23/4/14

¿Pueden las madres pasar los nervios y el estrés a sus hijos a través de la leche materna?

De igual modo que cuando un niño de 6 o 7 meses llora o se queja por algo lo achacamos a los dientes, como cajón de sastre, cuando un bebé pequeño llora a menudo hay quien en sus consejos acaba echando parte de la culpa a la madre con el típico: “es que lo que tienes que hacer es estar más tranquila… te pones nerviosa y claro, le pasas los nervios a través de la leche“.

Y las mujeres, que deben estar ya acostumbradas a ser culpables de todos los males de la humanidad y, obviamente, de todo lo malo que le suceda a su bebé, tratan de respirar hondo, empiezan a pensar en cómo calmarse, recordando que “esto de ser madre no está siendo tan idílico como creía” y sucede lo impensable y necesario, que la madre se echa a llorar sintiéndose aún más presionada.

Y aquí es cuando uno se pregunta: ¿Será verdad? ¿Pueden las madres pasar los nervios y el estrés a sus hijos a través de la leche materna?

Siempre he pensado que no, que los nervios se los pasa uno a un bebé por el simple hecho de estar nervioso. Da igual que sea la madre, el padre o la abuela. Si estás nervioso, si su llanto ya te desespera, si no le estás tratando con cariño, el niño no se va a calmar, porque le coges tenso, le coges con más fuerza y le paseas con un andar menos calmado y parece que los niños eso se lo huelan y digan “yo no quiero que me cuiden así”.

Sin embargo, siempre he oído que la oxitocina es la hormona del amor y que ser amamantado es genial porque provocas la secreción de oxitocina en la madre, que le hace “enamorarse” aún más de ti y porque al segregar oxitocina por la leche, tú también te “enamoras” aún más de tu madre.

La oxitocina es la hormona del amor, y el cortisol, que podríamos decir que es una de sus contrarias, es la hormona del estrés y la ansiedad.

Si la oxitocina pasa a la leche, ¿por qué no puede pasar también el cortisol? Así que tras hacerme esta pregunta empecé a buscar estudios, por si a alguien se le había ocurrido ya estudiar esto y sí, los encontré.

Qué dice la evidencia científica
En un estudio realizado en 2007 con 253 madres y sus bebés de dos meses, se analizó el nivel plasmático de cortisol, que es prácticamente igual al de la leche (a más cortisol en la sangre, más cortisol en la leche) y se evaluó el comportamiento de los bebés, comparado con bebés que tomaban leche artificial.

Los investigadores observaron que cuando las madres tenían niveles de cortisol en plasma más altos los bebés tenían más comportamientos de miedo, que estaban como más alerta. Esto no sucedía cuando los bebés (también con madres con cortisol en plasma alto) tomaban leche artificial.

Con estos datos concluyeron que el modo de vivir o sentir la vida de las madres podía también servir como ejemplo o guía para dar forma al desarrollo del temperamento de los bebés, a través de la leche materna.

Otro estudio de 2013 trató de encontrar el efecto de los niveles aumentados de cortisol en leche materna en 52 madres con sus bebés de 3 meses.

Vieron que había relación entre los niveles de cortisol y la negatividad en el temperamento del bebé (algo así como que a más cortisol, los bebés eran más ariscos), pero al parecer esto sólo sucedió en las niñas, y no en los niños (aunque comentan que estos datos habría que tratar de replicarlos en nuevos estudios). No encontraron relación a la hora de ver si los niños tendían a ser más demandantes con más cortisol, ni hubo diferencias en la capacidad de orientación.

Entonces, ¿los nervios pasan por la leche a los bebés?
Pues vista la evidencia sí, en cierto modo sí, y en parte tiene cierta lógica. Ahora los nervios o el estrés de una mujer no le hace correr peligro, pero hace unos años, o según dónde vivas, el estrés o el miedo pueden ser muy útiles para sobrevivir y huir de peligros o estar en alerta (en situación de conflicto, guerra, etc.).

Si todo ello pasa por la leche al bebé puede hacer que ese bebé, luego niño, sea más capaz de estar en alerta y de encontrar la manera de sobrevivir.

