8/4/15

Los ruidos fuertes modifican el cerebro: cuida los oídos de tu bebé


El bebé es un ser oyente desde que se encuentra en el útero materno. Aproximadamente a las catorce semanas comienza a oír los sonidos provenientes del exterior y alrededor de las 22 semanas el oído ya ha completado su desarrollo, por tanto debemos cuidar los oídos del bebé incluso desde el vientre materno.

Un estudio reciente sobre los efectos de la exposición al ruido ha concluido que los ruidos fuertes modifican el cerebro hasta el punto de que influye en la interpretación del habla, provocando una creciente dificultad para distinguir los sonidos del discurso.

Según el último estudio de la Escuela de Ciencias Conductuales y Cerebrales de la Universidad de Texas en Dallas publicado en la revista Ear and Hearing, la publicación oficial de la American Auditory Society, escuchar de forma continuada algún sonido o ruido demasiado alto no sólo provoca sordera con el tiempo, sino que también afecta a la zona del cerebro que procesa sonidos.

Aunque el estudio fue realizado en ratas, observaron que esta zona se iguala a una región cerebral del ser humano cuya función es procesar sonidos relacionados con el habla, de modo que exponer al bebé a ruidos fuertes, incluso desde el vientre materno, podría repercutir en un deficiente desarrollo del habla.

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7/4/15

El estrés en el embarazo podría afectar durante generaciones


Para entender cómo los partos prematuros están influenciados por el estrés, un equipo de investigadores de la Universidad de Canadá realizó un estudio en ratas que concluye que el estrés en el embarazo pasa de madres a hijas y que además, va aumentando en cada generación.

El estrés materno es una de las principales causas de parto prematuro en la actualidad, por eso se cree que hay que tener en cuenta la experiencia de nuestras madres y abuelas a la hora de prevenir un parto antes de tiempo.

Los científicos analizaron los embarazos en cuatro generaciones de ratas y encontraron que los efectos epigenéticos del estrés heredados de los antepasados podrían afectar a los embarazos durante generaciones.

"Se demuestra que el estrés a través de generaciones se convierte en lo suficientemente potente como para acortar la longitud del embarazo en ratas e inducir rasgos característicos de parto prematuro humano. Un hallazgo sorprendente fue que el estrés entre leve y moderado durante el embarazo tenían un efecto compuesto a través de generaciones. Así, los efectos de la tensión se hicieron más grandes con cada generación", señala la autora principal del estudio, Gerlinde Metz.

De modo que, evitar el estrés en el embarazo tendrá beneficios a largo plazo en futuras generaciones. Con más conocimiento sobre estos mecanismos, puede ser posible además predecir y prevenir el embarazo prematuro, así como también otras enfermedades.

Si bien los partos prematuros son desencadenados por diversos factores, el estrés sufrido en el embarazo por nuestras madres, abuelas, bisabuelas, etc. podrían influenciar en el riesgo de complicaciones en el embarazo y el parto.

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6/4/15

Los niños que ven cocinar en casa eligen alimentos más saludables


No hay nada mejor que dar ejemplo. Lo que los niños ven en casa lo asumen como normal y a partir de allí crean sus propios hábitos tanto en el trato hacia los demás, en los deportes, y en todos los ámbitos. Por supuesto, también en cuanto a la alimentación.

Por eso es tan importante meterlos en la cocina desde que son pequeños, dejarles jugar con los alimentos, cocinar juntos, mancharse y experimentar con los ingredientes.

Según un grupo de científicos del departamento de Ciencias Nutricionales de la Universidad Estatal de Pensilvania (EEUU), los niños que ven a sus padres cocinar durante más tiempo en casa toman decisiones más saludables a la hora de escoger sus propios alimentos.

Al analizar el comportamiento de 61 niños de entre cuatro y seis años, quienes podían comer libremente los alimentos que quisieran, desde galletas de chocolate hasta verduras y frutas, encontraron que en aquellas familias donde se dedicaba más tiempo a cocinar en casa, los niños escogían alimentos más saludables.

