28/11/14

La vacuna de la rubéola: todo lo que hay que saber


Seguimos con la serie de entradas que iniciamos hace unos meses para hablar de las vacunas, una por una, y hoy es el turno de una de las que forma parte de una de las vacunas más polémicas: la vacuna de la rubéola, que forma parte de la triple vírica, junto a la del sarampión y la de la parotiditis.

La vacuna de la rubéola se administra actualmente al cumplir los 12 meses. Hace unos años solía ponerse a los 15 meses, pero dado que el sarampión volvió a aumentar a raíz de las bajadas de la cobertura vacunal y aparecieron diversos brotes, se adelantó a los 12 meses para proteger antes a los bebés.

Es una vacuna que requiere una segunda dosis de recuerdo, que según la AEP debe administrarse hacia los 2-3 años, pero que en muchos centros se deja incluso hasta los 4 años (en mi ciudad se administra a esta edad).

La protección, como en muchas otras vacunas, no es siempre de por vida, y algunas mujeres deben vacunarse de nuevo en la edad adulta, pues la rubéola es una enfermedad que, de padecerse durante el embarazo, puede provocar un aborto o el llamado síndrome de la rubéola congénita, en que el bebé sufre malformaciones y dificultades en el desarrollo.

Qué es la rubéola
Es una enfermedad causada por un virus, que se propaga a través del aire o por contacto directo. Los síntomas son normalmente leves, siendo comunes el malestar general, dolor de cabeza y fiebre, además de una erupción cutánea similar a la que aparece con el sarampión (de hecho, la rubéola también recibe el nombre de sarampión alemán). Los niños tienen menos síntomas que los adultos y suelen pasarla de un modo leve.

Explicado así parece un virus incluso más inofensivo que el de la varicela, y sin embargo hay vacuna para todos. Esto es porque es más contagioso (aún), pues la enfermedad se transmite desde una semana antes de que aparezca la erupción (una semana antes de que la persona sepa que tiene la enfermedad ya la está contagiando) hasta una o dos semanas después de que hayan desaparecido los síntomas.

Al contagiar durante tanto tiempo, y al ser una enfermedad tan peligrosa en caso de embarazo, es muy importante prevenirla para que no se produzca un brote que ponga en riesgo a los adultos y, sobre todo, a las mujeres embarazadas.

Al tratarse de un virus, no existe tratamiento. Lo único que se puede hacer para evitarla es tratar de prevenir su propagación a través de la vacunación universal, vacunando a todos los niños y vacunando también a las mujeres en edad fértil que hayan perdido inmunidad con los años.

¿Dónde se administra?
Al administrarse a partir de los 12 meses, cuando los bebés ya se ponen de pie o incluso andan, lo recomendable es no administrarla en la pierna, para que no se quejen al caminar y no cojeen. A esa edad se pone en el brazo, de manera subcutánea, normalmente en la zona del tríceps. Si la persona que la va a recibir no tiene problemas de coagulación (los niños no suelen), puede administrarse también intramuscular, en el hombro, en el músculo deltoides.

Efectos secundarios de la vacuna de la rubéola
La vacuna de la rubéola, al ir acompañada de otras vacunas, puede producir efectos secundarios derivados de la rubéola, pero también de las vacunas que le acompaña. La dosis de la rubéola puede ocasionar dolor e hinchazón en las articulaciones. La de sarampión y parotiditis pueden ocasionar fiebre y erupción cutánea leve. Es una de las vacunas que más fiebre produce, al ser una vacuna de virus vivos atenuados.

¿Se puede poner si eres alérgico al huevo?
La triple vírica es una vacuna que puede contener, en su composición, trazas de proteína de huevo (se utilizan para crearla). Esto hace que mucha gente con hijos alérgicos duden de si pueden o no vacunarle de ella, o incluso que padre de niños que no han probado el huevo, se lo piensen dos veces.

La realidad es que la cantidad es tan ínfima, tan baja, que no se considera importante. Todos los niños pueden administrarse la vacuna excepto aquellos que hayan sufrido una reacción anafiláctica grave al comer huevo.