Pero claro, en nuestro medio y en nuestro tiempo no hace falta estar todo el día alerta, así que interesa que la madre esté relajada para que el bebé también lo esté.

Obviamente, de igual modo que no sólo la leche produce el carácter de un bebé para bien, ya que está su genética y sobre todo su entorno directo, tampoco es solo la leche la que produce el carácter para mal. Dicho de otro modo, los nervios o el estrés no los va a tener el bebé sólo por la leche que mame, sino también por el ambiente que viva a diario. Así que tampoco es plan ahora de andar diciendo a la madre que tiene la culpa de que su hijo llore mucho porque le pasa los nervios por la leche.

¿Y qué hacer?
Pues como dijimos hace unos días al hablar de las madres malnutridas, para asegurarnos de que una madre tiene una leche perfecta y en condiciones la madre tiene que estar bien alimentada, y eso supone que su entorno le ayude. Pues bien, en este caso lo mismo, debemos ayudar a las madres a que, si están nerviosas, puedan llevarlo mejor, tanto para que vivan la maternidad de un modo más saludable como para que no afecten a su bebé de manera externa ni de manera interna, a través de la leche.

Para eso necesitan apoyo, un hombro en el que llorar, si hace falta, y estar disponibles para lo que necesiten. Y obviamente, decirles menos eso de “tranquila”, que por decirlo no va a cambiar la cosa.

Fuente: http://www.bebesymas.com
Leer más: http://www.bebesymas.com/lactancia/pueden-las-madres-pasar-los-nervios-y-el-estres-a-sus-hijos-a-traves-de-la-leche-materna 

22/4/14

Cómo vivir con niños altamente sensibles

Niños con los cinco sentidos a flor de piel.

A veces los padres nos encontramos con niños que son especialmente temerosos a todo, no quieren probar a hacer cosas nuevas, son quejicas y parece que todo les molesta (los ruidos, la gente). Aunque tratamos de explicarles que las cosas no son tan exageradas parece que no lo entienden, cosa que nos desespera porque no sabemos cómo conseguir que cambien.

Lo primero que tenemos que saber es que nuestro hijo no es ningún cobarde y que no tiene por qué serlo en un futuro. Probablemente nos encontramos ante un niño con un rasgo de alta sensibilidad. Una de cada 5 personas tienen un sistema nervioso altamente sensible. Esto quiere decir que tiene una mayor capacidad para recibir estímulos a través de los sentidos, por lo que sienten de manera incrementada lo que otras personas percibimos de forma normal.

Lo primero que tenemos que aceptar como padres es que esto es un rasgo como puede ser la timidez, no se puede cambiar aunque sí se puede aprender a modular. Podemos conseguir potenciar lo que esta forma de percibir el mundo tiene de positivo y ayudarles a disminuir los aspectos negativos.

Otros rasgos que pueden ir asociados a un niño con alta sensibilidad pueden ser: asustarse con facilidad, que no le gusten las sorpresas, que suela ser muy observador e intuitivo, más interesado por las cosas de adultos, inseguros, perfeccionista, creativo, aficionado a los juegos tranquilos y muy sensible al dolor (puede resultar quejica), a los ruidos o por ejemplo a la ropa (todo le pica). Si no se canaliza bien este tipo de rasgo en un futuro pueden volverse una persona insegura, tener problemas a la hora de relacionarse con los demás ya que se hacen muy sensibles a las críticas o padecer diferentes trastornos de ansiedad.

Las pautas que tenemos que tener en cuenta para poder ayudar a un niño altamente sensible son:

• Potenciar la parte creativa: intentar buscar alguna disciplina que les guste (música, baile, fotografía) ya que les ayudará a mejorar su autoestima, además de permitirle tener una vía para canalizar parte de ese exceso de estímulos que perciben.

• Los enfrentamientos a aquellas situaciones que les generan ansiedad deben ser muy paulatinos y constantes. Es mejor hacer un enfrentamiento pequeño a diario o semanal, que un gran enfrentamiento al mes.

• Dejar que liberen y expresen sus emociones, aunque nos puedan parecer excesivas, ya les iremos ayudando a modularlas. Reprimirlas solo les llevará a sentirse más inseguros.