Los niños en cuyas casas se cocinaba hasta 16 horas a la semana, eran precisamente los que habían escogido comidas menos calóricas, frente a los que apenas dedicaban 60 minutos, independientemente del nivel socioeconómico de la familia.

Si los niños están en contacto con una variedad de alimentos, con sus sabores y texturas desde que comienzan a introducir los sólidos en su alimentación podrán establecer una relación más saludable con ellos.

Meterlos en la cocina con nosotros, vernos cocinar y participar de la preparación de las comidas desde que son pequeños hará que además descubran todo un mundo de posibilidades que repercutirá en mejores hábitos alimenticios.

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5/4/15

¿Embarazada? Consume alimentos ricos en hierro


La anemia es una de las enfermedades que pueden complicar el embarazo si no se mantiene a raya. Durante la gestación aumenta el volumen del plasma sanguíneo por lo que la mujer necesita aumentar el consumo de alimentos ricos en hierro para garantizar el aporte de oxígeno que requiere el bebé para crecer sano.

Aproximadamente la mitad de las embarazadas presenta algún grado de anemia, especialmente a partir de la semana 20 de gestación, sin embargo no siempre son necesarios los suplementos nutricionales de hierro pues pueden incrementar el riesgo de parto prematuro y bajo peso. La mayoría de las veces basta con asegurarse incluir en la dieta de la embarazada alimentos que proporcionen la dosis de hierro necesaria.

Las necesidades de hierro en el embarazo aumentan de 1-2,5 mg/día al principio hasta 6,5 mg al final del embarazo. Una dieta equilibrada es suficiente para compensar esta requerimiento pues el organismo de la embarazada es tan sabio que también va aumentando la capacidad de absorción del hierro a medida que avanza la gestación.

Por tanto, lo que debes procurar es ingerir alimentos con alto contenido de hierro como por ejemplo acelgas, espinacas (y vegetales de hoja verde en general), almendras, lentejas, pescados y mariscos y carnes rojas

Es importante también combinar estos alimentos con alimentos ricos en vitamina C, como kiwi, naranja o limón, ya que contribuyen a que el hierro sea mejor absorbido por el organismo.
Por su parte, hay alimentos que limitan la absorción de hierro como los lácteos, por tanto se deben consumir en tomas distintas a las que contienen hierro. Además, se debe limitar el consumo de café y té que también impiden su absorción.

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4/4/15

Las mujeres que son madres con más de 33 años podrían vivir más tiempo


¿Cómo es posible que haya personas que vivan 95 o más años? ¿Cuál es el secreto para llegar a los 100? ¿Cuál la explicación? Unos investigadores decidieron buscar cuáles son las posibles causas de que haya hombres, y sobre todo mujeres, que lleguen a vivir tantos años y, curiosamente, podría tener relación con la edad al tener el último hijo.

Seguro que no es el único factor, y quizás no haya relación de causalidad, pero en un estudio reciente se ha visto que las mujeres que son madres con más de 33 años podrían vivir más tiempo que las que tienen su último hijo antes de los 30.

Datos del estudio
El estudio que comentamos se llevó a cabo en la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston. Se trata de un estudio que forma parte de una investigación mayor: "Estudio Familiar de la Vida Larga", en que se está analizando genéticamente a 551 familias con miembros que vivieron hasta edades muy avanzadas.

Para este estudio en concreto se utilizó una muestra de 462 mujeres. Anotaron cuándo nació el último hijo concebido de manera natural y luego la edad que tenían las mujeres al morir.
Vieron que cuando las madres tenían más de 33 años tenían el doble de probabilidades de vivir hasta los 95 años o más que las mujeres cuyo último hijo había nacido antes de los 30 años.

