en 2004, en que se incluyeron 22 estudios con 8.959 bebés, vieron que era indiferente cómo se curara el ombligo al comparar el uso de antiséptico con el cuidado del cordón en seco.

Es decir, que aquellos padres que no hicieron nada más que mantener el cordón del bebé seco tuvieron el mismo pronóstico (el mismo número de infecciones de cordón en el bebé) que aquellos que lo curaron con antiséptico o con algún placebo.

Ahora bien, los autores de la revisión consideraron que hacía falta más evidencia y que en aquellos lugares donde el riesgo de infección bacteriana es alto (allí donde haya poca higiene, mala alimentación, etc.) se utilice antiséptico.

¿Puedo bañar al niño si aún no se le ha caído el cordón?
Sí, se puede bañar al bebé cuando aún no ha caído el cordón, aunque teniendo en cuenta que lo interesante es que se vaya secando, parece que lo más lógico es no hacerlo. En caso de bañarlo lo importante es después secar bien el cordón con gasas, para que quede limpio y seco. En caso de no bañarlo con inmersión del cuerpo, podemos hacer el llamado lavado del gato, con esponjita, agua y un poco de celeridad.

¿Y si tiene mal aspecto?
En caso de que huela mal, haya secreciones o sangre (que manche un poco de sangre en la camiseta es normal, pero si vemos que está sangrando, no) debemos acudir al pediatra, ya que probablemente haya que hacer uso de antibiótico para evitar la infección del mismo. Si sangra, se recomienda poner gasas y hacer presión en el lugar de sangrado para contener la hemorragia (y acudir igualmente al pediatra para que lo valore).

¿Qué hacer cuando el cordón umbilical ya ha caído?
Observar cómo ha quedado el ombligo, ya que puede haber un pequeño granuloma (como un trozo de cordón fresco de tamaño variable, que puede llegar a ser del tamaño de un garbanzo) que deberá de nuevo secarse y caer y que deberemos tratar de nuevo como si fuera el cordón. En tal caso, puede ser interesante acudir a la enfermera para que le eche un ojo (sin prisa), por si considera necesario el uso de nitrato de plata para ayudar a reducir el tamaño del granuloma y disminuir el riesgo de infección.

Si no hubiera granuloma se recomienda seguir controlando el cordón unos días más. En mi centro de salud decimos que al segundo día de caer empiecen a bañarlo si quieren, todo depende de si ya lo estaban bañando o no, porque si lo hacían lo único que deben seguir haciendo es mantener seca la zona.

¿Y si aún mancha?
Sucede a veces que el cordón ya ha caído, tratamos de abrir el orificio del ombligo para mirar si queda algo de cordón y, no viendo nada, veamos que aún a veces se mancha la camiseta o el pañal con unas gotas de sangre. La recomendación habitual es ir limpiando hasta que deje de suceder, pero en mi experiencia personal y en la consulta me ha funcionado mejor no hacer nada. Es decir, dejar que salga un poco de sangre, que se manche la zona del ombligo, que se seque, y en vez de retirar esa sangre seca, dejarla para que haga de tapón. El cordón no sangra más y un buen día esa “costrita” cae y listo.

Fuente: http://www.bebesymas.com
Leer más: http://www.bebesymas.com/recien-nacido/el-cordon-umbilical-en-el-recien-nacido-todo-lo-que-hay-que-saber 

16/4/14

De vacaciones de Semana Santa solo con tus hijos y otros deportes de riesgo


No suelo ser yo de hacer demasiadas locuras y mucho menos locuras en las que intervengan mis hijos. Pero la semana pasada, hablando con mi mujer sobre qué íbamos a hacer en Semana Santa (otra de las cosas que tampoco hacemos es planificar las cosas con tiempo y si ahora mismo nos preguntan qué pensamos hacer en verano, les podemos contestar: “pasar calor”) me confirmó que sus planes eran de permanecer delante del ordenador durante un tiempo indeterminado de horas. Para el que no lo haya entendido aún, en mi casa eso significa que va a tocar trabajar.

Tras unos breves momentos de dar gracias a todos los responsables de esta maravillosa conciliación laboral de la que podemos disfrutar en este país, pasamos a ver cómo nos las ingeniábamos para mantener a salvo y a ser posible ocupadas, a un par de criaturas cuyas vacaciones empezaban el próximo viernes y que finalizarían 10 días después.