• Mostrar empatía con ellos. No eligen ser así, no pueden evitarlo.

• Cuando haya que poner límites intentar no meter carga emocional del tipo “eres malo” o “eres un desastre”, ya que ese tipo de críticas las hacen muy personales y se las toman muy en serio generando ansiedad e inseguridad.

• Jugar a romper normas para que vayan viendo que no pasa nada.

• Juegos de experimentación.

• Fomentar las amistades ya que a veces prefieren no quedar con gente porque se sienten muy agredidos en cuanto alguien les dice algo.

Un niño altamente sensible tiene mucho potencial, solo tenemos que tener un poco paciencia para ayudarle a canalizar y modular todo ese exceso de información. Si vamos poco a poco, nuestro hijo se desarrollará de una forma saludable con un gran nivel de creatividad y sensibilidad.

Autor: Almudena Martínez Alonso. Psicóloga
Fuente: http://espectacularkids.com
Leer más: http://espectacularkids.com/blog/es/como-vivir-con-ninos-altamente-sensibles/ 

21/4/14

¿Cómo estimular el desarrollo lingüístico del bebé?


El lenguaje no se puede “practicar”, el bebé nace con la capacidad lingüística que le permitirá, poco a poco, desarrollar el lenguaje. A no ser que existan problemas , a través de un comportamiento adecuado podemos estimular el desarrollo lingüístico del bebé.

No se trata de intentar que hable antes y mejor, porque existen ciertas limitaciones que solo con el paso de los meses, conforme vaya creciendo, el bebé irá superando. Pero sí podemos mostrarnos “abiertos” a una comunicación más efectiva con el bebé y permitirle que desarrolle todo su potencial, estimulándolo.

Es decir, lo que queremos es potenciar un entorno enriquecedor. Está comprobado que la educación, ingresos o estatus social, el ambiente familiar o la condición psicológica de los padres influyen en el desarrollo lingüístico de los hijos. Veamos cómo comunicarnos mejor con el bebé.

Consejos para estimular el desarrollo del lenguaje del bebé
Aunque existen unos límites naturales para que el bebé emita sus primeras sílabas (y no digamos ya palabras o frases), podemos hablarles desde su nacimiento. De hecho, desde el vientre materno ya reconocen la voz de la mamá. Ese sonido les tranquilizará una vez nacidos.
Por lo tanto, hay que hablar desde el principio con el bebé. Nuestro tono y los sonidos inducen al bebé no solo al reconocimiento sino a la imitación. El bebé imita los sonidos articulatorios, que aún no tienen significado para él.

Hay que responder a los sonidos que emite el bebé para que este comprenda pronto el carácter comunicativo del lenguaje.

No solo se comunican con palabras: los gestos y ruidos (chasquidos, pedorretas…) que podemos enseñarles son unos de los primeros mecanismos comunicativos de los bebés.
Se ha de utilizar palabras y frases sencillas y repetirlas múltiples veces para los objetos cotidianos o seres familiares, de modo que el bebé empieza a entender la relación entre el lenguaje y la realidad.

Esto no significa que utilicemos continuamente diminutivos o palabras inventadas, ya que entraría en lo que no se debe hacer para estimular el lenguaje infantil según algunos estudiosos.

También podemos emplear frases más complejas, conviene que les cantemos o contemos cuentos… Las melodías les calman y resultan muy agradables. Nunca es pronto para empezar a contarles cuentos y los niños son “esponjas” que van aprendiendo vocabulario mucho antes de que puedan hablar.

Comentemos lo que estamos haciendo en cada momento (“te peinamos con el cepillo, te lavamos la carita, ahora vamos a comer…”) para que el niño haga sus conexiones y entienda distintas acciones y el paso del tiempo cuando se repita una frase referida a la misma acción.
Dale tiempo al bebé para que pueda “contestar”, deja espacios entre tus comentarios, anímalo a “hablar” con sus ruidos, pedorretas, sílabas… Hazle preguntas y no solo afirmaciones.

Juega mucho con el niño: el juego es el mejor modo de aprendizaje y mediante este interactuamos con el bebé. Que juegue también con otros niños mayores que le puedan hablar (hermanitos, primos, vecinos…).