Pero, ¿tiene relación una cosa con otra?
Esta es la gran duda. Tal y como se explica, algunas madres pudieran decidir esperar un poco a tener el último hijo para conseguir esa prolongación de la vida. El problema es que los investigadores no han podido demostrar que haya causalidad.

De hecho, sugieren que la cosa va un poco al revés: algunas mujeres tienen variaciones genéticas que les permiten tener hijos con una edad más avanzada, a veces bien pasados los 40 años (de modo natural). Esta genética podría estar vinculada con vivir una vida más larga.

Dicho de otro modo, no viven más porque deciden tener hijos con más de 33 años, sino lo contrario, viven más porque son mujeres con genética de vida larga que, curiosamente, les permite ser madres con más años que las demás.

En palabras de Thomas Perls, uno de los autores del estudio, tal y como nos cuentan en Medline:

Si una mujer tiene esas variantes, puede reproducirse y tener hijos durante más tiempo, aumentando sus probabilidades de pasar esos genes a la próxima generación [...] La capacidad natural de tener un hijo a una edad más avanzada probablemente indique que el sistema reproductivo de una mujer envejece con lentitud, y por tanto, lo mismo sucede con el resto de su cuerpo.

Los investigadores creen que esa genética especial podría explicar que el 85% de las personas que viven más de 100 años son mujeres.

Otros estudios anteriores habían encontrado que las mujeres que tenían hijos después de los 40 años tenían cuatro veces más probabilidades de vivir más de 100 años que las demás.

Así que, si sois una de esas madres capaces de tener un hijo concebido de manera natural después de los 33 años, sabed que podríais tener esa variante genética que os permitiría vivir más años que el resto.

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3/4/15

¿Digestiones pesadas durante el embarazo? Consejos para prevenirlas


La indigestión es una sensación de malestar en el estómago después de haber comido que se produce con cierta frecuencia durante el embarazo y que se puede manifestar de modos diversos: dolor, acidez, sensación de llenura o pesadez... Tener una digestión pesada durante el embarazo es habitual pero, ¿qué podemos hacer para pevenirla?

La indigestión en el embarazo se produce sobre todo en el tercer trimestre, cuando aumentan las molestias debido al tamaño mayor del feto, que apenas deja espacio para el estómago y otros órganos del aparato digestivo.

Resumiendo, el embarazo cuando avanza origina un desplazamiento del estómago e intestinos que puede ocasionarte algunas molestias en la digestión. Es decir, que el espacio que en nuestro estómago antes se dedicaba a la acogida de la comida y a la realización de la digestión, ahora apenas hay cabida para los alimentos justos.

Además, la acidez se produce cuando el esfínter que separa el estómago del esófago se relaja y deja que los ácidos estomacales alcancen el esófago, notamos cómo "sube" un ardor, a veces incluso "intentan salirse" algunos alimentos a medio digerir. Esto puede provocar el vómito en algunas mujeres embarazadas que sufren náuseas habitualmente.

Este problema de acidez se agrava en la recta final del embarazo, ya que el mayor tamaño del útero presiona y desplaza el estómago hacia arriba.

Pero también es probable que tengas indigestión al principio del embarazo y no solo en el tercer trimestre. Ello es debido a que los movimientos gastrointestinales se ralentizan por las grandes cantidades de progesteona y relaxina que produce el cuerpo (lo cual provoca a su vez un aumento de gases). Y aunque para la futura mamá sea incómodo, esta lentitud es beneficiosa para el bebé, ya que se permite una mayor absorción de los nutrientes.

Pero la causa principal de las digestiones pesadas es la misma que en el resto de personas: un exceso de comida. Si "nos pasamos" a la hora de comer o tomamos alimentos pesados es muy probable que se produzca ardor de estómago o acidez, dolor e incluso angustia. Por ello vamos a traer las recomendaciones para una buena digestión durante el embarazo.
Indigestión durante el embarazo

Consejos para una buena digestión durante el embarazo
A lo largo del embarazo, evita un aumento excesivo de peso, ya que, entre otros inconvenientes y riesgos, ese mayor volumen hace que el estómago se vea más oprimido.