Parece que todo estaba claro y el qué hacer pasaba por mí, y en uno de esos alardes de “yo puedo con tó” decidimos que los peques y yo nos íbamos a ver a sus abuelos. Así que en estos momentos me encuentro en una película que podríamos titular: de vacaciones de Semana Santa solo con tus hijos y otros deportes de riesgo.

Tenía algo muy claro y es que antes le hacía la respiración asistida a una cobra que pasarme unas horas metido en uno de los macroatascos de operación salida en Semana Santa, nosotros nos hemos llegado a dar la vuelta en alguna ocasión y eso que aún no teníamos niños. Así que aviso a mis padres que van a recibir la visita de su hijo y dos pequeñas fieras con unos cuantos días libres y mucha energía por gastar.

Tras 15 minutos explicándole a mi madre que este año la Semana Santa se iba a celebrar el fin de semana antes del “oficial” y que sí, que lo sentíamos mucho, pero que no hay procesión que pueda compensar el martirio de una salida de Madrid junto a tres millones de buenos hijos más y que si apreciaba la buena salud mental de su hijo, al menos la poca que le va quedando, aceptaría fin de semana largo como visita de sus amadísimos nietos en Semana Santa.

Una de las ventajas de que tus hijos ya vayan siendo mayores es que la intendencia se reduce a la tercera parte, no se pueden imaginar ustedes que aún van con pequeños seres lactantes y ni hablemos de los pequeños comedores de papillas lo que significa salir de vacaciones sin pañales, biberones, papillas de varios tipos, toallitas, carro, silla y demás abalorios que terminaban convirtiendo el maletero de tu coche en un bazar turco. Así, sólo tienes que preocuparte de que haya suficiente ropa interior, un pijama o dos por cabeza, algo por si llueve, un par de jerseys y varias camisetas y camisas y como mi madre ya está curada de espanto conmigo, aunque siga intentándolo siempre, y yo tengo una reputación que mantener, la selección de modelos se reduce a diferentes conjuntos vaqueros, eso sí, para que no se me quejen demasiado la gama de colores es amplia.

Supongo que se habrán dado cuenta que la maleta la hice yo y antes de que digan nada, les diré que efectivamente no llevé suficiente ropa. Aunque hubiera sido suficiente si el pequeño no hubiera decidido mancharse con cada trozo de comida que caía en sus manos, hasta con las pipas llegó a mancharse. Pero una abuela es una abuela y ya se sabe que detrás de una gran abuela hay una magnífica lavadora y por el momento vamos tirando.

Llegó el día D y uno se hace sus planes de viaje. Salida a tal hora, parada a tal hora a estirar las piernas y llegada a tal otra justo para comer. Grave error, y ya debería tenerlo muy claro que para salir a una hora determinada de casa hay que contar con la buena voluntad y mejor hacer de los pequeños, y parece ser que ese día ninguna de las dos estaba por hacerse amiga mía, así que tras casi dos horas de retraso, tener que volver a casa porque se nos había olvidado la bolsa de los juguetes (tienen 300 juguetes en casa de sus abuelos pero nunca son suficientes y nunca son los que quieren en ese momento. Eso si, la bolsa les puedo asegurar que sigue estando en el mismo sitio que donde la dejamos cuando llegamos) y dos paradas más no previstas, nos pusimos en camino.

La gran ventaja que es, en cuanto a equipaje, eso de tener hijos ya mayores se torna en desventaja a la hora de mantenerles entretenidos durante el camino y eso que yo de los míos no puedo quejarme demasiado pues el coche para ellos tiene la gran ventaja de irles, poco a poco, dejándoles en brazos de Morfeo. Pero uno es un poco perro viejo ya en esto de los viajes (aunque sigo sin ver si sirve o no para algo) y la noche anterior ha estado preparando unos CDs con música de esos seres vestidos con mono vaquero y camiseta roja que tiene la habilidad de calmar a los pequeños hombrecitos de mi casa y sacar de sus casillas a su padre cuando lleva más de 20 minutos escuchándoles.

Y así, entre el burrito Pepe, las siestas y una bolsa familiar de ganchitos llegamos al destino todos de una pieza.

Tras el desembarco y abordaje de la casa familiar pude ver como la velocidad para hacer las cosas con la que se han empezado a mover mis hijos es diez veces mayor a la que suelen tener en casa. El pequeño se ha acostado todos los días cantando y escenificando la canción de “no more monkies jumping on the bed” pasando de 100 a cero en lo que tarda el último mono en caerse de la cama, para verlo.