He oído que podría estar relacionada con el autismo
Desde que en 1998 un artículo científico falso se colara en una revista científica de renombre la vacuna triple vírica se consideró posible causante de autismo en niños. El mencionado artículo se retiró de la revista y numerosos estudios han demostrado que no existe esa relación. Sin embargo, el mito corrió tanto y fue tal el revuelo, que aún hoy mucha gente sigue creyendo que es cierto.

Fuente: http://www.bebesymas.com
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27/11/14

El llanto del bebé es un grito pidiendo ayuda (y su futuro dependerá de nuestra reacción)


Hace cosa de dos meses os explicamos por qué el llanto del bebé es uno de los ruidos más insoportables que existen. Nos molesta, queremos que se silencie. Es un ruido tan insoportable que no puede tener otro objetivo que lograr que atendamos al bebé.

Sin embargo, esa sensación inconsciente que se produce en nuestro cuerpo, ese instinto de querer acallarlo, puede controlarse de manera racional si nos creemos que lo hacen para tomarnos el pelo, para controlar nuestras vidas o si pensamos que el hecho de atenderles hará que sean personas totalmente dependientes de nosotros, el resto de su infancia y probablemente de sus vidas. Es decir, a pesar de que el llanto del bebé molesta muchísimo, si los padres están convencidos de que no deben atenderlo, esperarán, le dejarán llorar. Grave error: el llanto del bebé es un grito pidiendo ayuda y su futuro dependerá de nuestra reacción.

"No lo cojas, que lo vas a acostumbrar"
Bebés que acaban de nacer pasan horas llorando en sus cunas porque alguien ha explicado a sus padres que si lo cogen, lo van a acostumbrar a eso, y cada vez llorará más. Ya en el mismo hospital, al día siguiente de nacer hay niños que sufren por culpa de las alertas de los familiares o del personal del hospital.

Hay mujeres y hombres que tienen sus instintos muy desarrollados y que sienten que deben cogerlo. Sufren al verles así y les cogen, a pesar de lo que les digan. Otros, sufren también, pero más acostumbrados a obedecer, o más acostumbrados a anular sus propias sensaciones, tratan de hacer caso pensando que hacen lo mejor por sus hijos no atendiéndoles.

El problema es que no haciendo caso al niño se pone la primera piedra para lograr exactamente el mismo efecto: que los niños empiecen poco a poco a no hacer caso a sus sensaciones y emociones, a anularlas. Los niños que lloran y nunca son atendidos dejan de llorar, la procesión va por dentro. Sufren, pero no lloran. Para qué quejarse.

Lo curioso es que el acostumbramiento a los brazos de los padres, a ser atendidos, consigue el mismo efecto: los niños que pasan mucho tiempo con sus padres, que son atendidos de manera temprana, tampoco lloran. A veces lo hacen, es cierto, pero lloran mucho menos que aquellos bebés cuyos padres les dejan llorar para que no se acostumbren.

¿Por qué? Porque como digo el llanto de un bebé es como un grito de ayuda. Es la única manera que tiene de pedir lo que necesita, sea comida, sea frío o calor, sea un poco de cariño, sea dormir, sea que está asustado por algún ruido o sensación, etc. No tiene otra manera de pedir ayuda y lo hace de ese modo esperando que, por favor, cuanto antes, le calmen.

Ellos no conocen la fuente de su malestar, ellos no saben cómo calmarse y por eso lloran cada vez más. Por eso nuestro deber es ayudarles a encontrar la solución. Obviamente, tardarán meses, en ocasiones, años, en ser capaces de entender sus sensaciones y de saber qué necesitan hacer para solucionarlo. Un bebé llora de hambre, pero cuando tiene un año ya no lo hace, pues señala la comida para decirnos que quiere comer. Un bebé llora cuando siente frío, y es posible que con un año también lo haga, por no tener claro que necesita un jersey para evitar el frío. Un bebé llora cuando necesita cariño, pero cuando tiene un año lo soluciona buscando los brazos de mamá y papá. Solo llora entonces si éstos consideran un error cogerle en brazos o si no juegan con él cuando les pide tiempo juntos.