Evita las comidas pesadas, esto es, con exceso de grasas, platos con muchas especias, picantes, frituras... Esto es especialmente importante en verano, cuando el cuerpo más pide refrescarse. Con suerte, tu cuerpo "te pedirá" este tipo de alimentos más ligeros y refrescantes.

Come menos cantidad durante las comidas, pero más veces al día. No se trata de pasar hambre sino de repartir las comidas, tomar tentempiés saludables entre horas y platos igualmente sanos y equilibrados en las comidas principales. Tampoco se trata de comer por dos, pero las necesidades sí aumentan durante el embarazo, pero lo importante es más la calidad en la alimentación que no la cantidad.

Mastica bien los alimentos, mejor que pasen más deshechos para facilitar la digestión.

Evita las bebidas con gas.

Evita las prensas ceñidas a la cintura o estómago.

Después de comer, procura descansar con una postura cómoda: sentada con los pies en alto. 
También puedes dar un paseo suave para facilitar la digestión. La relajación ayuda a no tener una mala digestión.

No te acuestes inmediatamente después de la comida. Especialmente por la noche, intenta cenar de manera ligera un par de horas antes de la hora en que normalmente te vas a la cama. De este modo, la digestión se hace más sencilla y tampoco estamos tan "pendientes" de sus efectos como si estamos acostadas.

Estas recomendaciones, además, pueden ser seguidas por tu pareja y de este modo "acompañarte", porque se trata de consejos saludables para todos.

Finalmente, recuerda que por lo general la indigestión no es un problema de salud serio y no va a afectar al bebé, a no ser que esté acompañada de otros síntomas, como pérdida de peso o dificultad para tragar, que es cuando hay que acudir al médico. Si los problemas de digestión no impiden que la madre se alimente convenientemente, el bebé no notará nada.

Pero las molestias sí pueden afectar al bienestar de la futura mamá en buena medida, y si ves que la acidez no te permite llevar un ritmo normal, consulta al ginecólogo por si te puede recomendar algún antiácido apropiado.

Tal vez notes que tras las comidas o las cenas de los últimos días lo has pasado mal. Es el momento, entonces, de seguir estos consejos para prevenir las digestiones pesadas durante el embarazo si es que antes no lo hacías.

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2/4/15

¿Qué tiene mi hijo, un problema de sueño o un trastorno?


Puede que mi hijo tenga problemas para dormir, que se levante sonámbulo, que se despierte varias veces durante la noche… Pero, ni para todas las familias o niños determinadas actitudes durante el sueño suponen un inconveniente ni es fácil determinar cuándo existe un verdadero trastorno del sueño en un niño.

Según la Guía de Práctica Clínica sobre Trastornos del Sueño en la Infancia y Adolescencia en Atención Primaria, la prevalencia de los trastornos del sueño varía en función de la definición utilizada y del tipo de problema que se estudie. Pero la definición de los trastornos del sueño en la infancia es complicada.

Cierto es que a menudo existen problemas del sueño en lugar de verdaderos trastornos del sueño. Los problemas del sueño son patrones de sueño que son insatisfactorios para los padres, el niño o para el pediatra (porque por poseer más información, por ejemplo, detecte algo problemático que para los padres pasa desapercibido).

Estos problemas pueden estar relacionados con el bienestar del niño o de la familia; pero no todos los problemas del sueño son anormalidades ni todos precisan tratamiento. Un “inconveniente” puede ser solo para los padres y no para el niño y el mismo inconveniente puede ser problemático para unas familias y no para otras.

Por el contrario, el trastorno del sueño se define como una alteración real, no una variación, de una función fisiológica que controla el sueño y opera durante el mismo. Pero hemos de tener en cuenta también que las diferencias entre lo “normal” y lo “anormal” muchas veces son definidas según la edad y no según el patrón de sueño.