Y es en esta hora tan mala a la par que deseada en la que los más pequeños se van a la cama, y en mi caso yo detrás arrastras, en que por mucha restform que hayas traído cargando (y ocupando medio maletero del coche), por mucho que intentes vender las bondades y lo chulo y divertido que es un colchón hinchable para ellos solos, va a ser que no cuela, y mucho menos cuando ven que su padre tiene una cama como Dios manda del mismo tamaño para el solito. Así que empieza su turno de réplica y alegatos sobre lo divertido y especial que sería el dormir los tres juntos y se pueden imaginar ustedes las ganas de diatriba que le quedan a uno después de 500 kilómetros de carreteras españolas. He de reconocer que colechar en una cama tamaño portaviones tampoco es tan malo, pero se echa de menos cuando tenía la cubierta para mi solo.

Y el mayor, vamos a decir que está acusando la falta de organización que tenemos últimamente y lleva unos días haciendo del indomable. Por mi parte yo creo que la próxima vez en una de estas contrataré un doble o directamente me daré un par de martillazos antes de volver a soltar una de mis maravillosas ideas.

Conclusiones: como aventura ha estado bien, abuelos y nietos han disfrutado los unos de los otros y quizás haya sido por eso, o quizás por el exceso de oxígeno que hay en esta zona que ha hecho de mis hijos dos verdaderos diablos de tasmania que no han parado quietos ni con anestesia. Debo, sin embargo, recordar para futuras ocasiones que más de cuatro horas de canciones infantiles no son buenas para la salud mental de ningún ser vivo, que debo buscar y aprenderme algún que otro juego para realizar en el coche con los peques y que no se puede competir ni tratar de aplicar disciplina cuando hay una abuela armada con una bolsa de kilo y medio de chuches.

Fuente: http://www.bebesymas.com
leer más: http://www.bebesymas.com/otros/de-vacaciones-de-semana-santa-solo-con-tus-hijos-y-otros-deportes-de-riesgo 

15/4/14

El consumo frecuente de refrescos gaseosos podría estar relacionado con problemas de conducta en los niños


Aunque sabemos que la mejor bebida para los niños (y para todos) es el agua, es normal que ocasionalmente permitamos a nuestros hijos batidos, zumos envasados o bebidas gaseosas. Pero si pensamos en la salud de los más pequeños, no deberíamos convertir la excepción en una regla, y no deberíamos permitir el consumo frecuente de refrescos azucarados de cualquier tipo.

Estas bebidas se han asociado con comportamientos agresivos, y también con depresión y pensamientos suicidas en adolescentes, sin embargo la influencia en niños más pequeños aún no había sido evaluada. Ahora se han encontrado algunos indicios de que a más consumo de estos refrescos, aumenta la agresividad de los niños en su día a día.

También aparecen problemas de concentración y dificultades para atender las explicaciones de los profesores

El estudio del que provienen los datos, no es capaz de identificar a naturaleza exacta de la asociación entre el consumo de bebidas gaseosas y los comportamientos problemáticos, pero si que se ha llegado a la conclusión de que limitar o eliminarlo reduciría problemas de conducta.

La doctora Shakira Suglia, es profesora adjunta de Epidemiología en la Universidad de Columbia; junto con sus colegas, ha evaluado a (aproximadamente) 3000 niños de cinco años de edad en 20 grandes ciudades de Estados Unidos. Para realizar el estudio (publicado en The Journal of Pediatrics), se ha contado con la colaboración de las madres de los niños.
Ellas han sido las encargadas de ayudar en el registro de bebidas consumidas por sus hijos: un 40 por ciento tomaban una lata de refresco al día (una cantidad que ya me parece excesiva), y un 4% llegaban a consumir cuatro o más.

Se trata de un estudio prospectivo con cohorte por año de nacimiento, cuyos datos han sido recogidos durante 60 meses. Para evaluar la conducta tras el consumo de estas bebidas, han utilizado una lista llamada Child Behavior Checklist, con indicadores concretos, y tras aplicarlas, se ha pedido verificación a las madres.

La propia investigación insiste en no estigmatizar estas bebidas, pero señala que su uso debe ser muy moderado. Porque además se sabe que pueden relacionarse con mayor riesgo de trastorno cardiovacular o con la aparición de diabetes de tipo 2.