Quiero decir con esto que el llanto de un bebé no es algo que hagan para molestar, tomarnos el pelo ni nada por el estilo. Lo hacen porque tienen una mala sensación y nos piden ayuda para aliviarla. De nosotros depende que les propongamos la solución, cuanto antes, para que poco a poco ellos vayan sabiendo cuál es (o cuáles son, porque a medida que crecen descubren múltiples soluciones para un problema), o que neguemos su sensación para que ellos, poco a poco, vayan haciendo menos caso a su capacidad de entenderse a sí mismos.

Pero, ¿qué peligro hay? El hambre es hambre siempre
Es posible que os hagáis esta pregunta: pero, ¿qué peligro hay? El hambre siempre es hambre, el frío siempre es frío y la sed siempre es sed. Cualquier persona adulta sabe qué es y sabe cómo calmarla. Y es cierto. Esas sensaciones las aprenderán los bebés sí o sí, cuando crezcan. Ahora bien, no es el hambre lo que nos tiene que preocupar, sino el mundo de las emociones, de la comunicación, del cariño y del afecto.

Imaginad un niño que llora por las noches porque no quiere ni puede dormir solo. Es fácil de imaginar porque la gran mayoría de los bebés lo hacen. Imaginad que no le hacemos caso, que pasamos de él, porque nos dicen que debemos conseguir que sean independientes. 

Lograremos que deje de llorar, pero no porque el niño ha aprendido a estar solo, sin nuestra ayuda, no porque ha dejado de necesitar compañía, sino porque ha aprendido a no escuchar su necesidad de estar acompañado. ¿Es esto lo que queremos para nuestro hijo, que no haga caso a sus ganas de estar con otras personas? Porque los humanos somos seres sociales, funcionamos mejor en grupo, porque cuatro ojos ven más que dos y porque un grupo consigue mucho más que la suma del trabajo de sus individuos por separado. No tiene ningún sentido que enseñemos a nuestros hijos lo contrario, que solos estarán mejor.

Es solo un ejemplo, pero siguiendo con él, dejar a los niños llorando por las noches puede derivar en problemas de sueño meses o años después. Terrores nocturnos, pesadillas, despertares continuos. La emoción sigue viva, la necesidad de dormir acompañados sigue apareciendo, el miedo a la soledad, el terror a la oscuridad. Lo que no aparece es la solución, porque ésta sería llamar a papá y mamá y que ellos durmieran con él, pero si desde siempre le han enseñado que esa sensación no se soluciona así, que no es una sensación a tener en cuenta, que debe anularla, ahogarla, el malestar debe salir de algún modo, y normalmente sale en forma de problemas para conciliar el sueño o para mantenerlo.

Las emociones de los niños

Si pensamos ya a nivel más global, a nivel de relación, pasa algo similar. Las personas que mejor se han relacionado con sus padres, que han sido atendidas, que han visto sus necesidades de cariño y afecto escuchadas, comprendidas y respetadas, no tienen problemas en expresar sentimientos, en entender sus emociones y en hablar de ellas. Saben amar. Las personas que han tenido más problemas en las relaciones, que no fueron atendidos cuando lloraban, que no aprendieron a calmarse de pequeñitos, porque nadie les enseñó, tienen más dificultades para controlar el estrés y la ansiedad y más problemas para entender lo que sienten y para expresarlo. Son esas personas que difícilmente confían en los demás, que prefieren estar solas para no correr el riesgo de fracasar o de que les hagan daño y que, cuando forman parte de una relación, tampoco son capaces de abrirse.

Son tantas las emociones anuladas de pequeñitos, son tantas las heridas que nadie solucionó, son tantas las cicatrices y tantos los recuerdos que evitan evocar en la edad adulta, porque incluso entonces se sienten desprotegidos y vencidos, y les duelen, que han aprendido a encapsular todas las lágrimas que nadie ayudó a calmar, pese a que el efecto secundario de ello es que sus corazones se hacen un poco más duros e impenetrables.