Los mismos síntomas pueden tener significados muy distinto según la edad del niño, por ejemplo que un bebé se despierte muchas veces por la noche es normal (y saludable) pero que lo haga un niño en edad escolar puede afectar negativamente a su salud.

Si nos centramos en niños menores de cinco años, se calcula que aproximadamente un 30% presentan problemas y/o alteraciones del sueño de diverso orden.

Una revisión de los diferentes estudios muestra que entre el 13% y el 27% de los padres de niños de cuatro a 12 años de edad, refieren la presencia de dificultades con el sueño que incluyen desde lo que hemos definido como “problemas” (algunos de los cuales personalmente me parecen de lo más normal y menos preocupante) a verdaderos trastornos.

Estos son: resistencia a acostarse, ansiedad en el momento de acostarse, inicio de sueño retrasado, colecho reactivo (cuando no es decisión de los padres sino que estos lo “aceptan” a partir del comportamiento del niño), ronquido, enuresis, despertares nocturnos, pesadillas, terrores del sueño, sonambulismo, despertar matinal precoz y somnolencia diurna excesiva.

Lo que sí se puede afirmar es que si un niño presenta determinados problemas del sueño de pequeños, estos suelen ser estables a lo largo de la infancia.

Según demuestran distintos estudios, un niño con dificultades del sueño a los ocho meses probablemente continuará mostrando dificultades a los tres años de edad y aquellos con problemas a los dos años, continuarán a los 12 años de edad (aunque no sabemos si se trata de los mismos problemas u oros relacionados con el sueño).

En un estudio reciente realizado en el contexto americano, se ve que entre un 6% y un 11% de los padres o cuidadores de niños de cero a diez años piensan que el niño tiene problemas de sueño.

No obstante, en otro estudio se reducen las cifras de incidencia de trastornos del sueño: una prevalencia global de un 3,7% según la clasificación internacional de enfermedades en niños de cero a 18 años. Es decir, que cuando nos centramos en los “verdaderos” trastornos reconocidos, vemos que muy pocos niños los padecen. Pero, ¿cuáles son estos trastornos?

Trastornos reconocidos
En la Clasificación Internacional de los Trastornos del Sueño se incluyen varios grupos de trastornos del sueño. Recordemos que se trata de trastornos en niños, no en bebés, pues especialmente los recién nacidos no tienen ningún patrón de sueño habitual en los adultos. 

¿Sufre tu hijo alguno de estos trastornos?
Insomnio, cuando el niño presenta dificultades para el inicio o el mantenimiento del sueño y que puede ser debido a distintos factores.

Trastornos del movimiento relacionados con el sueño, que incluyen los movimientos periódicos de extremidades y el síndrome de piernas inquietas.

Trastornos del ritmo circadiano, cuando la cantidad y calidad del sueño son normales, pero ocurren en un momento incorrecto de acuerdo con los horarios "habituales" (es poco frecuente en niños y más en adolescentes).

Trastornos respiratorios relacionados con el sueño, que incluyen el ronquido habitual, el síndrome de resistencia aumentada de la vía aérea superior, las hipopneas obstructivas, el síndrome de apnea-hipopnea obstructiva del sueño, la implicación nocturna del asma y otras alteraciones respiratorias crónicas.

Parasomnias infantiles (sonambulismo, terrores nocturnos, pesadillas).

Somnolencia diurna excesiva o hipersomnia.

Otros problemas a la hora del sueño pueden ser normales para la edad del niño, pero si te preocupa lo que le está pasando (si se repite durante varias noches) o piensas que afecta a la salud del niño, consulta al pediatra.

Tampoco es bueno para la familia que nos quedemos con la duda de si nuestro hijo sufre un trastorno del sueño o no, y en este tema hay muchos “mitos” populares y consejos que dan a veces sin pedirlos que pueden llevarnos a confusión y, lo peor, a que el niño lo pase peor.

Fuente: http://www.bebesymas.com
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