Los libros, música o los juguetes interactivos estimulan y desempeñan un papel activo en el desarrollo del cerebro y la capacidad del lenguaje. Deja libros y juguetes a su alcance.
Las primeras interacciones de los bebés son para pedir cosas (agua, muñecos, galleta…), lo hacen mediante gestos o sonidos más adelante. Cuando pase el tiempo y el niño ya emita sus primeras palabras, no se lo des enseguida: anímalo a pedirlo de otro modo porque así se esforzará por emitir nuevos sonidos, ya que a estas alturas ya sabe cómo se llama lo que desea.

No compares, cada niño va a su ritmo, muy pequeños ya pueden sentir presión o decepción por nuestra parte y esto provocaría un efecto contrario al que deseamos.

Si con el paso de los meses observas que el bebé no hace ningún avance lingüístico, puede que nos encontremos ante algún trastorno del lenguaje. Consulta al pediatra, aunque probablemente si existe un problema grave ya lo habrán detectado, por lo que lo más seguro es que se trate de un simple retraso.

En definitiva, la recomendación general para estimular el desarrollo lingüístico del bebé es que nos comuniquemos mucho con él, que lo cuidemos dedicándole el tiempo suficiente porque de este modo estará todo listo para un adecuado desarrollo en muchos más sentidos.

Fuente: http://www.bebesymas.com
Leer más: http://www.bebesymas.com/desarrollo/como-estimular-el-desarrollo-linguistico-del-bebe 

20/4/14

Evita pasar hambre durante el embarazo


Ni por exceso de ganancia de peso, ni por olvido, ni por capricho: la embarazada ha de evitar pasar hambre porque esto puede afectar al desarrollo de la gestación y a la salud del feto. Incluso, pasar hambre durante el embarazo se ha relacionado con problemas de salud en la vida adulta del futuro hijo.

Aunque no es saludable ganar excesivo peso, no es necesario pasar hambre para controlar ese aumento de kilos durante el embarazo y mantenerse en un peso ideal, pues llevando una dieta sana y equilibrada, además de practicando ejercicio, controlaremos este punto.

Es normal tener más apetito durante el embarazo que en otras etapas de la vida, nuestro cuerpo necesita más aporte energético porque se está gestando una vida en nuestro interior. Por eso, ante el hambre irresistible durante el embarazo, escoge tentempiés saludables.

Haz cinco comidas ligeras al dia (o tres comidas más fuertes y dos tentempiés saludables que mitiguen el hambre), come mucha fruta y verdura que te ayudarán a mantener el peso, a aportar vitaminas y otros nutrientes necesarios, así como fibra para estar mejor.

Come alimentos de todos los grupos pero en raciones justas, ni excesivas ni escasas. Bebe mucha agua y zumos naturales que ayudarán a estar hidratada. El caso es no pasar hambre durante el embarazo para no correr riesgos, desde mareos o bajadas de tensión a partos prematuros.

Y es que los ayunos durante la fase final del embarazo (debidos a motivos religiosos o a otros motivos) se han relacionado con un aumento de los partos prematuros en algunos estudios, aunque en otros se descarta esta influencia. Lo que sí está claro es que los bebés nacen con un peso corporal menor que los de las madres que no ayunan.

Otro tema es la hambruna que las madres pasan por necesidad, o bien en épocas de crisis o bien en países en desarrollo. Esta hambruna en el primer trimestre del embarazo, que puede afectar al desarrollo cerebral del feto, se ha relacionado con un aumento del riesgo de las adicciones y de trastornos como esquizofrenia en los hijos.

Sea como sea, ya que no se nos ocurriría hacer pasar hambre a nuestros bebés o niños, no deberíamos hacerlo tampoco durante la gestación: evita pasar hambre durante el embarazo y será una etapa más saludable, para ti y para el bebé.