Fuente: http://www.pequesymas.com
Leer más: http://www.pequesymas.com/nutricion/el-consumo-frecuente-de-refrescos-gaseosos-podria-estar-relacionado-con-problemas-de-conducta-en-los-ninos 

14/4/14

Ser padre hoy, ¿pero dónde me he metido?



Dicen que lo bueno de la humanidad es que siempre está en continuo cambio, que cada generación futura está mejor preparada y más desarrollada que la anterior. Eso es la teoría, supongo, porque en la práctica hay días en que no sabría yo que decirle a Darwin y coetáneos. Es que hay días, de esos que seguro conocéis en que uno no ve la hora de meterse en la cama, cerrar los ojos y dejarse caer y así reviente el mundo que tu lo único que deseas es que llegue mañana y todo se haya reseteado, pero bien, nada de botoncito no, un reseteo de esos que te llevas el cable y todo.

Y es que en esos días, uno mira hacia atrás, hacia esa época de señores (esa época en que a los padres se les llamaba señores y no a gritos) cuya únicas preocupaciones empezaban con la apertura del horario laboral y terminaban con el cierre de persianas. Llegabas a casa, un par de besos, unas palmaditas en la cabeza y los niños y sus problemas por un lado y tu por el lado opuesto a descansar. Ojo que me consta de varias madres que desean lo mismo, incluso de alguna que daría un brazo por un día así por semana. Y es que ahora me paro a pensar en eso de ser padre hoy, ¿pero dónde me he metido?

Declaración de intenciones
Quiero que conste en acta señoría que tal como estaba la situación, no podíamos seguir así. Que reconozco que iba siendo hora de ocuparnos de esas tareas que nos correspondían, que no es cuestión de ayudar sino de hacer nuestra parte del trabajo. Criar a unos hijos no es cosa del 80% para uno y el resto ya veremos como lo negociamos. Que me siento orgulloso de mi situación y de poder disfrutar de mis hijos, aunque haya días que no sepa que hacer con mi vida. Pero…

No me nieguen que nos hemos metido en esto sin leernos la letra pequeña, que hemos hecho la típica machada de “a que no hay…” y nosotros nos hemos lanzado al pozo de cabeza, sin flotador y con el móvil en el bolsillo. Y es que esto de ser un padre moderno, implicado en todo lo que tiene que ver con la educación y desarrollo de tus vástagos no es fácil. Que no saben la sensación que da después de soltarle a tus hijos un “ni Maya, ni Mayo. ¡He dicho que hoy no hay tele!” Te sientes invadido por el espíritu de tu madre y en esos momentos no piensas otra cosa que “anda mamá, sal de aquí ya” y oyes al fondo una voz que dice, “¿pero a ti te parecen formas de llevar a los niños? ¿Tu has visto cuanta mancha?” Y no me digan que eso no da mal rollo.

Recuerdo que de pequeño terminaba el día con barro y porquería para llenar dos macetas, pero eso sí, a la mañana siguiente ibas a clase de punta en blanco (o casi). Yo hoy en día, con esos detergentes del futuro, 57 tipos diferentes de suavizantes y 27 de lejías no necesito marcarle la ropa a los peques, la puedo reconocer por las manchas.

Las marcas de la nueva paternidad en la sociedad
Una de las marcas más claras del aumento de la presencia masculina en la educación y cuidado de los hijos es, para mi, la proliferación de aparatos, llámenlos gadgets, relacionados con la crianza que realizan funciones que tu madre era capaz de realizar a pares y sin cacharro ninguno. Así tenemos cámaras que vigilan cualquier movimiento de nuestro bebé, ropa que nos avisa si el niño tiene fiebre o se le ha escapado el pis del pañal, sistemas de gps que mantienen localizados a nuestros hijos y mi favorito, coches de pedales que pueden ser dirigidos por control remoto, ese seguro que lo inventó un hombre, sólo a nosotros se nos puede ocurrir semejante artilugio para mantener a tu hijo entretenido mientras te tomas una caña tranquilo. Estoy seguro que proximamente aparecerá una máquina en la que metas a tu bebé, selecciones el programa deseado y tras x minutos el niño salga cambiado, vertido para la ocasión y perfumado (y si no me creen, esperen y verán). Hemos pasado de ser unos padres que delegaban todo lo relacionado con sus hijos a sus parejas o madres a estar todo el día sobrevolando sobre sus cabezas por si les pasa algo.