Debe saber que la vida es dura, y que no puede tenerse todo al instante
Es cierto, la vida es dura y nadie puede tenerlo todo al instante, pero esto es algo que los niños tienen que aprender, por sí mismos, cuando tienen ya unos años y que no dejarán de aprender hasta que mueran. La vida tiene varios golpes preparados para todos, golpes que llegarán seguramente cuando menos los esperemos. El cómo los enfrentemos, el cómo los vivamos, dependerá en gran medida de cuán sana esté nuestra mente, nuestro corazón y cuán estable esté nuestro mundo emocional. Hay gente tan equilibrada que es capaz de hacer maravillas con muy poco, encontrando siempre soluciones a los problemas y partes positivas allí donde parece no haberlas. Hay gente tan poco equilibrada que al mínimo problema se viene abajo, sintiendo que todo el universo se conjuga en su contra y que no hay nada que puedan hacer por salir de ello.

¿Qué personas queremos que sean nuestros hijos? Pues eso, debemos ayudarles a seguir sintiendo, ayudarles a comprender sus emociones y ayudarles a encontrar soluciones. De pequeñitos, es cosa nuestra. A medida que vayan creciendo, ellos mismos irán viendo cómo solucionar sus necesidades de cariño, de afecto y de comunicación (normalmente, pasando mucho tiempo con nosotros). De nosotros depende en gran medida. Cada vez que tu hijo llore, cada vez que con sus lágrimas te grite pidiendo ayuda, acude. Trata de comprenderle, trata de ponerte en su lugar, de entender su sufrimiento y de poner palabras a sus emociones, para que las entienda, las valore, sepa que le entendemos y vea qué decisión tomar. Él aprenderá de nuestras soluciones y se sentirá importante, escuchado y querido. Vamos, la base de una buena autoestima y de la confianza en uno mismo.
Repito: de nosotros depende.

Fuente: http://www.bebesymas.com
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26/11/14

Cuatro de cada diez niños se van a la cama sin lavarse los dientes, ¿tú lo harías?


Se trata del cepillado más importante del día y, sin embargo, cuatro de cada diez niños se van a la cama sin lavarse los dientes. Imaginad la boca llena de restos de comida que actúan durante horas y horas: las bacterias producen ácidos que erosionan los dientes y así aparecen las caries.

Recordemos que durante la noche disminuye la formación de saliva, un agente básico que ayuda a limpiar la boca de bacterias. Por eso, si bien todos los cepillados son importantes (al menos tres al día), el de antes de ir a la cama es primordial.

Pero, aunque el 99,6% de los niños tiene cepillo de dientes en casa, no todos se cepillan los dientes a diario (el 9,7% ) y solo el 60,8% de los pequeños se los cepilla al menos tres veces al día.

Yo reconozco que soy un poco metódica (dicen que obsesiva) con este tema, pero no se me ocurre acostarme sin lavarme los dientes, por eso no se me ocurre que lo hagan mis hijas. 

Llevamos mucho cuidado en este asunto y por suerte ellas parecen concienciadas de lo importante que es. Eso sí, seguimos ayudándolas y a veces se hacen de rogar...

Hay que tener paciencia, no es tan difícil y aquí os dejamos nuestros consejos sobre como han de cepillarse los dientes los niños y cuál es el tipo de pasta de dientes más apropiada, con la cantidad de flúor recomendada para la prevención de la caries.

Los datos anteriores provienen de un estudio de hábitos de salud bucodental en los niños españoles de seis a doce años. Aquí vemos que el 59% se cepilla los dientes antes de irse a la cama, lo cual es fundamental para mantener una boca sana. Esto significa que el 41%, cuatro de cada diez niños, se acuestan sin lavarse la boca.

Otras cifras interesantes son las que nos hablan de que solo el 39,7% de los niños cambia el cepillo de dientes cada tres meses, tal y como recomiendan los profesionales, o las que no muestran diferencias entre niños y niños en la mayoría de parámetros estudiados (visitas al dentista, frecuencia de caries o de lavado dental...).

Nuestros niños, más pequeños, ¿se lavan los dientes a diario? ¿O ya forman parte de esos niños que no se lavan los dientes antes de acostarse? Seguro que muchos estáis en el proceso de aprendizaje, mucha paciencia y seguro que al final disfrutarán de la sensación fresca de acostarse con la boca limpia...