Fuente: http://www.bebesymas.com
Leer más: http://www.bebesymas.com/nutricion-embarazo/evita-pasar-hambre-durante-el-embarazo 

19/4/14

Las cosas que dijimos que nunca haríamos cuando tuviéramos hijos


Cuando uno se encuentra rodeado de criaturas en todo momento, llega el día en que nos olvidamos que en algún momento de nuestras vidas éramos sólo dos, incluso es posible que haciendo un esfuerzo podamos recordar que un día fuimos sólo uno.

En esa época más o menos feliz de nuestra vida pre-hijos nos dio tiempo, sobre todo en esa fase en la que el reloj biológico comienza a hacer tic-tac, en que al fijarnos en la forma de actuar de otros padres nos hemos dicho para nuestros adentros o comentado con nuestra pareja eso de “yo nunca haré eso”. Esta es una breve recopilación de algunas de esas cosas que dijimos que nunca haríamos cuando tuviéramos hijos.

Nuestros hijos no se van a comportar así en público
Cuántas veces habremos estado en algún restaurante, terraza o piscina en la que hay varios adultos con uno o más niños que no paran de correr de un sitio para otro, que saltan por todos lados sin el mayor control. Cuántas veces habremos pensado eso de, “mis hijos no se van a comportar así” y cuántas veces hemos ido nosotros a algún restaurante en que la comida se ha demorado más de la cuenta y nuestros hijos se han empezado a comportar como lo que son realmente, niños.

No pienso darles comida basura
Está muy bien eso, de hecho, la llegada del primer hijo suele ser uno de los motivos por los cuales nos empezamos a preocupar por nuestra alimentación y la de ellos. El problema llega cuando se hacen un poco mayores y tenemos que alternar tardes de parque, baños, juegos, peleas, ordenar por decimoquinta vez el salón y cuando te das cuenta dan las nueve en el reloj, llevas tres días sin tiempo para ir a la compra y todo lo que tienes en la nevera que pueda ser digerido por un estómago humano viene en cajas de cartón, y eso con suerte.
Nunca dejaré que mi casa esté así de desordenada

Te contaré un secreto, los niños y el desorden son seres simbióticos. Los niños necesitan eso que nosotros llamamos desorden y ellos despliegue del catálogo de juguetes en zona peatonal y el desorden necesita de los niños porque es con ellos cuando llega a su máximo desarrollo (aunque hay científicos que ponen en duda esta afirmación en preferencia a la adolescencia). Hazte a la idea, si tu casa permanece ordenada más de 24 horas seguidas es porque tus hijos se han quedado a dormir en casa de los abuelos. 

Míralo por el lado bueno, si un día entramos en guerra estás más que entrenado para caminar sobre campos minados.

No pienso llegar a última hora a los sitios
La puntualidad, esa cualidad que tan poco abunda en los seres humanos. Recuerdo que yo era de los que llegaba diez minutos antes a los sitios. Ahora si llego en punto es porque alguien mintió en la hora.

Y es que tu empiezas a prepararte y aparece el mayor diciendo que tiene hambre y quiere un bocadillo, es el segundo que se come y la sexta vez que le preguntas si quiere algo más de comer, pero es justo cuando abres el grifo de la ducha cuando le entra el hambre. Preparas un bocadillo y como ya eres un poco perro viejo, le preparas otro al pequeño por eso del culo veo, culo quiero. Te metes en la ducha y no te ha dado tiempo a coger el bote de gel cuando aparecen dos cabecillas entre la mampara. “Es que nos queremos duchar contigo” Y la ducha de 5 minutos pasa a 25. 

Comenzáis a vestiros y eso parece el backstage de un desfile de modelos, todo el mundo corriendo de un lado a otro en bolas o en paños menores, probándose ahora una camisa, luego un pantalón, papá este no me entra, ahora me pongo el jersey del revés, mamá pepito me ha cogido mis calcetines y se los está comiendo

-¡Devuélvele los calcetines a tu hermano! 
-!No, míos¡ 
-Uf, no llegamos. Coge otros del cajón.
-¡Yo quiero esos! 
-Pues esos están empapados. 
-Pues yo no quiero otros 

Media hora más tarde, tres berrinches y un par de calcetines mojados, vais 10 minutos tarde y os acabáis de montar en el coche. 

-Papá, me hago piiiis.
Tendremos suerte si llegamos al postre.