Y es que no podemos abarcarlo todo, vale que seamos capaces de hacer más de una cosa ala vez, pero llegar al nivel de nuestras madres dudo que sea posible. Para tener todo perfectamente controlado como hacían ellas necesitaríamos al menos un Personal Baby Assistant, o algo así,(quizás tengamos que pulir un poco el nombre), para que nos ayude con todo lo que uno o más niños requieren en un día normal.

Los vas a recoger al colegio o a la escuela infantil y te los llevas al parque y ves a esa madre que saca de su bolso 3 bocatas, la botella de zumo, la de agua y una bolsa de galletas caseras. Que las galletas no le gustan al más pequeño, no pasa nada, sacamos unas magdalenas del bolso. ¡Pero si en 10 minutos ha montado un catering que ya lo quisieras tu igual en las convenciones de empresa! Y tu ibas tan feliz porque hoy no se te había olvidado la merienda. Y menos mal, porque seguro que no volvía a colar decir eso de que el pediatra le había puesto a dieta.

Y es que da lo mismo las veces que hayas ido al parque, tu te sientes como un bicho raro entre tanta profesional y parece que te has colado en los entrenamientos de la selección de fútbol. Lo mismo que cuando toca comprarles ropa. De hacerlo a ojo mejor que te olvides, porque o tu hijo es de medidas estándares o vas a tener que volver a descambiarlo todo, y aún así nadie asegura que aunque le valga no tengas que descambiarlo por incompatibilidades entre tus gustos y los de su madre. Aquí tenemos a nuestro aliado, el smartphone y los envíos de imágenes para saber si lo que tenemos en la mano es un tres cuartos o una camisa vaquera.

Las visitas al pediatra. A ver, yo lo que entiendo por llevar a mi hijo a que le vea el pediatra es para obtener una respuesta de un profesional al estado de mi hijo. Si está enfermo quiero saber que le pasa y cómo se cura y si es por una revisión, pues saber si todo va como debe ir. Pero, parece que detrás de toda visita se esconde una batería de preguntas en múltiplos de 100 que siempre se me olvida hacerle sobre el estado, vida y milagros del niño. Por no hablar que tu madre es capaz de encontrarle a tu hijo un mínimo de 10 comportamientos potencialmente mortales que tu ni siquiera sospechabas que existían y al menos media docena de síntomas, la mitad de los cuales son de enfermedades tropicales.
padre-bebe

Pero nuestro Talón de Aquiles, allí donde seguimos teniendo mucho que mejorar es en los primeros años de vida de nuestros hijos. Porque eso de salir con los mayores, llevarlos a extraescolares, a la compra o pasar tiempo con ellos es algo que ya hicieron nuestros padres, el que más o el que menos. Pero eso de sacar a tu hijo de pocos meses de paseo para que su madre descanse un poco o pasar una tarde con un bebé cuyo nivel de comunicación se mide en escales de llanto sigue siendo algo en lo que no se ve a muchos. Cada día hay más, que conste, pero hay una diferencia muy acusada entre el tiempo que pasamos cuidando de nuestros hijos cuando son bebés al que les prestamos cuando ya son un poco más mayores. También siguen siendo ellas, las madres, las que cargan con la mayoría de las decisiones “difíciles” que conlleva tener un hijo, como la reducción de jornada o la de solicitar días de permiso para llevar a los niños al médico.

La sociedad va cambiando, quizás no tan rápido como le gustaría a muchas, pero el cambio hacia nuevos roles de padres en esta sociedad es evidente y sobre todo se está haciendo visible, que es quizás lo que más está ayudando a que cada día más hombres se hagan cargo de la parte que le corresponde. Siempre ha habido padres que tenían muy claro cual era su papel y desde luego no era el que les vendían, pero como muchas otras cosas se hacía de espaldas a la sociedad. Muchas veces oigo comentar a la gente que su padre no era el estereotipo de cabeza de familia que se vendía en las revistas o en la tele y sin embargo ese es el papel que la sociedad ha mantenido, justamente el que debemos cambiar.

Fuente: http://www.bebesymas.com
Leer más: http://www.bebesymas.com/ser-padres/ser-padre-hoy-pero-donde-me-he-metido