Fuente: http://www.bebesymas.com
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25/11/14

De las tribus urbanas a las digitales: ¿cómo utilizan tus hijos Internet?


Nickelodeon ha encargado hace poco un estudio que han titulado “Me, My Selfie & I” en el que han participado mil niños de entre seis y 11 años. Se pretendía entender cómo son las relaciones de los niños con la tecnología, y cómo influye esto en su ocio.

Se ha desarrollado en cuatro etapas, y utilizado técnicas como entrevistas con expertos, encuestas online entre la población objeto, y “análisis de conglomerados” para definir los resultados

Estos resultados han servido para identificar cuatro “tribus digitales” según la utilización de Internet por los niños:

Playful Newbie (novatos). Destaca que suelen tener supervisión parental, y buscan experiencias novedosas y para compartir, aún prefieren los juguetes físicos e internet les sirve para encontrar contenidos imaginativos. Son un 32 por cien de la muestra.

Digital Discoverer (descubridores digitales) - 23 por ciento -, apasionados por la tecnología y también por aspectos del ‘mundo físico’ como el deporte. Creativos y con tendencia a avanzarse en el descubrimiento de nuevos juegos y juguetes.

Games master (jugadores), como podéis imaginar suelen aprovechar internet para juega online, y beneficiarse de las relaciones que consiguen con esta actividad; los contenidos que protagonizan sus personajes son sus favoritos.. El 21 por ciento de los menores británicos entre seis y 11 años está en este grupo.

Social sharers, se conectan con el mundo a través de plataformas digitales y redes sociales, los mensajes comerciales pasan a segundo plano porque sobre todo están interesados en las relaciones sociales. Suman un 24 por ciento de los chicos y chicas encuestados.

¿Crees que tus hijos encajan en alguna de estas categorías?

Fuente: http://www.pequesymas.com
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24/11/14

Hacer sentir mal a los niños con exceso de peso no les ayuda a adelgazar


Yo diría que ya no hay muchos padres que lo hagan con sus hijos, pero probablemente quede alguno con reminiscencias del pasado, de esos que creen que para promover cambios hay que molestar y picar a los niños, haciéndoles sentir mal, y aunque en algunas situaciones puede surtir efecto, como cuando esperas que tu hijo consiga algo en un espacio breve de tiempo, una meta a corto plazo, si la cosa es a largo plazo la técnica puede acabar siendo un desastre.

A largo plazo es el cambio que los niños con exceso de peso tienen que hacer para dejar de tenerlo, y parece ser que tratarles con poco respeto y hacerles sentir mal no sólo no les ayuda a adelgazar, sino que puede hacer que engorden incluso más, dice una investigación reciente.

Datos del estudio
Hoy no os puedo pasar el enlace al estudio, como hago siempre, porque los datos se han dado a conocer antes de su publicación (se publicará en la revista Obesity). Para el estudio se siguieron durante cuatro años a casi 3.000 adultos con edades superiores a los 50 años. En ese tiempo se les preguntó si se habían sentido alguna vez discriminados por su peso, edad, sexo o etnia.

El 5% de todos ellos explicaron que alguna vez les habían discriminado por su peso. De ese porcentaje, los que tenían peso normal eran el 1%, mientras que los que tenían obesidad mórbida formaban el 36%.

Al ver qué sucedía en el transcurso de los años, vieron que los que habían sido discriminados por su peso aumentaron más de peso que aquellos que no habían recibido críticas por ello.
Llegaron a contabilizar las diferencias y vieron que las personas con sobrepeso que habían sido discriminadas habían aumentado casi un kilo de media, mientras que las que no lo habían sido habían perdido una media de 0,7 kilos.

Al ser un estudio observacional, los autores no se aventuran a afirmar que exista causalidad, pero sí creen que en caso de discriminación, la batalla contra la obesidad es más difícil de ganar.