Nada de tele
Otro buen propósito y sé de gente que lo ha conseguido y todos siguen vivos y cuerdos. Pero es que la tele es muy peligrosa. Un buen día enciendes la tele y como por arte de magia se hace el silencio, tu hijo está absorto mirando la pantalla. Entonces decides darte una ducha, por primera vez en meses, de más de cuatro minutos, lujazo. Luego vas cogiendo confianza y la usas para poder limpiar la casa, preparar la comida, mantener una conversación coherente con algún adulto y cuando te das cuenta les tienes delante de la tele toda la tarde. Menudo peligro.

Con los hijos no se negocia
Les puedo decir que nuestras cenas no tienen nada que envidiar a las transacciones comerciales del Gran Bazar. Cómete el pollo o no hay postre. Tres trozos no, por lo menos la mitad. Vale, seis trozos y dos cucharadas de guisantes. He dicho que dos. Y así van pasando los días.

Si tengo que hacer eso me muero de vergüenza
Este sigue siendo el punto que más me está costando. Soy muy vergonzoso y sólo pensar en ponerme a cantar soy una taza, una tetera en medio del parque hace que me caigan ríos de sudor frío por la espalda. Aún así, hay cosas que aún muerto de vergüenza, he llegado a hacer por mis hijos y las que me quedan por hacer.

Anda que no tendrá otro sitio donde ponerse a hacer pis
Nunca me ha importado donde y cuando hace pis un niño, pero si lo he oído comentar a gente. Y es que cuando tu hijo está en esos días en que le acabas de quitar el pañal, incluso unos cuantos meses después, si tu hijo dice “papá me hago pis” sabes que tienes segundos para encontrar dónde y que un niño en esas edades no entiende eso de ¿no puedes aguantarte hasta encontrar una zona habilitada para tal menester?

El niño en su habitación desde el primer día
Otra afirmación muy típica en algunos sectores o bajo ciertos métodos de crianza. Y hay que decir que dormir con tu hijo en la misma habitación puede tener muchos inconvenientes y el descanso se hace difícil hasta que te acostumbras. Porque a todo se acostumbra uno, de eso no hay duda. 

Lo que suele suceder es que al principio el bebé necesita atenciones cada cuatro horas como máximo y claro, eso de ir hasta la habitación del bebé, sacarle de la cuna, sacar la teta o calentar el biberón, mantenerse despierto y volverlo a dejar todo en su sitio para volver a repetirlo tres horas más tarde, termina por ser de lo más tedioso, así que muchas veces la cuna pasa a compartir espacio con el lecho conyugal.

Nunca diré “porque lo digo yo”
Estamos de acuerdo, no es ninguna victoria, pero hay veces que no hay más remedio que zanjar una discusión que amenaza con alargarse durante el resto de la tarde entre no, no puedes ver la tele y el si, si que puedo. No siempre estamos al 100%, no todos los días tenemos la paciencia y la mano izquierda que nuestros hijos necesitan. Podríamos tomarlo como un mal menor, una válvula de escape que mantiene la presión justa evitando el estallido y que todo termine en algo mucho peor, y que sólo un padre sabe lo cabezones que pueden llegar a ser los niños.

Fuente: http://www.bebesymas.com
Leer más: http://www.bebesymas.com/ser-padres/las-cosas-que-dijimos-que-nunca-hariamos-cuando-tuvieramos-hijos 

18/4/14

El pelo del recién nacido


Aunque nos intentamos imaginar el aspecto de nuestro bebé con un pelo parecido al de los papás, cuando nace no se asemejará demasiado. De hecho el cabello con el que nace el bebé poco tiene que ver con el que tendrá más adelante él mismo o ella misma.

Tu bebé recién nacido puede ser completamente calvo o tener una mata espesa de pelo, aunque la mayoría se sitúa en un punto intermedio, con un suave y fino cabello que cubre parcialmente la cabeza del bebé al nacer.

De todas formas, es muy posible que no sepamos bien cómo tiene el pelo al nacer ya que la vérnix caseosa, esa sustancia sebácea que recubre el bebé recién nacido y que se suele quitar precipitadamente, altera el aspecto de la piel y pelo del niño, junto a restos de sangre que pueden quedar en la cabecita.