Jane Wardle, directora del Centro de Conductas de la Salud de Cancer Research UK y autora del estudio dijo lo siguiente al respecto:

Nuestro estudio muestra con claridad que la discriminación por el peso es parte del problema de la obesidad, y no la solución [...] El prejuicio ante el peso no solo se ha documentado en el público general, sino también entre los profesionales sanitarios, y muchos pacientes obesos reportan ser tratados con poco respeto por los médicos debido a su peso. Todo el mundo, incluso los médicos, debe dejar de culpar y avergonzar a las personas por su peso y ofrecer respaldo, y cuando sea adecuado, tratamiento.

¿Y los niños?
Los niños funcionan igual, con un agravante: ellos están formando aún en su mente el concepto de auto-imagen. Tratan de conocerse a sí mismos, tratan de saber cómo son en comparación con los demás niños e intentan formar parte de los grupos de iguales (otros niños de su edad) siendo aceptados.

La discriminación por el peso, hacerles sentir mal con su cuerpo, con cómo son, en algo que requiere de tiempo, motivación y paciencia para solucionar, puede herir (casi de muerte) su autoestima, su relación con las personas que le discriminan e incluso su relación con sus compañeros de clase o de juegos. De hecho, se suele decir que "los niños son muy crueles" porque son capaces de reírse de otros niños por ser la excepción, pero si los adultos, en quien los niños deben poder apoyarse, hacen lo mismo, hacerles sentir mal por su peso, el resultado es la soledad y el rechazo absoluto. Sucede entonces que se sienten solos, no aceptados por nadie y, en su malestar, buscan el refugio y el consuelo en la comida.

Por otra parte, saberse más pesado, más lento, menos ágil y cansarse antes, por el peso, hace que los niños pierdan confianza en sus habilidades competitivas y muchos niños acaban por ver el ejercicio y el deporte como algo que no es para ellos, porque jamás podrán competir con otros niños. Esto hace que muchos rechacen el ejercicio, o que incluso acaben odiándolo.

En consecuencia, parece que lo más recomendable es educar a los padres y a los adultos para que, en vez de culpar a los niños, les ayuden, empezando por el ejemplo. Ojiplático me quedé hace unos días cuando le dije a una madre (delgada) que tenía que cambiar sus hábitos para que su hijo (con sobrepeso) empezara a comer bien, y ella me dijo "pero al que le sobran kilos es a él, no a mí", porque ella no comía equilibrado, y su hijo tampoco, pero a ella mantenía el peso, pero su hijo no.

Fuente: http://www.bebesymas.com
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23/11/14

¿Es que los niños están dejando de serlo?


Ayer mismo comentaba por Twitter con otra madre que mi hijo, a pesar de no tener aún ni 11 años, un día que me acerqué a dónde estaba con sus amigos me susurró “mamá que me estás avergonzando”.

Esto no me ha causado ningún trauma (al menos evidente), y además en casa tenemos buena comunicación y estas cosas las banalizamos después y nos reímos de ellas… pero da que pensar.

Como también da que pensar que críos de la edad del mío queden a cenar un día a la semana, pero no en casa de alguien, sino en un bar, y que ocupen sus tardes en pasear mochila a la espalda y smartphone en la mano.

Bueno, no soy tan panoli como para creer que hacen algo malo paseándose, pero lo del bar y lo del móvil me descolocan. Con la madre de un amigo hablamos y decimos “con lo felices que son los nuestros explorando caminos de montaña y aventurándose con las bicis”. Si es que no es que los tengamos encerrados, pero el disfrute de su libertad, pasa más por actividades propias de la infancia, ya sabéis, jugar en libertad, etc.

Bueno, a veces también se meten en casa de alguien en la que no hay presencia adulta y ven videojuegos que yo no autorizaría aquí, pero mi responsabilidad ahí está difusa. Si vienen aquí, ya saben que no podrán ponerlos en nuestra consola, pero hay otras posibilidades, y además mis meriendas no están nada mal.

Sé que la infancia es la época para experimentar, para aprender jugando, para desarrollar habilidades sociales que después perfeccionarán, para tener protección y el amor incondicional de los adultos…

Y de un plumazo casi nos la cargamos: entre nuestras exigencias, la escolarización temprana, los estímulos externos a la familia que ni analizamos ni son inocuos, y la presión del entorno y sociedad, favorecemos personitas que biológicamente tienen una edad aunque comportamentalmente parecen tener otra. Como muestra un botón: hace poco la hija de una conocida se escabulló de la fiesta de fin de etapa - Primaria / 12 y 13 años - porque sus amigos lo celebraban con un botellón.