Respecto al color del pelo del bebé estará determinado por los genes heredados del padre y de la madre, pero al nacer puede que tengamos dudas de hacia dónde “irá” ese pelo.

Esto es así porque si el bebé “cambia” el pelo lo hará con las células responsables del color del pelo (melanocitos) más maduras: por eso también puede cambiar el color de los ojos del bebé. Como el pelo prenatal con el que nace se suele caer en los primeros meses de vida, el pelo nuevo puede variar de color y de textura.

Es posible que no notes demasiado la caída de pelo y aunque veas que en la cunita el bebé deja finos pelos cada día, no llega a quedarse calvo. Esto es porque al mismo tiempo ya le están saliendo nuevos cabellos.

No le tengas miedo al primer corte de pelo (fuera mitos sin ninguna base científica), aunque este puede esperar si es invierno y hace frío o si ves que los cabellos se le caen. Pero es perfectamente posible cortarle el pelo al bebé sin que esto le produzca ningún daño, no es perjudicial para el niño (ni tampoco trae beneficios especiales).

Junto al cabello, podemos hablar de otra pilosidad que cubre al bebé, el lanugo, un vello corporal que surge en el feto a partir de las 13 semanas de gestación y que se pierde alrededor de la semana 40 (por eso es más frecuente en niños que nacen prematuros y menos en bebés postmaduros).

El fino lanugo suele cubrir hombros, espalda, frente y sienes de los bebés a término y a menudo se desprende después de una semana de vida.

En definitiva, tenemos que esperar al nacimiento del bebé para ver cómo será su pelo, pero muy probablemente este cambiará en los próximos meses. Después ya dependerá de nosotros el peinado que queramos hacerle y unos años más tarde ya será decisión de ellos…

Fuente: http://www.bebesymas.com
Leer más: http://www.bebesymas.com/recien-nacido/el-pelo-del-recien-nacido 

17/4/14

El cordón umbilical en el recién nacido: todo lo que hay que saber


El cordón umbilical en el recién nacido es algo así como lo último que queda de la unión física interna que había entre el bebé y su madre. Permanece durante unos cuantos días, secándose, hasta que se cae y aunque no hay que hacer mucho para que eso suceda, sí hay que tener en cuenta algunas recomendaciones.

Las dudas más frecuentes son: ¿cuándo curarlo? ¿Cómo hacerlo? ¿Puedo bañar al bebé o es mejor esperar? ¿Qué hacer en caso de que tenga mal aspecto? ¿Qué hacer cuando ya se ha caído? Así que a continuación vamos a hablar de todo ello.

Cuándo cortarlo
Antes de entrar en detalle en nuestra función como padres y madres cuidadores de nuestro bebé y su cordón os comento brevemente un punto muy interesante e importante acerca del momento en que se recomienda cortar el cordón tras nacer.

Habréis visto en las películas que una vez nace el bebé lo primero que se hace es pinzar el cordón, si puede ser con los cordones de un zapato para que la cosa quede más emocionante, e inmediatamente cortarlo, como para salvar la vida del bebé y la madre.
Todos pensábamos que eso era lo lógico y necesario, hasta que hace unos años se empezó a cuestionar esta práctica y numerosos estudios empezaron a demostrar que no, que lo recomendable es esperar un poco.

Ya en Bebés y más hablamos de ello comentando algunos de esos estudios, y la OMS sugiere también que lo recomendable es esperar entre 30 y 120 segundos tras el nacimiento, con el fin de que el bebé tenga menor necesidad de transfusión de sangre (y menores probabilidades de sufrir anemia) y menor riesgo de hemorragia intraventricular.

Ahora bien, el pinzamiento tardío de cordón sólo se puede hacer en caso de que no se vaya a donar la sangre del cordón umbilical, ya que si se va a hacer la donación de esas células sanguíneas el pinzamiento debe ser inmediato.

El cuidado del cordón del recién nacido
Una vez nace, se done o no se done, se corte antes o después, la porción de cordón que está unida al bebé permanece ahí, saliendo de su ombligo, fresquita al principio, hasta que, unos días después, seca y momificada, cae. Lo habitual es que caiga en el transcurso de la primera semana, pero a veces llega a tardar de dos a tres semanas.