Otra cosa es que según estudios (que comentaré en otra ocasión) la pubertad parece estar adelantándose, es decir desde el punto de vista biológico si que se ha contrastado un desarrollo precoz. Esto también es complicado porque el niño o niña tienen que lidiar con un cuerpo de mayor en una psique de peque, pero como os digo mi tema de reflexión hoy es otro.

Además los adultos somos contradicción (generalizo ¿eh? no os molestéis conmigo por favor) en estado puro. Les compramos un smartphone caro con 10 años - para que lo rompan en pocas semanas -, pero los tenemos hiper protegidos vigilando con lupa sus movimientos desde que sale de clase. ¿En qué quedamos?

Y si me da que pensar que los niños parecen estar “adelantados” (como podríamos decir vulgarmente), aún sorprende más que la adolescencia se prolongue en el tiempo. ¿Qué sentido tiene pretender que nuestro niño “queme etapas” y crezca pronto, si después tiene 25 años y se comporta como un adolescente caprichoso y consumista? Aquí hay algo que no me cuadra.

Fuente: http://www.pequesymas.com
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22/11/14

¿Está mi hijo en riesgo de obesidad? Lo descubrimos con este test

La incidencia de obesidad está en aumento en todo el mundo y los niños no son una excepción. La obesidad infantil acarrea enfermedades graves y también puede provocar problemas psicológicos y sociales. Por ello a menudo os hablamos de cómo prevenirla y os damos consejos para que vuestros niños crezcan saludables con un peso adecuado.

Hoy queremos ofreceros un test para saber si tu hijo está en riesgo de obesidad que, como todos los cuestionarios de este tipo, puede no ser determinante pero sí orientarnos en algunos hábitos que pueden ser perjudiciales para los pequeños y de este modo reducir o prevenir el impacto de la obesidad.

Se trata de preguntas sencillas referidas a niños a partir de tres o cuatro años (algunas, como la de la tele en la habitación, espero que no tan pequeños...) a las que hay que responder con SÍ o NO y dependiendo del número final de contestaciones sabremos en qué riesgo está nuestro hijo de padecer obesidad.

¿Consume su hijo cinco o más frutas y vegetales todos los días?
¿Hay alguna fruta o vegetal que le guste a su hijo comer todos los días?
¿Desayuna su hijo cinco o más veces por semana?
¿Su hijo está frente a la TV, videojuegos o la computadora un máximo de 2 horas diarias?
¿Su hijo asiste a una clase de actividad física o participa en deportes o baile después de la escuela tres o más veces por semana?
¿Tiene su hijo alguna actividad física o deporte que le guste practicar?
¿Cena su hijo en la mesa con la familia por lo menos una vez por semana?
¿Su hijo duerme en una habitación sin televisión?
¿Su hijo consume sus comidas a la mesa, con el televisor apagado?
¿Toma su hijo agua en lugar de refrescos, jugos u otras bebidas con azúcar?

Si hemos respondido NO a cinco preguntas o menos, el riesgo de que el niño presente obesidad es bajo o medio (más bajo a menos NO). Si hemos respondido entre 6 y 8 NO, el riesgo es alto. El mayor peligro de obesidad infantil está si hemos dado 9 o 10 respuestas negativas.

Y es que, como vemos, las preguntas nos presentan hábitos saludables que deberíamos seguir para llevar un peso corporal adecuado (los niños y toda la familia): comer mucha fruta y verdura, hacer ejercicio...

Y aunque hay componentes genéticos y otros factores implicados en la obesidad infantil, sin duda los hábitos de salud tienen mucho que decir al respecto en la mayoría de los casos.

Esperamos que este test para detectar el riesgo de obesidad de los niños os sea útil y ojalá que vuestras respuestas sean afirmativas en la mayoría de los casos, porque significará que lo estáis haciendo lo mejor posible con vuestros hijos.

Fuente: http://www.bebesymas.com
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