Cordón umbilical bebé
La recomendación habitual es la de curarlo con alcohol de 70 grados empapado en una gasa que debe envolver el cordón. Según el hospital, al alcohol se le añade antiséptico, siendo de elección la clorhexidina (la povidona yodada no debe utilizarse en bebés y la mercromina colorea el cordón, dificultando su valoración).

Esto se hace dos o tres veces al día, dejando el pañal doblado para que no lo presione ni sostenga fijo, ya que si siempre está en la misma posición la parte inferior del cordón quedará más fresca que el resto y tardará más en secarse.

¿Y si no lo curamos?
En una revisión de estudios realizada por la OMS en 2004, en que se incluyeron 22 estudios con 8.959 bebés, vieron que era indiferente cómo se curara el ombligo al comparar el uso de antiséptico con el cuidado del cordón en seco.

Es decir, que aquellos padres que no hicieron nada más que mantener el cordón del bebé seco tuvieron el mismo pronóstico (el mismo número de infecciones de cordón en el bebé) que aquellos que lo curaron con antiséptico o con algún placebo.

Ahora bien, los autores de la revisión consideraron que hacía falta más evidencia y que en aquellos lugares donde el riesgo de infección bacteriana es alto (allí donde haya poca higiene, mala alimentación, etc.) se utilice antiséptico.

¿Puedo bañar al niño si aún no se le ha caído el cordón?
Sí, se puede bañar al bebé cuando aún no ha caído el cordón, aunque teniendo en cuenta que lo interesante es que se vaya secando, parece que lo más lógico es no hacerlo. En caso de bañarlo lo importante es después secar bien el cordón con gasas, para que quede limpio y seco. En caso de no bañarlo con inmersión del cuerpo, podemos hacer el llamado lavado del gato, con esponjita, agua y un poco de celeridad.

¿Y si tiene mal aspecto?
En caso de que huela mal, haya secreciones o sangre (que manche un poco de sangre en la camiseta es normal, pero si vemos que está sangrando, no) debemos acudir al pediatra, ya que probablemente haya que hacer uso de antibiótico para evitar la infección del mismo. Si sangra, se recomienda poner gasas y hacer presión en el lugar de sangrado para contener la hemorragia (y acudir igualmente al pediatra para que lo valore).

¿Qué hacer cuando el cordón umbilical ya ha caído?
Observar cómo ha quedado el ombligo, ya que puede haber un pequeño granuloma (como un trozo de cordón fresco de tamaño variable, que puede llegar a ser del tamaño de un garbanzo) que deberá de nuevo secarse y caer y que deberemos tratar de nuevo como si fuera el cordón. En tal caso, puede ser interesante acudir a la enfermera para que le eche un ojo (sin prisa), por si considera necesario el uso de nitrato de plata para ayudar a reducir el tamaño del granuloma y disminuir el riesgo de infección.

Si no hubiera granuloma se recomienda seguir controlando el cordón unos días más. En mi centro de salud decimos que al segundo día de caer empiecen a bañarlo si quieren, todo depende de si ya lo estaban bañando o no, porque si lo hacían lo único que deben seguir haciendo es mantener seca la zona.

¿Y si aún mancha?
Sucede a veces que el cordón ya ha caído, tratamos de abrir el orificio del ombligo para mirar si queda algo de cordón y, no viendo nada, veamos que aún a veces se mancha la camiseta o el pañal con unas gotas de sangre. La recomendación habitual es ir limpiando hasta que deje de suceder, pero en mi experiencia personal y en la consulta me ha funcionado mejor no hacer nada. Es decir, dejar que salga un poco de sangre, que se manche la zona del ombligo, que se seque, y en vez de retirar esa sangre seca, dejarla para que haga de tapón. El cordón no sangra más y un buen día esa “costrita” cae y listo.

Fuente: http://www.bebesymas.com
Leer más: http://www.bebesymas.com/recien-nacido/el-cordon-umbilical-en-el-recien-nacido-todo-lo-que-hay-que-saber